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Cuba Bajo Lupa

ULISES TOIRAC HABLA SIN FILTROS: “NO QUIERO ACOSTUMBRARME A QUE ME FALTE LA LUZ 20 HORAS AL DÍA”

Ulises Toirac volvió a utilizar el humor como puerta de entrada a asuntos mucho más incómodos. En una extensa conversación con el actor Jorgito Martínez para CubaMasTV, el popular humorista cubano habló de censura, autocensura, deterioro del país, emigración, miedo, enfermedad y de una libertad que, a su juicio, comienza mucho antes de cualquier frontera política: en la capacidad de pensar por cuenta propia.

Uno de los momentos más contundentes llegó cuando Toirac describió la realidad cotidiana que se niega a normalizar. “No quiero acostumbrarme a que me falte la luz 20 horas al día. No quiero acostumbrarme a la precariedad”, afirmó, antes de añadir que tampoco quiere resignarse a vivir en lo que calificó como “un país del sexto mundo”.

Ulises Toirac y una frase que resume su visión de Cuba

La declaración va más allá de una queja sobre los apagones. Toirac explicó que tampoco quiere acostumbrarse a tener que caminar para ahorrar dinero ni a convertir la supervivencia cotidiana en una nueva normalidad, porque aspira a “vivir en un país normal”.

Esa postura conecta con otra de las ideas centrales de la entrevista: la necesidad de conservar un criterio propio incluso cuando hacerlo puede traer consecuencias. “La libertad empieza en el cerebro y es la más difícil”, sostuvo el artista al defender la importancia de pensar independientemente y no asumir automáticamente las opiniones de otros.

Para Toirac, cuando una persona abandona esa capacidad y adopta ideas ajenas sin analizarlas termina “formando parte de la manada”. Su reflexión no se limita a uno de los extremos del debate cubano: cuestiona también la tendencia a convertir figuras o líderes en propietarios de una verdad absoluta, algo que considera un obstáculo para el futuro del país.

“En un ambiente de terror” aparece la autocensura

La conversación entró de lleno en un territorio particularmente delicado cuando Jorgito Martínez le preguntó por la censura y la autocensura experimentadas durante su trayectoria en la televisión cubana. Toirac fue explícito: “La autocensura existe” y aparece, explicó, cuando el creador teme que su obra no pueda salir adelante dentro de un “ambiente de terror”.

El humorista reconoció, sin embargo, que aquellas restricciones también lo obligaban a buscar fórmulas más ingeniosas para transmitir mensajes sin formularlos directamente. Gestos, dobles sentidos, silencios y construcciones humorísticas se convertían en herramientas para que el público entendiera aquello que no podía expresarse abiertamente.

Toirac recordó igualmente que hubo una época en la televisión cubana en la que estaba prohibido hablar de La Tremenda Corte, espacio que considera fundamental dentro de la historia del humor nacional. Según relató, generaciones enteras desconocieron aquel programa pese a su enorme trascendencia fuera de Cuba, y su proyecto Jura decir la verdad tuvo que atravesar negociaciones antes de llegar finalmente a pantalla.

El peligro de callarse

Otro de los pasajes más reveladores apareció cuando Martínez le preguntó si resulta más peligroso criticar a tiempo o permanecer en silencio. Para Toirac, callarse termina teniendo un costo personal y social: “Lo más peligroso que hay […] es callarte, porque te va a golpear al final”.

El humorista admitió que abordar cuestiones “medulares” puede significar “meterse en candela”, especialmente cuando se tocan asuntos considerados intocables. Aun así, defendió señalar los problemas en lugar de mirar hacia otro lado, una postura coherente con las críticas que durante los últimos años ha expresado públicamente sobre diferentes aspectos de la realidad cubana.

Una preocupación que va más allá de la política

La entrevista también mostró al hombre detrás del personaje. Toirac reveló que enfrenta una enfermedad ocular cuyo proceso, según explicó, puede detenerse mediante tratamiento pero no curarse, y reconoció que vive con el temor de quedar parcialmente ciego o, como él mismo lo definió, “laboralmente ciego”, al punto de no poder leer o escribir con normalidad.

Lejos de adoptar un tono derrotista, respondió con una filosofía que atraviesa buena parte de la conversación: “Venimos una sola vez”. Para él, cada minuto debe vivirse como si fuera el último y aprovecharse también para seguir aprendiendo, porque siempre existen maneras de continuar adelante incluso frente a golpes difíciles.

La emigración y “la ruptura familiar”

Cuando Martínez le preguntó por qué permanece en Cuba, Toirac llevó la conversación hacia otra de las heridas abiertas del país: la separación de las familias provocada por décadas de emigración. “Una de las cosas más tristes y dramáticas de la historia de este país es la ruptura familiar”, aseguró, comparando esa separación con perder a alguien que, en realidad, continúa vivo.

Habló de padres, hijos, hermanos y amigos que han pasado años sin verse, una realidad que considera entre las experiencias más dolorosas vividas por los cubanos. Su reflexión combina así dos ideas que atraviesan toda la entrevista: negarse a aceptar la precariedad como destino y, al mismo tiempo, defender la posibilidad de disentir sin convertir al otro en enemigo.

La conversación deja un Ulises Toirac muy distinto del personaje permanentemente dispuesto a provocar una carcajada. Sigue reivindicando el humor como “un arma superpotente”, pero también como una forma de observar, cuestionar y sobrevivir; detrás de sus personajes aparece un creador que habla abiertamente del miedo, de los límites impuestos a la expresión y de una Cuba a cuya precariedad insiste en no acostumbrarse.

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