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Cuba Bajo Lupa

PAGAR EN DIVISAS YA NO GARANTIZA LLEGAR A TIEMPO: VIAZUL SE HUNDE EN EL DETERIORO DEL TRANSPORTE CUBANO

Durante años, viajar en Viazul era caro para buena parte de los cubanos, pero al menos ofrecía una diferencia visible frente al resto del transporte estatal: ómnibus climatizados, rutas relativamente organizadas, horarios definidos y una sensación de mayor confiabilidad. En 2026, esa distancia parece haberse reducido de forma dramática. Los pasajeros siguen pagando en divisas, pero las averías, los retrasos, los vehículos de reemplazo y el deterioro general del servicio están convirtiendo cada trayecto en una apuesta.

La paradoja resulta difícil de ignorar. Viazul continúa operando como un servicio diseñado para captar moneda fuerte, con tarifas internacionales y pagos que quedan fuera del alcance de numerosos trabajadores dentro de Cuba, pero el producto que recibe el viajero se parece cada vez más al resto del sistema de transporte nacional: improvisación, largas esperas y vehículos sometidos a un desgaste constante.

PAGAR 29 DÓLARES Y TERMINAR VARADO EN LA CARRETERA

Uno de los testimonios recogidos recientemente por 14ymedio describe el viaje de un residente en Sancti Spíritus que utiliza Viazul con frecuencia para desplazarse hacia La Habana. El pasajero relató que el ómnibus se averió en Jagüey Grande durante el viaje de ida y volvió a sufrir otro desperfecto al regreso, esta vez a la salida de Mayabeque.

Cada tramo entre Sancti Spíritus y La Habana le costó 29 dólares. A pesar de las averías y de una espera superior a dos horas en uno de los trayectos, el viajero afirmó que no recibió reembolso por el tiempo perdido ni por el deterioro del servicio. El precio, por tanto, mantiene el carácter de un transporte pensado para generar divisas, mientras las garantías asociadas a esa tarifa parecen deteriorarse.

La tabla oficial de Viazul confirma que sus rutas continúan comercializándose en moneda extranjera. Los recorridos hacia destinos del oriente del país pueden alcanzar varias decenas de euros o dólares dependiendo de la distancia, con tarifas publicadas para ciudades como Santiago de Cuba, Guantánamo, Baracoa, Bayamo o Moa.

CUANDO SE ROMPE UN VIAZUL, COMIENZA OTRO VIAJE: ESPERAR EL REEMPLAZO

Las averías no constituyen solamente una molestia mecánica. Cuando un ómnibus queda fuera de servicio en plena carretera, comienza una segunda incertidumbre para los pasajeros: saber cuándo aparecerá otro vehículo capaz de continuar el recorrido.

Los testimonios publicados describen situaciones en las que autobuses Yutong han tenido que acudir a recoger viajeros varados, mientras pasajeros, equipajes y rutas se reorganizan sobre la marcha. En otros casos, el vehículo sustituto tarda horas en llegar, prolongando recorridos que ya de por sí pueden atravesar cientos de kilómetros por carreteras en malas condiciones.

El problema adquiere una dimensión mayor cuando el pasajero tiene una conexión aérea, una cita médica, un trámite oficial o cualquier compromiso que dependa de llegar a una hora determinada. Un retraso que para la empresa puede contabilizarse como una simple incidencia técnica puede convertirse para el cliente en la pérdida de cientos o incluso miles de dólares.

DOS TURISTAS HABRÍAN PERDIDO SU VUELO A MADRID

Uno de los casos más graves reportados recientemente corresponde a dos turistas italianos que viajaban en un Viazul hacia el Aeropuerto Internacional José Martí. Según 14ymedio, una avería provocó un retraso de aproximadamente dos horas y el vehículo de reemplazo tampoco llegó a tiempo. Como consecuencia, ambos pasajeros habrían perdido el vuelo que debían tomar hacia Madrid.

El episodio muestra el problema central del servicio actual: el usuario puede pagar una tarifa en moneda fuerte, pero eso ya no significa que pueda confiar plenamente en el cumplimiento del itinerario. Para turistas extranjeros, emigrados que visitan la Isla y cubanos que necesitan trasladarse entre provincias, esa incertidumbre resta buena parte del valor que tradicionalmente distinguía a Viazul.

El transporte interprovincial no debería funcionar como una ruleta cuando el cliente está pagando precisamente por previsibilidad. Si un servicio cobra en divisas, la expectativa lógica es que también ofrezca mantenimiento, capacidad de respuesta y protocolos eficientes ante una avería.

MERENDEROS CERRADOS Y PARADAS SIN NADA QUE OFRECER

El deterioro no termina dentro de los ómnibus. Las tradicionales paradas de carretera que durante años permitían a los pasajeros comer algo, utilizar servicios sanitarios o simplemente descansar también reflejan la crisis general del país.

En Aguada de Pasajeros, el conocido establecimiento El Conejito aparece citado como uno de los ejemplos más visibles. Un viajero describió mesas y sillas vacías frente a una cafetería cerrada y resumió la experiencia señalando que no había prácticamente ninguna oferta disponible.

La falta de combustible y de suministros ha golpeado no solamente el movimiento de los vehículos, sino toda la infraestructura que rodeaba las rutas interprovinciales. Viajar de La Habana a Sancti Spíritus, Camagüey, Holguín o Santiago ya no significa únicamente calcular cuántas horas durará el trayecto; también implica pensar si habrá dónde comprar alimentos, cuánto durará una parada o qué ocurrirá si el ómnibus presenta una avería en mitad del recorrido.

VIAZUL YA NO ES SOLO PARA TURISTAS

Viazul fue concebido principalmente como un servicio orientado al turismo internacional. Durante mucho tiempo, buena parte de sus pasajeros eran extranjeros que necesitaban desplazarse entre los principales destinos turísticos del país y podían pagar tarifas muy superiores a las del transporte nacional en pesos.

La realidad migratoria y económica de Cuba ha cambiado ese perfil. Hoy también utilizan Viazul numerosos cubanos residentes en el extranjero que visitan a sus familiares, ciudadanos dentro de la Isla cuyos boletos son pagados desde otros países y personas que recurren al servicio porque las alternativas interprovinciales son cada vez más escasas.

Eso significa que la empresa ha dejado de ser solamente una pieza de la infraestructura turística. Para muchas familias se ha convertido en una de las pocas opciones disponibles para viajar largas distancias con cierta planificación previa, precisamente en momentos en que el transporte ferroviario, los vuelos nacionales y los servicios regulares por carretera enfrentan fuertes limitaciones.

EL DÓLAR NO COMPRA CARRETERAS EN BUEN ESTADO

A las averías de los vehículos se suma el deterioro de las carreteras cubanas. Baches, falta de iluminación, escaso mantenimiento y tramos dañados incrementan el desgaste de los ómnibus y elevan el riesgo de desperfectos durante viajes largos.

Ese escenario crea un círculo difícil de romper. Los vehículos circulan por vías deterioradas, necesitan piezas y neumáticos que escasean, el combustible continúa siendo un recurso limitado y cada avería obliga a utilizar otros medios para rescatar a los pasajeros. Incluso una flota relativamente moderna termina envejeciendo aceleradamente cuando opera dentro de una infraestructura que lleva años acumulando problemas.

El régimen suele atribuir buena parte de la crisis económica y energética a las sanciones de Estados Unidos, mientras Washington sostiene que sus medidas buscan presionar al Gobierno cubano. Independientemente de esa disputa política, el deterioro del transporte es una realidad cotidiana para quienes viven o viajan por la Isla, y los pasajeros de Viazul lo están pagando literalmente en moneda fuerte.

UN SERVICIO EN DIVISAS DENTRO DE UNA ECONOMÍA EN PESOS

La situación de Viazul vuelve a poner sobre la mesa una de las contradicciones más profundas de la economía cubana. Buena parte de la población recibe sus ingresos en pesos cubanos, pero numerosos bienes y servicios fundamentales se comercializan directa o indirectamente en monedas extranjeras.

Para un trabajador que no recibe remesas ni tiene acceso regular a divisas, un boleto de 29, 50 o 60 dólares representa una suma enorme. Cuando alguien consigue realizar ese pago, espera una prestación proporcionalmente superior al transporte ordinario, no terminar sentado varias horas al borde de una carretera esperando que llegue otra guagua.

La dolarización parcial de servicios estatales no ha garantizado necesariamente una mejora proporcional de su calidad. Viazul es una muestra especialmente visible porque el contraste ocurre delante del pasajero: tarifa en moneda fuerte por un servicio cuya infraestructura arrastra las mismas carencias que el resto del país.

DE SERVICIO CONFIABLE A VIAJE IMPREDECIBLE

El verdadero problema para Viazul no es que un ómnibus pueda romperse. Cualquier empresa de transporte del mundo puede sufrir una avería puntual. El problema aparece cuando los desperfectos, retrasos y sustituciones dejan de ser excepcionales y comienzan a formar parte de la expectativa habitual del pasajero.

14ymedio recoge precisamente esa percepción entre usuarios frecuentes, algunos de los cuales describen como cada vez menos extraño que un viaje tenga algún tipo de fallo. La portada del medio mantiene además el tema entre sus historias más leídas, señal de que la experiencia ha conectado con una preocupación extendida entre quienes utilizan el transporte interprovincial.

Viazul construyó durante años una reputación precisamente porque funcionaba mejor que muchas otras opciones estatales. Perder esa diferencia significa algo más que ofrecer un servicio peor: significa que Cuba está viendo deteriorarse incluso aquellas estructuras que durante años lograron mantenerse relativamente protegidas gracias a su vinculación con el turismo y la captación de divisas.

LA CRISIS DEL TRANSPORTE YA NO DISTINGUE ENTRE PESOS Y DÓLARES

El caso Viazul resume una realidad mucho más amplia. La crisis del transporte cubano ha alcanzado un punto en el que pagar más ya no garantiza necesariamente viajar mejor, y utilizar divisas tampoco consigue aislar al pasajero de las consecuencias del deterioro nacional.

Los ómnibus pueden seguir llevando el mismo nombre, los pasajes pueden seguir cotizándose en dólares y las rutas pueden continuar apareciendo en un sitio web con horarios establecidos. Sin embargo, si una avería deja a los viajeros durante horas en la carretera, si un reemplazo llega tarde y si las paradas tradicionales están cerradas, la diferencia entre el transporte destinado a captar moneda fuerte y el resto del sistema empieza a desaparecer.

Ese es probablemente el dato más preocupante detrás de Viazul en 2026: el deterioro del transporte cubano ya ha conseguido algo que parecía difícil hace años. También alcanzó al servicio que cobraba en dólares para mantenerse por encima de la crisis.

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