VENTA DE GAS EN DÓLARES EN CUBA DESATA NUEVAS QUEJAS: BALITAS LLEGAN A 89 DÓLARES MIENTRAS PERSISTE LA ESCASEZ
La venta de gas en dólares en Cuba vuelve a generar cuestionamientos entre consumidores ante la proliferación de ofertas privadas y desde el exterior en medio de la escasez del combustible doméstico y los prolongados apagones. Una denuncia publicada en Facebook por la psicóloga y profesora universitaria Roxanne Castellanos Cabrera cuestionó la falta de información pública sobre precios, seguridad y entidades autorizadas para comercializar cilindros de gas licuado.
El reclamo parte de una preocupación concreta: mientras una parte importante de los hogares cubanos depende del gas licuado o de alternativas como carbón y leña para cocinar, las nuevas ofertas en divisas presentan precios y condiciones muy diferentes. Castellanos cuestionó además que CUPET no haya explicado públicamente cómo se supervisan estas operaciones ni qué mecanismos existen para fiscalizar la seguridad y los precios.
DE LOS 29 DÓLARES A OFERTAS QUE ROZAN LOS 90
La comercialización de cilindros mediante plataformas que reciben pagos desde el exterior no es nueva. En mayo, Supermarket23 comenzó a ofrecer balitas de gas licuado de 10 kilogramos por 29 dólares, bajo la condición de que el destinatario entregara un cilindro vacío del mismo tamaño y en buenas condiciones.
La situación actual es distinta porque han aparecido ofertas que incluyen el cilindro nuevo, además del gas. Cubamax Shop ha publicado balitas nuevas y llenas de aproximadamente 7 kilogramos —unas 15 libras— por 89 dólares, sin exigir que el comprador entregue un recipiente vacío. La oferta no incluye regulador ni mangueras, según la información disponible.
Ese detalle es importante porque no se trata exactamente del mismo producto que la balita de 10 kilogramos anunciada anteriormente por Supermarket23. Por tanto, comparar únicamente los 29 y los 89 dólares sin explicar que una modalidad era recarga con intercambio de cilindro y la otra incluye un envase nuevo podría inducir a error.
ROXANNE CASTELLANOS CUESTIONA LA FALTA DE INFORMACIÓN
En su publicación, Roxanne Castellanos Cabrera sostuvo que la población desconoce quiénes están debidamente autorizados para prestar estos servicios y qué controles existen sobre la calidad y seguridad de los cilindros. La profesora también reclamó mayor transparencia institucional sobre los precios y pidió explicaciones a CUPET y a otras autoridades cubanas.
La denuncia no demuestra por sí sola que exista una irregularidad en las operaciones de Cubamax, Supermarket23 u otros vendedores. Sí plantea una cuestión legítima de interés público: en un producto que requiere condiciones técnicas de manipulación, transporte, válvulas y almacenamiento, conocer quién garantiza la seguridad y bajo qué normas opera cada proveedor resulta especialmente relevante.
CUPET ha divulgado recomendaciones de seguridad sobre el manejo de cilindros de gas, entre ellas revisar la válvula y el estado del recipiente y mantenerlo en posición vertical durante su transporte. Sin embargo, en las fuentes consultadas para esta nota no encontramos un pronunciamiento oficial específico de la empresa que responda a las preguntas planteadas por Castellanos sobre el conjunto de ofertas privadas actualmente disponibles.
UNA NECESIDAD BÁSICA QUE DEPENDE CADA VEZ MÁS DEL DÓLAR
La expansión de la venta de gas en dólares en Cuba ocurre en un escenario donde el suministro estatal ha presentado fuertes dificultades y los apagones limitan también la posibilidad de cocinar con electricidad. Esa combinación ha creado un mercado donde las familias con acceso a divisas, o con parientes en el extranjero, tienen más alternativas que aquellas que dependen únicamente de ingresos en pesos cubanos.
En las últimas semanas se han documentado ofertas de balitas y servicios asociados que oscilan desde alrededor de 29 dólares hasta cerca de 90 dólares o más, dependiendo de si se trata solamente de la carga, del intercambio del cilindro o de la compra de un recipiente nuevo. También han surgido otras ofertas privadas con precios todavía superiores, lo que demuestra que no existe una tarifa única para este mercado.
El problema de fondo no es únicamente cuánto cuesta una balita. También es quién puede pagarla, qué exactamente está comprando, quién responde por su seguridad y qué controles públicos existen sobre un mercado que está creciendo precisamente porque el sistema regular no logra cubrir de forma estable una necesidad básica.
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