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Cuba Bajo Lupa

MARCO RUBIO CULPA AL RÉGIMEN CUBANO DE LA CRISIS ENERGÉTICA: “SU MODELO ECONÓMICO NO FUNCIONA”

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, responsabilizó al Gobierno cubano por buena parte de la crisis energética en Cuba y sostuvo que el deterioro que enfrenta la isla no puede explicarse únicamente por la pérdida del suministro petrolero venezolano. Durante declaraciones realizadas el martes 8 de septiembre en Barranquilla, Colombia, el jefe de la diplomacia estadounidense apuntó también a años de falta de inversión en las plantas eléctricas y cuestionó directamente el modelo económico vigente en el país.

Rubio respondió a una pregunta sobre las advertencias relacionadas con el impacto humanitario de la escasez de petróleo y electricidad. Su argumento central fue que Cuba dejó de recibir las cantidades de crudo venezolano que anteriormente obtenía en condiciones extremadamente favorables y que, según su versión, La Habana utilizaba solo una parte para sus necesidades internas mientras revendía el resto para obtener divisas.

Rubio apunta a dos causas de la crisis energética en Cuba

“La principal razón” de la actual escasez de energía, según Rubio, es que Venezuela dejó de proporcionar petróleo gratuitamente a Cuba. Durante su intervención aseguró que aproximadamente el 30% del crudo recibido era utilizado por la isla y que el resto era comercializado para generar ingresos, una afirmación que forma parte de la versión defendida por Washington y que el Gobierno cubano rechaza.

Sin embargo, el secretario de Estado insistió en que la crisis energética en Cuba había comenzado mucho antes de la interrupción de esos suministros. Rubio ya había declarado ante el Senado estadounidense en junio que los apagones se arrastraban desde años anteriores y atribuyó buena parte del problema a la falta de reinversión en las centrales eléctricas, señalando que los recursos fueron dirigidos a otras prioridades, entre ellas la construcción de hoteles.

“El modelo económico no funciona”

Rubio llevó su crítica más allá de la infraestructura eléctrica y vinculó la emergencia humanitaria con la estructura política y económica de la isla. Según el secretario de Estado, las restricciones al sector privado y a las decisiones económicas individuales han contribuido a profundizar las dificultades que enfrenta la población cubana.

La posición de Washington contrasta con la explicación sostenida desde La Habana, que atribuye una parte fundamental de la crisis a las sanciones estadounidenses y, más recientemente, a las restricciones sobre el suministro de petróleo. El canciller Bruno Rodríguez afirmó el 7 de septiembre que las medidas de Estados Unidos han provocado enormes daños económicos y calificó la política de Washington como un “bloqueo genocida”, una caracterización que el Gobierno estadounidense rechaza.

La ayuda estadounidense de 100 millones de dólares

Rubio también recordó la iniciativa estadounidense de 100 millones de dólares en ayuda humanitaria para Cuba. El Departamento de Estado anunció públicamente en mayo que esos fondos serían destinados directamente a la población mediante la Iglesia Católica y organizaciones humanitarias independientes, con el propósito declarado de impedir que la distribución quedara bajo control del Gobierno cubano.

La situación evolucionó posteriormente. El 21 de julio Estados Unidos envió desde Miami el primer vuelo correspondiente al programa, con alimentos y kits de higiene destinados inicialmente a unas 700 familias y distribuidos a través de Catholic Relief Services, la Iglesia Católica y Cáritas Cuba. Ese hecho resulta importante porque modifica la discusión inicial de mayo, cuando Bruno Rodríguez había calificado el ofrecimiento estadounidense de 100 millones de dólares como una “fábula”.

Washington y La Habana mantienen versiones opuestas

El enfrentamiento entre Rubio y Rodríguez refleja una disputa más amplia sobre quién debe asumir la responsabilidad por la emergencia que atraviesa Cuba. Washington sostiene que las sanciones no explican por sí solas décadas de deterioro de la infraestructura, baja productividad y ausencia de inversiones suficientes, mientras La Habana considera que la presión económica estadounidense restringe severamente su capacidad para adquirir combustible, equipos y financiamiento.

Lo que resulta difícil de discutir es que el deterioro energético antecede a los acontecimientos de 2026. Los apagones, averías en centrales termoeléctricas y déficits de generación venían afectando a los cubanos desde años anteriores, por lo que la pérdida del petróleo venezolano agravó una estructura eléctrica que ya funcionaba bajo fuertes tensiones. La disputa política continúa, pero para millones de cubanos la consecuencia inmediata sigue siendo la misma: menos electricidad, mayores dificultades económicas y una vida cotidiana marcada por una crisis que no encuentra solución estable.

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