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Cuba Bajo Lupa

EL NECIO TIENE QUE CARGAR AGUA PARA SU CASA EN LA HABANA: CULPA A TRUMP Y AL EMBARGO SIN NOMBRAR A LOS VERDADEROS CULPABLES

La falta de agua en La Habana volvió a quedar expuesta este martes en una publicación de El Necio, un comunicador cubano cercano al discurso oficial, quien mostró cómo debía cargar alrededor de 30 litros de agua durante varias cuadras para abastecer su vivienda. En su explicación, responsabilizó principalmente al llamado “bloqueo petrolero de Trump” y vinculó la escasez con las restricciones energéticas que afectan a Cuba.

La escena, sin embargo, muestra una realidad más compleja. Las propias autoridades cubanas han reconocido que la crisis hídrica de La Habana no depende de una sola causa: los apagones paralizan estaciones de bombeo, pero también existen averías recurrentes, equipos fuera de servicio, baja presión, conductoras deterioradas y una infraestructura hidráulica castigada por años de falta de mantenimiento e inversión.

EL NECIO MUESTRA LA FALTA DE AGUA EN LA HABANA Y APUNTA A WASHINGTON

En su publicación, El Necio presentó el episodio como parte de una serie sobre su vida cotidiana “bajo el bloqueo de Trump”. Según escribió, conseguir algo tan básico como agua se ha convertido en una tarea extremadamente difícil y atribuyó esa situación a las políticas de Washington hacia Cuba.

El enfoque coincide con el discurso oficial del Gobierno cubano, que en los últimos meses ha responsabilizado a las restricciones estadounidenses sobre combustible y financiamiento de agravar los apagones y, como consecuencia, el funcionamiento de los sistemas de bombeo.

Ese vínculo existe y ha sido reconocido también por agencias internacionales. EFE ha reportado que la actual crisis energética cubana combina factores internos y externos, entre ellos la escasa capacidad de generación del país y las restricciones estadounidenses que dificultan la entrada de crudo y derivados.

LA CRISIS DEL AGUA NO SE EXPLICA SOLO POR EL COMBUSTIBLE

Presentar el problema exclusivamente como resultado de las medidas estadounidenses deja fuera una parte importante del cuadro. A finales de agosto, Miguel Díaz-Canel reconoció públicamente que el suministro de agua en La Habana se encontraba en una situación crítica y visitó la fuente de abasto de Paso Seco para revisar las medidas adoptadas.

El mismo reporte señaló que las averías y los prolongados apagones han agravado un problema que ya venía acumulándose por el deterioro de la infraestructura hidráulica, la falta de inversiones y el déficit de mantenimiento.

Aguas de La Habana también ha informado repetidamente sobre fallas concretas que no se reducen al combustible. El 3 de septiembre reportó déficit de producción, baja presión en varios municipios, equipos fuera de servicio, interrupciones por falta de electricidad y una avería en el campo de pozos de Cosculluela que obligó a detener temporalmente parte del sistema Oeste.

CUANDO LA VIDA COTIDIANA SE CONVIERTE EN CARGAR AGUA

La imagen de una persona transportando decenas de litros por las calles resulta significativa porque resume una dificultad que atraviesa a numerosos hogares cubanos. Cuando el bombeo falla, las familias recurren a cubos, tanques, recipientes improvisados o puntos alternativos de abastecimiento para garantizar lo indispensable para beber, cocinar y asearse.

En La Habana, las interrupciones eléctricas han llegado a extenderse durante muchas horas, afectando directamente los sistemas hidráulicos que dependen de energía para operar. Pero incluso cuando regresa la electricidad, las roturas de equipos, los bajos niveles de almacenamiento y las conductoras averiadas pueden impedir una recuperación inmediata del servicio.

El problema, por tanto, no admite una explicación simple. Las restricciones estadounidenses tienen un impacto real sobre el suministro energético de Cuba, pero la infraestructura envejecida y la gestión acumulada del sistema también forman parte de las causas reconocidas públicamente.

UNA AUSENCIA EN EL RELATO: LA RESPONSABILIDAD INTERNA

Lo llamativo de la publicación de El Necio no es que mencione las sanciones estadounidenses, sino que su explicación no incorpora de manera equivalente los problemas internos documentados por las propias empresas estatales cubanas.

Ese contraste es periodísticamente relevante. Mientras muestra en primera persona una situación de precariedad, su relato dirige la responsabilidad casi exclusivamente hacia Washington, pese a que Aguas de La Habana y otras autoridades reconocen simultáneamente averías, déficit de producción, fallos eléctricos y dificultades estructurales dentro del sistema nacional.

La grabación termina así exponiendo involuntariamente una contradicción: mientras el mensaje intenta explicar la crisis desde el conflicto con Estados Unidos, las imágenes documentan una realidad cotidiana que también pone bajo escrutinio la capacidad del Estado cubano para garantizar uno de los servicios más básicos.

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