EL GENERAL DE LAS SOMBRAS: QUIÉN FUE ALCIBÍADES PÉREZ RIVERO Y POR QUÉ SU CARRERA SIGUE RODEADA DE SECRETOS
El general de brigada Alcibíades Wilmer Pérez Rivero pasó buena parte de su carrera lejos de los reflectores, pero terminó ocupando uno de los puestos más sensibles de las Fuerzas Armadas Revolucionarias: la jefatura de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM). Su trayectoria estuvo ligada desde temprano a la radioelectrónica, el análisis de inteligencia y estructuras militares con acceso a información altamente reservada.
Su muerte, confirmada oficialmente en julio de 2026, volvió a colocar su nombre en circulación. El MINFAR informó el fallecimiento, pero no explicó públicamente la causa, no divulgó su edad y ofreció muy pocos detalles sobre las circunstancias del deceso, un nivel de hermetismo que terminó reforzando el aura de discreción que acompañó prácticamente toda su carrera.
DE INGENIERO RADIOELECTRÓNICO A JEFE DE INTELIGENCIA
Pérez Rivero ingresó a las FAR en 1979 como cadete del Instituto Técnico Militar José Martí y se graduó como ingeniero radioelectrónico, según la información oficial reproducida tras su fallecimiento. A partir de ahí ocupó responsabilidades vinculadas a exploración radioelectrónica, inteligencia, análisis e información, además de cargos dentro del Ejército Occidental.
Ese recorrido resulta especialmente significativo porque la radioelectrónica ocupa un lugar central dentro de cualquier aparato moderno de inteligencia militar. La capacidad de detectar, clasificar y analizar señales, comunicaciones y emisiones constituye una fuente privilegiada para conocer movimientos, capacidades y rutinas de fuerzas militares extranjeras.
Con el tiempo, Pérez Rivero ascendió hasta dirigir la Dirección de Inteligencia Militar de las FAR, una de las estructuras más cerradas del aparato militar cubano. Ese cargo lo situó en una posición desde la cual podía acceder a inteligencia estratégica, evaluaciones militares y reportes sensibles destinados a la alta dirección del país.
LA CONTROVERSIA SOBRE LA VIGILANCIA DE LA PROPIA CÚPULA
Uno de los aspectos más delicados alrededor de su trayectoria aparece en informaciones publicadas por Diario de Cuba, que señaló que entre las funciones atribuidas a la estructura que encabezó estaba el seguimiento o espionaje de altos cargos del propio sistema. Esa afirmación no aparece explicada en detalle por fuentes oficiales cubanas, por lo que debe tratarse como una caracterización atribuida al medio y no como una función reconocida públicamente por el MINFAR.
El dato, sin embargo, resulta relevante porque apunta a una característica habitual de sistemas de inteligencia fuertemente compartimentados: no solo se observa al adversario exterior, también se controla internamente la seguridad de la información, la lealtad y los riesgos dentro de las propias estructuras de poder. En el caso cubano, la falta de transparencia hace muy difícil conocer dónde termina la inteligencia militar y dónde comienza la vigilancia interna sobre funcionarios o mandos.
UN HOMBRE DE BAJO PERFIL Y ALTA CONFIANZA
Pérez Rivero tuvo una presencia pública muy limitada, algo coherente con su trayectoria dentro de áreas sensibles. Fuera de actos militares específicos, su nombre rara vez aparecía en la prensa, aunque sí participó en ceremonias oficiales donde se le identificaba como jefe de dirección del MINFAR.
Ese contraste es llamativo: cuanto mayor parecía ser su peso dentro de la estructura de inteligencia, menor era su exposición pública. Para un oficial que llegó a dirigir la DIM, la discreción no era una anomalía, sino probablemente parte del perfil requerido para una posición que depende de la compartimentación y el secreto.
LA CONEXIÓN RUSA
Otro elemento que merece atención es su reiterada presencia en ceremonias vinculadas a Rusia y a la memoria militar soviética. En 2015, Granma lo identificó como general de brigada y jefe de dirección del MINFAR durante un acto por el aniversario del Ejército Rojo, y volvió a aparecer en una ceremonia similar en 2018.
Esto no demuestra por sí solo que ejerciera funciones secretas específicas con Moscú. Sí confirma, no obstante, que ocupaba una posición suficientemente relevante como para representar públicamente al aparato militar cubano en actos de alto contenido histórico y político relacionados con Rusia.
La conexión resulta aún más interesante por su formación radioelectrónica y su paso por estructuras de inteligencia. Durante décadas, buena parte de la doctrina y tecnología militar cubanas estuvo influida por la escuela soviética, de modo que un oficial especializado en radioelectrónica y posteriormente elevado a la jefatura de la DIM encajaba plenamente en esa tradición.
EL HERMETISMO DE SU MUERTE
Cuando el MINFAR informó su fallecimiento en julio de 2026, la nota oficial confirmó su extensa carrera militar y anunció honores en el Panteón de las FAR. Sin embargo, no divulgó la causa de la muerte, su edad ni una reconstrucción detallada de sus últimos años de servicio.
Ese silencio no demuestra por sí mismo que existiera una circunstancia irregular. Pero sí resulta significativo porque refuerza un patrón de opacidad alrededor de oficiales vinculados a estructuras de inteligencia y seguridad, donde incluso datos biográficos básicos pueden permanecer fuera del conocimiento público.
LO QUE TODAVÍA NO SABEMOS
No existe información pública suficiente para establecer qué operaciones dirigió personalmente Pérez Rivero, qué grado de control ejerció sobre estructuras de exploración radioelectrónica o qué vínculos operativos mantuvo con servicios de inteligencia extranjeros. Tampoco se conoce públicamente cuándo dejó de ser jefe de la DIM ni qué responsabilidades concretas asumió después.
Ese vacío convierte su trayectoria en un caso representativo de cómo funciona la élite militar cubana. Algunos de sus miembros pueden acumular décadas de poder, información y acceso a secretos de Estado mientras permanecen prácticamente desconocidos para la población.
Alcibíades Wilmer Pérez Rivero no fue una figura mediática. Fue precisamente lo contrario: un general formado para trabajar en áreas donde la visibilidad puede ser una debilidad, pero donde la información es poder.
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