DURMIENDO CON EL ENEMIGO: EL HOMBRE DE LA INTELIGENCIA CUBANA QUE SE INFILTRÓ DURANTE DÉCADAS EN EL EXILIO DE MIAMI
Durante años, Fernando Armando Valdés Pérez se movió entre figuras del exilio cubano, visitó a Luis Posada Carriles cuando estaba preso en Panamá, lo escondió durante más de un año en Guatemala y terminó convirtiéndose en su acompañante, cuidador y hombre de confianza en Miami. Pero el 3 de septiembre de 2026, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) hizo pública una conclusión mucho más inquietante: sus investigadores determinaron que Valdés era un activo de la inteligencia cubana encargado desde mediados de los años 90 de infiltrarse y reportar sobre comunidades de exiliados y disidentes cubanos en América Latina y Estados Unidos.
El caso ha adquirido todavía más dimensión en las últimas 24 horas. Una investigación de Nora Gámez Torres publicada por el Miami Herald y nuevos testimonios de personas cercanas a Posada revelan que algunos exiliados sospechaban de Valdés desde hacía aproximadamente dos décadas e incluso aseguran haber advertido al FBI alrededor de 2006. A pesar de aquellas sospechas, el cubano-guatemalteco consiguió permanecer extraordinariamente cerca de uno de los hombres que durante décadas estuvo entre los principales objetivos de los servicios de inteligencia de La Habana.
QUIÉN ES FERNANDO ARMANDO VALDÉS PÉREZ
Valdés Pérez tiene 61 años, posee ciudadanía cubana y guatemalteca y residía en Kendall, en Miami-Dade. Según ICE, obtuvo la residencia permanente legal en Estados Unidos después de ocultar deliberadamente su verdadera relación con el Gobierno cubano y sus actividades como activo de inteligencia.
Su vida pública en Estados Unidos no tenía la apariencia de una operación clandestina. Registros revisados por medios estadounidenses lo vinculaban con una vivienda comprada en el suroeste de Miami en 2016 y con Sr. Valdes Cigars, una compañía de puros registrada en Florida en 2018 en la misma dirección. En Guatemala también aparece como representante de Havana Sabor Cubano S.A., dedicada a la distribución mayorista de alimentos, bebidas y tabaco desde al menos 2008.
Precisamente esa aparente normalidad es uno de los elementos que más llama la atención del caso. Mientras mantenía negocios, propiedades y relaciones sociales, las autoridades estadounidenses sostienen ahora que llevaba desde mediados de los años 90 realizando tareas de infiltración e inteligencia para La Habana.
LA MISIÓN: INFILTRARSE EN EL EXILIO CUBANO
El comunicado oficial de ICE utiliza un lenguaje particularmente directo. Los investigadores federales determinaron que Valdés era un “Cuban intelligence asset” cuya misión consistía en penetrar y reportar sobre comunidades de exiliados y disidentes cubanos tanto en Latinoamérica como dentro de Estados Unidos.
La agencia no ha revelado qué informes entregó, quién era su oficial de contacto, qué estructura de la inteligencia cubana lo dirigía ni cuáles personas fueron específicamente objeto de sus reportes. Tampoco se conoce públicamente si Valdés utilizó comunicaciones clandestinas, recibió pagos de La Habana o si existen otros colaboradores relacionados con su operación.
Ese vacío deja abierta una de las principales interrogantes del caso: ¿qué información consiguió obtener durante casi tres décadas de acceso a círculos sensibles del exilio?
POSADA CARRILES: EL OBJETIVO MÁS IMPORTANTE
El mayor éxito atribuido a Valdés parece haber sido su relación con Luis Posada Carriles. El militante anticastrista, veterano de Bahía de Cochinos y antiguo colaborador de la CIA, fue durante décadas una de las figuras más controvertidas del exilio y uno de los principales enemigos declarados del Gobierno cubano.
Cuba y Venezuela lo responsabilizaron del atentado contra el vuelo 455 de Cubana de Aviación en 1976, en el que murieron 73 personas, y La Habana también lo acusó de otros actos violentos. Posada negó su responsabilidad en el atentado aéreo y nunca fue condenado por terrorismo en Estados Unidos, una distinción importante al reconstruir históricamente su trayectoria.
Precisamente por ese historial, Posada era un objetivo de enorme interés para los servicios de inteligencia cubanos. Y Valdés logró llegar mucho más lejos que simplemente asistir a reuniones donde él estuviera presente.
EL HOMBRE QUE APARECIÓ EN LA CÁRCEL DE PANAMÁ
Los testimonios más recientes sitúan uno de los primeros acercamientos importantes alrededor del año 2000. Posada Carriles, Gaspar Jiménez, Pedro Remón y Guillermo Novo estaban presos en Panamá después de ser acusados de participar en un plan para atentar contra Fidel Castro durante una cumbre iberoamericana.
Valdés comenzó a aparecer repetidamente en la prisión para visitar a los detenidos. Según Ernesto Abreu y Orlando González, hombres cercanos a Posada, resultaba extraño que una persona sin una relación previa claramente conocida estuviera constantemente allí, comprara alimentos y asumiera determinados gastos de los prisioneros.
Las sospechas crecieron porque Valdés parecía conseguir accesos y contactos con una facilidad inusual. Pero mientras algunos miembros del grupo empezaban a desconfiar, Posada continuó acercándose a él.
LA SUPUESTA FUGA QUE ENCENDIÓ LAS ALARMAS
La investigación publicada este fin de semana añade un episodio particularmente llamativo. Abreu y González aseguran que Valdés llegó a proponerle a Posada escapar de la prisión panameña y afirmó haber cortado una cerca del perímetro para facilitar la fuga.
Según esos testimonios, incluso habría dicho que podía proporcionar un arma. No existe evidencia pública independiente que permita demostrar que el plan fuera real, que hubiera sido autorizado por la inteligencia cubana o que realmente existiera una cerca preparada para la evasión, por lo que este episodio debe permanecer atribuido exclusivamente a quienes lo relatan.
Sin embargo, visto a la luz de la identificación posterior de Valdés por parte de ICE, esas historias han adquirido una nueva lectura entre quienes ya desconfiaban de él.
POSADA TERMINÓ ESCONDIDO EN CASA DEL HOMBRE QUE EE.UU. IDENTIFICA COMO AGENTE
Después de que la presidenta panameña Mireya Moscoso indultara a Posada y otros detenidos en agosto de 2004, Posada salió de Panamá y pasó por Honduras. Según los nuevos testimonios, informaciones sobre amenazas contra su vida llevaron al grupo a buscar un refugio diferente.
El lugar elegido fue Guatemala, y quien lo alojó durante más de un año fue Fernando Valdés.
La ironía histórica es extraordinaria. El hombre que Estados Unidos identifica ahora como activo de la inteligencia cubana mantuvo escondido durante meses en su propia vivienda a uno de los enemigos más perseguidos por La Habana.
Y existe un detalle aún más sorprendente: según el Miami Herald, aquella casa estaba situada aproximadamente a 200 yardas, unos 183 metros, del consulado cubano en Ciudad de Guatemala. Ernesto Abreu describió después la escena con una frase muy gráfica: Posada había estado, literalmente, “durmiendo con el enemigo”.
DESAYUNO, BLOODY MARY Y WHISKY: ASÍ GANÓ SU CONFIANZA
La relación entre los dos fue mucho más íntima de lo que inicialmente se conocía. Abreu recuerda que Valdés atendía personalmente a Posada: le preparaba el desayuno, se ocupaba de sus necesidades diarias y mantenía una rutina de cuidados que contribuyó a generar una enorme dependencia y confianza.
Santiago Álvarez, empresario de Miami y benefactor de Posada, describió a Valdés como alguien carismático, atrevido y siempre dispuesto a resolver cualquier problema. Su capacidad para hacerse indispensable llegó a tal punto que Álvarez lo recordó como una persona que parecía, en sus propias palabras, “demasiado perfecta”.
POSADA SE NEGÓ A VIAJAR SIN ÉL
Cuando llegó el momento de trasladar clandestinamente a Posada desde Guatemala hacia México para posteriormente continuar hacia Estados Unidos, las sospechas dentro del grupo ya eran importantes. Santiago Álvarez organizaba la operación utilizando su embarcación Santrina y había dado instrucciones para que Valdés no acompañara a Posada.
Posada se negó.
Según Álvarez, dejó claro que si Valdés no viajaba, él tampoco saldría de Guatemala. Finalmente, Valdés terminó acompañándolo, una demostración extraordinaria del nivel de confianza que había conseguido construir.
DE HOMBRE DE CONFIANZA A CUIDADOR PERSONAL EN MIAMI
La relación continuó en Estados Unidos. Durante los últimos años de Posada, Valdés se convirtió prácticamente en su cuidador: lo acompañaba a consultas médicas, administraba sus medicamentos, lo llevaba a actividades y funcionaba como intermediario para quienes querían verlo.
Orlando González llegó a describirlo como una especie de “hijo devoto”. En la práctica, según su testimonio, para llegar hasta Posada había que pasar muchas veces por Fernando Valdés.
También organizó la última celebración de cumpleaños de Posada antes de su muerte en mayo de 2018. Fotografías de aquella etapa muestran hasta qué punto se había convertido en una presencia habitual a su lado.
LOS HOMBRES QUE DESCONFIARON DE ÉL DURANTE 20 AÑOS
La revelación más reciente, publicada este 6 de septiembre, es que las sospechas no surgieron después de que ICE anunciara el caso. Orlando González y Ernesto Abreu aseguran que desconfiaban de Valdés desde hacía aproximadamente veinte años.
González recuerda haber viajado a Guatemala alrededor de 2005 o 2006 y haberse alojado en casa de Valdés. Allí descubrió la cercanía de la vivienda con el consulado cubano y observó comportamientos que consideró sospechosos, incluida una salida nocturna que Valdés explicó de manera que no lo convenció.
Cuando González le preguntó por qué vivía tan cerca de la representación cubana, dice que Valdés le respondió que “al enemigo hay que tenerlo cerca”. Ese relato procede del propio González y no existe verificación independiente de la conversación, pero forma parte de la reconstrucción ahora publicada sobre los años en que algunos miembros del exilio intentaban comprender quién era realmente aquel hombre.
LA ADVERTENCIA AL FBI QUE HABRÍA QUEDADO SIN CONSECUENCIAS
González afirma que al regresar de uno de sus viajes fue interrogado durante aproximadamente cuatro horas por el FBI en el aeropuerto de Miami. Según su versión, los agentes querían saber con qué funcionarios del Gobierno cubano había mantenido contacto durante el viaje.
Él respondió que la única persona que le generaba dudas era Valdés y comunicó sus sospechas de que podía trabajar para el aparato cubano. El exiliado sostiene que esto ocurrió aproximadamente en 2006, es decir, unos veinte años antes de que ICE hiciera pública la identificación de Valdés como activo de inteligencia.
No se conoce públicamente qué hizo el FBI con aquella información ni si Valdés estuvo bajo vigilancia durante todos esos años. Tampoco hay documentación divulgada que permita afirmar que aquella advertencia haya originado la investigación que finalmente condujo a su detención.
LAS EXTRAÑAS OFERTAS DE ARMAS
Existen otros episodios descritos por González que aumentaron sus sospechas. En uno de ellos, asegura que Valdés lo llevó en bote por el Río Dulce hasta Puerto Barrios, Guatemala, donde unos militares lo esperaban y le ofrecieron introducir armas clandestinamente en Cuba.
En otro relato, González afirma que fue llevado sin previo aviso a una reunión en El Salvador con individuos que se presentaron como militares y ofrecieron armamento para actividades anticastristas. Él interpretó aquellas situaciones como posibles provocaciones o trampas, pero no existe evidencia pública que permita atribuir esos encuentros directamente a una operación dirigida por Valdés o por la inteligencia cubana.
Son testimonios importantes porque permiten comprender por qué determinadas personas desconfiaban de él, pero no deben confundirse con conclusiones judicialmente establecidas.
DINERO, CONGRESISTAS Y RELACIONES POLÍTICAS
Otro aspecto que ahora sale a la luz es la facilidad con que Valdés se movía en ambientes políticos estadounidenses. González asegura que realizaba aportes de campaña a diferentes congresistas y que podía movilizar a otras personas para hacer contribuciones adicionales.
El testimonio menciona cantidades de 2.500 dólares por aportante, pero no identifica públicamente a los congresistas beneficiados ni presenta evidencia que permita establecer que esos aportes fueran ilegales o estuvieran relacionados con una operación de inteligencia. Por tanto, este punto debe ser considerado una afirmación testimonial pendiente de mayor documentación, no una acusación contra políticos concretos.
EL ARRESTO EN EL AEROPUERTO DE MIAMI
La larga historia de Valdés en el sur de Florida terminó el 10 de julio de 2026 en el Aeropuerto Internacional de Miami. Fue detenido durante una acción administrativa de inmigración en la que participaron ICE, la oficina del FBI en Miami y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP).
Tras su arresto fue colocado en procedimientos de expulsión. ICE informó oficialmente que fue removido de Estados Unidos el 7 de agosto de 2026.
Medios como Miami Herald y El País reportan que fue enviado a Guatemala, país del que también es ciudadano. El comunicado público de ICE, sin embargo, se limita a indicar que fue expulsado de Estados Unidos y no especifica en su texto disponible el destino final.
¿POR QUÉ FUE DEPORTADO Y NO PROCESADO POR ESPIONAJE?
Esta es una de las preguntas centrales del caso. ICE sostiene que Valdés ocultó consciente y deliberadamente su posición y afiliación con el Gobierno cubano cuando solicitó y obtuvo la residencia permanente, lo cual permitió utilizar la vía migratoria para expulsarlo.
Hasta ahora no se ha anunciado públicamente una acusación federal por espionaje ni un proceso penal por actuar como agente extranjero. Santiago Álvarez ha ofrecido como hipótesis que Valdés trabajaba fundamentalmente contra exiliados cubanos y no contra el Gobierno estadounidense, pero esa explicación corresponde a la interpretación de Álvarez y no constituye una explicación oficial del Departamento de Justicia.
ICE tampoco ha revelado qué pruebas específicas permitieron determinar que era un activo de la inteligencia cubana ni por qué la decisión final fue tramitarlo por la vía migratoria.
¿QUIÉN LO DESCUBRIÓ?
José Cohen, exoficial de inteligencia cubano, planteó públicamente otra posibilidad: que la información decisiva pudiera haber llegado desde dentro de Cuba. Cohen aseguró que actualmente existen personas dentro de las estructuras cubanas filtrando expedientes e información hacia Estados Unidos.
No existe confirmación oficial de que ese haya sido el origen de la investigación contra Valdés. El FBI, ICE y CBP tampoco han explicado públicamente cuánto tiempo llevaba abierta la investigación ni qué evento provocó su arresto en julio.
LAS PREGUNTAS QUE TODAVÍA NO TIENEN RESPUESTA
El caso de Fernando Armando Valdés Pérez deja cuestiones de enorme importancia para el exilio cubano. Si operó desde mediados de los años 90, como sostiene ICE, pudo haber tenido acceso durante casi tres décadas a conversaciones privadas, planes, relaciones personales y estructuras organizativas de grupos opositores y anticastristas.
Todavía no sabemos qué transmitió a La Habana, cuántas personas fueron objeto de sus informes, si participó en operaciones activas de provocación, si otros agentes estaban relacionados con él o qué daños concretos pudo producir la información recopilada.
Tampoco existe hasta el momento una respuesta pública del Gobierno cubano que permita conocer si La Habana admite, niega o guarda silencio sobre la identificación realizada por Estados Unidos.
UN CASO QUE CAMBIA LA LECTURA DE DOS DÉCADAS DE HISTORIA DEL EXILIO
Fernando Valdés no habría logrado infiltrarse simplemente en una organización política. Según las autoridades estadounidenses, consiguió construir relaciones personales profundas y convertirse en alguien indispensable para un hombre que durante décadas había dedicado buena parte de su vida a combatir al Gobierno cubano.
Posada Carriles confió en él cuando otros le advertían. Vivió en su casa, se negó a abandonarlo, permitió que organizara sus movimientos y terminó dependiendo de él para cuestiones tan básicas como sus medicamentos y citas médicas.
Ese nivel de penetración convierte el caso en algo más que una historia de fraude migratorio. Es un ejemplo extraordinario de cómo funcionan las operaciones de inteligencia basadas no solamente en tecnología o documentos, sino en paciencia, relaciones humanas, confianza y años de presencia silenciosa.
Y quizás ese sea el aspecto más inquietante de toda la historia: durante aproximadamente veinte años hubo personas diciendo que sospechaban de Fernando Armando Valdés Pérez.
Luis Posada Carriles nunca les creyó. En 2026, el Gobierno de Estados Unidos terminó identificando oficialmente a aquel hombre como un activo de la inteligencia cubana.
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