UNA JOVEN CUBANA RESCATÓ UN COCODRILO Y AHORA VIVE CON ÉL EN LA PISCINA DE SU CASA EN MATANZAS
Una joven cubana de 22 años convive en su vivienda de Matanzas con un cocodrilo de unos tres años, además de perros, gatos, tortugas, iguanas y patos. Lorena Montes Peña, estudiante de Veterinaria y rescatista de animales, asegura que el reptil llegó a su casa herido y que desde entonces se encarga de su cuidado, aunque insiste en que nadie debería intentar tener un cocodrilo en casa.
El caso ha llamado la atención en redes sociales por la aparente familiaridad con la que Lorena maneja al animal, pero también por la advertencia que ella misma repite: cuidar un reptil de estas características exige espacio, alimentación, vigilancia y conocimientos que están muy lejos de los de una mascota convencional.
JOVEN CUBANA CONVIVE CON UN COCODRILO EN MATANZAS
Lorena reside en la zona de Palmar de Junco y mantiene en su vivienda alrededor de una veintena de animales rescatados, según su propio testimonio.
El cocodrilo, al que en publicaciones anteriores ha identificado como Marpacífico, vive actualmente en una piscina doméstica. Lorena sostiene que el animal no llegó a sus manos porque quisiera convertirlo en mascota, sino después de ser encontrado lesionado.
Según su relato, el reptil presentaba heridas en la cabeza y una pata y supuestamente había sido rescatado antes de ser vendido para utilizarlo en prácticas religiosas. Este último extremo procede del testimonio de la joven y no ha podido ser verificado de manera independiente.
Desde entonces, Lorena afirma que ha tenido que establecer una rutina específica para garantizarle agua, zonas secas y exposición al sol, además de mantener limpia la instalación.
“Lleva su manejo, lleva hasta un horario”, explicó al describir los cuidados que requiere.
ALIMENTARLO EN CUBA TAMBIÉN SE HA CONVERTIDO EN UN RETO
Uno de los aspectos más complejos es conseguir comida para el reptil.
Lorena explicó que obtiene vísceras de res y cerdo mediante mataderos, conocidos y contactos en redes sociales. En verano calcula que el cocodrilo consume aproximadamente un kilogramo de carne por semana, mientras que durante los meses más fríos come con menor frecuencia.
El problema, según cuenta, no se limita al animal. La estudiante también ha tenido que enfrentar las dificultades económicas y materiales que afectan a muchos hogares cubanos, incluida la escasez de combustible doméstico.
Al describir lo más complicado de rescatar animales en Cuba, resumió su experiencia en pocas palabras: “El país, la economía, la gente… mantenerlo y querer hacer tanto con poco”.
La declaración ofrece una dimensión adicional al caso: detrás de una historia que puede parecer curiosa en redes sociales existe una carga económica considerable para sostener aproximadamente 20 animales.
“NADIE LO DEBERÍA TENER”
La convivencia no está exenta de riesgos. Lorena asegura que el cocodrilo nunca la ha mordido, aunque reconoce haber recibido fuertes coletazos. También ha contado episodios en los que el reptil se ha escapado o ha requerido atención a horas poco habituales.
Por eso, lejos de animar a otros a seguir su ejemplo, mantiene una postura contundente. “Es una responsabilidad enorme”, afirmó. “Nadie lo debería tener”.
En publicaciones anteriores también había advertido expresamente a sus seguidores que no recomendaba ni incentivaba tener un animal de este tipo en una vivienda.
EL COCODRILO CUBANO Y EL PROBLEMA DE LA HIBRIDACIÓN
Lorena identifica al ejemplar como un híbrido entre cocodrilo cubano (Crocodylus rhombifer) y cocodrilo americano (Crocodylus acutus).
La existencia de híbridos entre ambas especies no es un fenómeno desconocido. Documentos de conservación de la UICN han registrado hibridación entre C. rhombifer y C. acutus tanto en cautiverio como en poblaciones donde ambas especies coinciden.
Este punto es relevante porque el cocodrilo cubano posee una distribución natural extremadamente reducida y ha sido considerado una especie altamente amenazada. La hibridación aparece precisamente entre los factores que han preocupado durante décadas a especialistas en conservación.
No obstante, CubaBajoLupa no ha encontrado documentación veterinaria o genética publicada que permita confirmar independientemente que el ejemplar de Lorena sea efectivamente híbrido. Esa identificación procede del testimonio de la propia joven.
UNA CONVIVENCIA QUE NO PODRÁ DURAR PARA SIEMPRE
Lorena es consciente de que la piscina de su vivienda no será una solución permanente.
Calcula que podría mantener al reptil en las condiciones actuales aproximadamente dos años más. Conforme aumente de tamaño, también crecerán las dificultades para controlar al animal y proporcionarle un espacio adecuado.
Por eso su recomendación para quien encuentre un cocodrilo en la naturaleza es mucho más prudente que la escena que actualmente protagoniza en su propia casa: no manipularlo y contactar con especialistas cuando el animal necesite ayuda.
“Lo que está quieto se deja quieto”, resumió.
La historia de Marpacífico puede resultar llamativa, pero la propia protagonista insiste en algo que no debería perderse entre imágenes virales: un cocodrilo sigue siendo un animal silvestre y potencialmente peligroso, no una mascota doméstica.
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