ESCASEZ DE CIGARROS EN CUBA DISPARA LOS PRECIOS: CAJETILLAS LLEGAN A 1.000 PESOS EN EL MERCADO INFORMAL
La escasez de cigarros en Cuba ha convertido un producto de consumo cotidiano en un artículo cada vez más difícil de pagar. En Santa Clara, cajetillas de marcas como Popular y H. Upmann se ofrecen en el mercado informal por 1.000 pesos o más, mientras algunos fumadores recurren a comprar unidades sueltas a 40 o 50 pesos porque ya no pueden asumir el precio de una caja completa.
El problema no se limita al encarecimiento. Durante agosto, bodegas de Villa Clara dejaron de recibir las cuatro cajetillas que habitualmente se distribuían a determinados consumidores mayores de 18 años, en un contexto en el que la fábrica Ramiro Lavandero, de Ranchuelo, enfrenta dificultades productivas vinculadas, según testimonios y publicaciones atribuidas al centro, al déficit de electricidad.
ESCASEZ DE CIGARROS EN CUBA: DE 30 PESOS OFICIALES A 1.000 EN LA CALLE
La diferencia entre el precio regulado y el mercado informal resulta enorme. Desde abril de 2024, el precio oficial de una cajetilla de 20 cigarros negros de marcas como Popular, Criollos o Titanes quedó establecido en 30 pesos, mientras el Popular Auténtico con filtro se fijó en 60 y el H. Upmann Clásico sin filtro en 50 pesos.
Sin embargo, la escasez ha alterado completamente esa referencia. CubaNet documentó en Santa Clara cajetillas a 1.000 pesos, y asegura que en algunos bares y cafeterías privadas determinadas marcas pueden alcanzar entre 1.500 y 2.000 pesos.
Gilberto González, un jubilado que trabaja como custodio, contó al medio que antes consumía aproximadamente una cajetilla cada dos días, pero ahora limita su consumo a cinco cigarros diarios debido al costo. Su experiencia refleja cómo la falta de oferta oficial termina trasladando la demanda al mercado informal.
LA DISTRIBUCIÓN POR LIBRETA NUNCA FUE UNA GARANTÍA MENSUAL
La venta controlada de cigarros mediante la libreta comenzó en 2021 como una fórmula para intentar reducir el acaparamiento y la reventa. El propio Ministerio de Comercio Interior aclaró entonces que los cigarrillos no forman parte formalmente de la canasta familiar normada y que su entrega depende de la disponibilidad productiva.
Esa fragilidad no es nueva. En 2021 y 2022, Tabacuba reconoció paralizaciones por falta de papel, marquillas, piezas, problemas de transporte, roturas industriales y dificultades de financiamiento. En el primer semestre de 2022, las cuatro fábricas estatales habían ejecutado solo el 47% de su plan de producción.
La industria estatal cuenta con plantas en La Habana, Villa Clara, Sancti Spíritus y Holguín. La producción de cada territorio influye directamente en qué marcas y cantidades pueden llegar posteriormente a las provincias.
RANCHUELO, APAGONES Y UNA PRODUCCIÓN BAJO PRESIÓN
En Villa Clara, la fábrica Ramiro Lavandero, ubicada en Ranchuelo, resulta especialmente importante para el abastecimiento provincial.
CubaNet recoge testimonios locales que relacionan la actual reducción productiva con apagones prolongados. El propio medio señala que una publicación de la fábrica reconocía que, aunque disponía de recursos para cumplir determinados compromisos, el déficit eléctrico impedía avanzar con normalidad.
No existe, sin embargo, información oficial suficiente para establecer que los apagones sean la única causa del atraso actual. También han circulado versiones sobre afectaciones sanitarias entre trabajadores, pero ese elemento no ha podido ser confirmado de forma independiente.
EL OTRO NEGOCIO: CIGARROS FALSOS Y ESTAFAS
La escasez también ha abierto espacio a productos de procedencia dudosa. Vendedores consultados en Santa Clara hablaron de cigarrillos conocidos popularmente como “Tupamaro” o “rompe-pulmón”, elaborados presuntamente fuera de los circuitos industriales oficiales. CubaBajoLupa no puede verificar el origen específico de los productos observados por esas fuentes.
Sí está documentado otro problema: las estafas con cajas y pacas de cigarros. En agosto, una mujer denunció haber perdido 168.000 pesos en La Cuevita, La Habana, después de comprar cajas aparentemente selladas que, al abrirlas, estaban rellenas de lana o algodón en lugar de cigarrillos.
Un año antes también se habían denunciado en el mismo mercado paquetes de H. Upmann presuntamente rellenados con aserrín.
UNA CRISIS QUE LA INDUSTRIA ARRASTRA DESDE HACE AÑOS
La situación de 2026 es más aguda, pero no apareció de repente. Ya en 2022 Granma reconocía que en algunas provincias los consumidores debían elegir entre largas colas o acudir al mercado negro, donde entonces las cajetillas podían superar los 200 pesos.
Cuatro años después, la misma dinámica continúa, pero con precios varias veces superiores.
Mientras la producción y distribución oficiales no logren estabilizarse, cada interrupción crea un incentivo inmediato para la reventa, el acaparamiento y la falsificación. Y en esa ecuación, el fumador termina pagando no solo el precio del cigarro, sino también el costo de una economía donde la escasez convierte casi cualquier mercancía en negocio.
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