DE ROBOS BANCARIOS A ALIMENTOS ADULTERADOS: LAS ESTAFAS QUE ESTÁN PONIENDO A LOS CUBANOS EN ALERTA
Las estafas en Cuba están adoptando formas cada vez más variadas y difíciles de detectar: falsos funcionarios que visitan a jubilados, fraudes con tarjetas bancarias, ventas engañosas, productos adulterados y operaciones comerciales que terminan dejando a las víctimas sin dinero. Dos testimonios recientes recogidos en La Habana muestran hasta qué punto la desconfianza se ha convertido en parte de la vida cotidiana.
Uno de los casos afecta a Maritza, una mujer de 84 años residente en Luyanó, quien relató a CubaNet que una mujer y un hombre se presentaron en su vivienda como supuestos encuestadores del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Llevaban credenciales y, según su testimonio, conocían datos personales y bancarios suficientes para generar confianza. Lo único que necesitaban era el PIN de su tarjeta. Después de conseguirlo, su cuenta quedó vacía.
ESTAFAS EN CUBA: UNA JUBILADA DE 84 AÑOS PERDIÓ EL DINERO DE SU CUENTA
Maritza aseguró que los supuestos encuestadores tenían su nombre, dirección, número de identificación y datos de su tarjeta del Banco Metropolitano. La anciana terminó proporcionándoles el PIN después de creer que se trataba de un trámite legítimo.
Según su relato, otras dos personas mayores de la misma cuadra habrían caído en una maniobra similar. La víctima sospecha que los delincuentes pudieron obtener previamente sus datos de alguna institución, pero no existe evidencia pública que permita responsabilizar al Banco Metropolitano, al Ministerio de Trabajo ni a empleados concretos de haber filtrado esa información. Esa posibilidad sigue siendo únicamente una sospecha expresada por la afectada.
El caso resulta especialmente grave porque Maritza dependía de esas prestaciones para subsistir. Según contó, llevaba meses intentando retirar pensiones acumuladas en medio de largas colas, restricciones de efectivo y problemas frecuentes en cajeros automáticos.
El Banco Central de Cuba ha advertido durante años que los usuarios nunca deben compartir el PIN, contraseñas ni otros datos que permitan acceder a sus fondos. Banco Metropolitano reiteró en mayo de 2026 recomendaciones similares ante el riesgo de fraudes y robo de información bancaria.
EL ENGAÑO NO TERMINA EN LAS CUENTAS BANCARIAS
Otro testimonio recopilado por CubaNet procede de Manuel López, propietario de un camión de alquiler en Santiago de las Vegas. El hombre afirmó que descubrió que un vecino y amigo de muchos años habría elaborado y vendido hamburguesas y croquetas utilizando presuntamente carne de perros y gatos.
La denuncia es particularmente sensible y CubaBajoLupa no ha podido verificar de manera independiente que los alimentos contuvieran realmente ese tipo de carne. Según Manuel, él y otro vecino acudieron a la Policía y entregaron evidencias, pero sostuvo que el caso terminó únicamente con una multa.
También aseguró que sospecha que algunas mascotas desaparecidas del barrio pudieron haber terminado en esos productos, aunque ese extremo tampoco está confirmado.
Más allá del impacto del testimonio, el episodio evidencia otra dimensión de la crisis: cuando alimentos, medicamentos, combustible o servicios básicos escasean, aparecen mercados informales donde resulta mucho más difícil determinar la procedencia y calidad de lo que se compra.
FRAUDES CON REMESAS, VISAS, CASAS Y EQUIPOS
El artículo original recoge además alertas recibidas sobre supuestas estafas vinculadas a transferencias de dinero, electrodomésticos, pasajes aéreos, trámites de visa, viviendas, automóviles, motocicletas, paneles solares, combustible, remesas y paquetería.
Esas denuncias no constituyen por sí mismas prueba de que todos esos esquemas estén conectados ni permiten determinar su extensión nacional. Sin embargo, coinciden con advertencias oficiales sobre el crecimiento de modalidades de fraude mediante medios electrónicos.
En abril de 2026, por ejemplo, el Banco de Crédito y Comercio alertó sobre una nueva ola de engaños mediante WhatsApp destinada a apropiarse de cuentas y solicitar posteriormente dinero a los contactos de la víctima. El Banco Central también ha insistido en que jamás deben entregarse claves, códigos de verificación ni información bancaria a desconocidos.
LOS ADULTOS MAYORES, ENTRE LOS MÁS VULNERABLES
El caso de Maritza muestra un problema añadido: las personas mayores pueden resultar especialmente vulnerables cuando los delincuentes simulan representar instituciones conocidas y disponen de datos personales suficientes para hacer creíble el engaño.
La respuesta no puede reducirse a culpar a la víctima por haber confiado. Cuando alguien aparece con nombres, números, documentos aparentemente oficiales y conocimiento previo sobre las circunstancias de una persona, la estafa adquiere un nivel de sofisticación que puede confundir incluso a usuarios experimentados.
Al mismo tiempo, la falta de efectivo añade otro factor de vulnerabilidad. En 2026 continuaron documentándose largas colas y restricciones para retirar dinero en sucursales y cajeros del Banco Metropolitano en La Habana, mientras jubilados y pensionados dependen especialmente del sistema bancario para acceder a sus ingresos.
UNA CRISIS QUE TAMBIÉN EROSIONA LA CONFIANZA
No existe una estadística pública que permita afirmar que todo el país esté viviendo una única “ola” coordinada de estafas, y sería incorrecto presentar cada denuncia ciudadana como un hecho probado.
Lo que sí aparece en los testimonios, advertencias bancarias y reportes recientes es un problema más profundo: la confianza se ha convertido en un recurso escaso. El cubano que compra comida, recibe una llamada, contrata un servicio o realiza una transferencia tiene cada vez más razones para verificar dos veces quién está al otro lado.
En una economía golpeada por la escasez, la inflación y la falta de liquidez, el fraude encuentra terreno fértil. Pero la crisis económica puede explicar el contexto; nunca justifica que ancianos, enfermos o familias sean despojados de lo poco que poseen.
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