ROBERTO SAN MARTÍN IMAGINA EL REENCUENTRO DE LOS CUBANOS CUANDO CUBA SEA LIBRE: “VAMOS A SENTARNOS EN EL MALECÓN Y HABLAR”
El actor cubano Roberto San Martín habló sobre una de las experiencias más profundas del exilio: pasar años lejos de la familia y descubrir, al regresar, que el vínculo afectivo puede sobrevivir intacto a la distancia. El artista recordó que estuvo siete años sin ver a los suyos después de marcharse a España y describió el impacto de volver a sentarse junto a ellos como si el tiempo apenas hubiera pasado.
Sus palabras fueron más allá de la experiencia personal. San Martín expresó el deseo de que algún día los cubanos puedan reencontrarse sin barreras, sin exclusiones y con la posibilidad de sentarse a conversar nuevamente en cualquier rincón de la isla, incluso en el Malecón de La Habana.
Roberto San Martín recuerda siete años lejos de su familia
El actor contó que permaneció aproximadamente siete años sin ver a sus familiares tras su salida hacia España. Sin embargo, cuando finalmente volvió a encontrarse con ellos, la distancia emocional desapareció casi inmediatamente.
“En cinco minutos… ya pasó”, explicó al describir aquella sensación. Para San Martín, los años separados no habían conseguido borrar la familiaridad ni modificar lo esencial de aquellas relaciones.
“No existe esa distancia. Pasaron siete años, sí, no importa, pero seguimos siendo los mismos”, resumió.
La reflexión toca una experiencia común entre miles de familias cubanas separadas durante años por la emigración. En muchos casos, los reencuentros llegan después de largas ausencias marcadas por cambios de país, nuevas vidas, dificultades económicas y vínculos mantenidos a distancia.
“El cubano se lo merece”
A partir de su propia historia, San Martín trasladó la conversación hacia un deseo colectivo.
“Yo creo que el cubano se lo merece a nivel global”, afirmó al imaginar un escenario donde todos puedan regresar, entrar y encontrarse sin obstáculos.
El actor describió esa posibilidad con evidente emoción. Incluso reconoció que imaginarla le provocaba escalofríos.
Su planteamiento no estuvo centrado en discursos institucionales ni en una propuesta política concreta. Habló, sobre todo, de convivencia, conversación y reencuentro entre personas que comparten una misma historia y una misma cultura pese a haber terminado viviendo en lugares diferentes.
Sentarse otra vez frente al Malecón
Uno de los momentos más simbólicos de sus palabras llegó cuando imaginó a los cubanos regresando y hablando sin que existiera una división previa sobre quién pertenece o quién puede estar allí.
“Vamos a hablar, vamos a conversar, vamos a sentarnos en el muro del Malecón o en donde sea”, expresó.
El Malecón aparece así no solo como un lugar físico, sino como una imagen reconocible para generaciones de cubanos dentro y fuera de la isla. San Martín lo utilizó como escenario de algo mucho más sencillo: recuperar la capacidad de conversar.
La idea resulta especialmente significativa para una comunidad marcada por décadas de emigración, separaciones familiares y vidas reconstruidas fuera de Cuba.
Una identidad que resiste la distancia
San Martín también dejó una reflexión sobre la permanencia de la identidad cubana.
Después de siete años lejos de su familia, aseguró que el reencuentro le permitió comprobar que la distancia geográfica no necesariamente transforma las relaciones fundamentales.
Esa experiencia explica el tono de su mensaje: más que hablar de regresar a un lugar, habló de volver a encontrarse con personas.
Para muchos emigrados cubanos, esa diferencia es esencial. Cuba puede representar un territorio, recuerdos y una identidad, pero también una red de familiares y amigos que continúa existiendo incluso después de años de separación.
El mensaje de Roberto San Martín termina así en una imagen sencilla, pero cargada de significado: cubanos que llevan años separados regresando, sentándose juntos y descubriendo que todavía pueden hablar como antes.
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