HOTELES VACÍOS Y NECESIDAD DE DÓLARES: HAVANATUR ABRE NUEVA VÍA PARA QUE LOS CUBANOS PAGUEN SERVICIOS TURÍSTICOS
Havanatur comenzó a habilitar nuevas formas de pago digital en dólares para que residentes en Cuba puedan reservar hoteles, excursiones y otros servicios turísticos dentro de la Isla, una medida que llega en medio de una de las peores crisis del turismo cubano de las últimas décadas.
El mecanismo se apoya en la Tarjeta Clásica y su integración con MiTransfer, una plataforma que permite realizar pagos electrónicos en moneda extranjera. La novedad abre una puerta más para captar divisas directamente de quienes viven en Cuba o reciben dinero desde el exterior, en momentos en que numerosos hoteles operan con baja ocupación y el país intenta recuperar ingresos por turismo.
HAVANATUR BUSCA DÓLARES DENTRO DE LA PROPIA ISLA
Durante años, buena parte del negocio turístico cubano estuvo diseñado alrededor del visitante extranjero. Hoteles, excursiones, alquileres y paquetes vacacionales dependían fundamentalmente de turistas procedentes de Canadá, Europa, América Latina y, en menor medida, de cubanos residentes fuera del país.
El nuevo esquema cambia parcialmente esa lógica. Havanatur intenta ahora facilitar que personas residentes en Cuba puedan pagar determinados servicios turísticos utilizando fondos en moneda extranjera, algo especialmente relevante para familias que reciben remesas o tienen acceso a dólares mediante cuentas o tarjetas vinculadas a plataformas de pago.
La medida no significa que el turismo cubano haya dejado de mirar al visitante internacional, pero sí muestra una necesidad evidente: captar divisas en cualquier espacio donde todavía existan.
QUÉ ES LA TARJETA CLÁSICA
La Tarjeta Clásica es un instrumento financiero utilizado en Cuba para operaciones en moneda extranjera y permite realizar pagos en establecimientos autorizados. Su integración con MiTransfer amplía la posibilidad de utilizar esos fondos para determinadas compras y servicios turísticos.
Según la información divulgada, los usuarios pueden gestionar pagos y reservas vinculadas a ofertas de Havanatur sin depender exclusivamente de efectivo. Eso facilita operaciones dentro de un país donde el acceso físico a dólares y otras monedas extranjeras continúa siendo complicado y donde el sistema financiero ha impulsado cada vez más mecanismos electrónicos.
El objetivo práctico es sencillo: una persona con acceso a divisas puede utilizar ese saldo para pagar un hotel, una excursión o determinados paquetes turísticos dentro de Cuba.
EL CAMBIO LLEGA CUANDO LOS HOTELES TIENEN PROBLEMAS PARA LLENARSE
La decisión no puede separarse del desplome turístico que atraviesa la Isla. Cuba ha quedado muy por debajo de los niveles de visitantes que registraba antes de la pandemia y ha incumplido repetidamente sus propias metas oficiales de recuperación.
A esa caída se suman otros problemas: apagones prolongados, escasez de combustible, dificultades en el transporte, deterioro de infraestructuras y una percepción internacional cada vez más negativa sobre la calidad de algunos servicios.
En ese contexto, una habitación de hotel vacía no genera ingresos, independientemente de si el cliente es canadiense, español o cubano.
Por eso, abrir nuevas vías de pago a residentes de la Isla puede convertirse en una forma de aprovechar parte de una capacidad hotelera que de otro modo permanecería sin utilizar.
EL TURISMO NECESITA DIVISAS Y EL ESTADO BUSCA NUEVOS CANALES
El turismo ha sido durante décadas una de las principales fuentes de entrada de moneda extranjera para el Gobierno cubano. La construcción de hoteles y complejos turísticos continuó incluso durante años de fuerte contracción económica, mientras otras áreas como vivienda, agricultura o infraestructura pública sufrían un evidente deterioro.
El problema es que muchas de esas nuevas instalaciones no han conseguido alcanzar los niveles de ocupación necesarios para justificar las inversiones realizadas.
Ahora aparece una nueva estrategia: permitir que los cubanos con acceso a dólares puedan convertirse también en consumidores de esa infraestructura.
La paradoja es evidente. Mientras amplios sectores de la población enfrentan dificultades para adquirir alimentos, medicamentos o productos básicos, existen habitaciones de hotel, excursiones y paquetes turísticos que pueden ser pagados en divisas.
¿QUIÉN PUEDE REALMENTE UTILIZAR ESTOS SERVICIOS?
Aunque el mecanismo amplía las posibilidades de pago, no significa que todos los cubanos puedan acceder a estos servicios.
Una parte importante de la población depende exclusivamente de salarios y pensiones pagados en pesos cubanos, cuyos valores continúan muy por debajo de los precios de numerosos bienes y servicios. Para esas familias, pagar una noche de hotel o una excursión en dólares resulta simplemente fuera de alcance.
Los principales beneficiados serán probablemente quienes reciben remesas, trabajan vinculados al sector privado, tienen ingresos en moneda extranjera o cuentan con familiares en el exterior capaces de recargar sus tarjetas.
Esto profundiza una división que ya existe en la economía cubana: una parte del consumo se mueve en pesos y otra funciona alrededor del dólar, las remesas y las monedas fuertes.
UNA ECONOMÍA CADA VEZ MÁS DIVIDIDA POR EL ACCESO A DIVISAS
La expansión de servicios denominados o pagados en moneda extranjera no es nueva. Durante los últimos años, Cuba ha ampliado tiendas, servicios y mecanismos financieros vinculados al dólar y otras divisas.
El problema es que los salarios continúan pagándose mayoritariamente en pesos cubanos. Eso significa que dos personas con ingresos similares en moneda nacional pueden tener realidades completamente distintas si una de ellas recibe 100 dólares mensuales desde el extranjero y la otra no.
La nueva modalidad de Havanatur se inserta precisamente dentro de esa economía dual. No elimina la escasez ni mejora automáticamente el poder adquisitivo de la población, pero permite al Estado capturar parte del dinero que circula fuera de los canales tradicionales en pesos.
¿POR QUÉ NO BAJAR LOS PRECIOS EN PESOS?
Esa es probablemente una de las preguntas que surgirán alrededor de la medida. Si existen hoteles con baja ocupación, una opción lógica sería ofrecer precios significativamente más bajos en moneda nacional para atraer a trabajadores y familias cubanas. Sin embargo, eso produciría menos divisas, precisamente el recurso que el Estado necesita con mayor urgencia.
Desde el punto de vista económico, un hotel puede preferir vender una habitación a 50 dólares antes que recibir su equivalente oficial en pesos si esos pesos después tienen poca capacidad para financiar importaciones. La política refleja entonces una prioridad clara: obtener moneda fuerte.
EL TURISMO CUBANO NO LOGRA RECUPERAR LOS NIVELES ANTERIORES
La industria turística cubana continúa lejos de los aproximadamente cuatro millones de visitantes internacionales que llegó a recibir anualmente antes de la pandemia. La recuperación ha sido más lenta que en otros destinos del Caribe y las expectativas oficiales se han ido ajustando a la baja.
República Dominicana, México y otros competidores regionales han conseguido recuperar o superar sus niveles previos, mientras Cuba sigue enfrentando dificultades para atraer visitantes.
Las razones son múltiples. A la crisis económica interna se suman problemas de conectividad aérea, percepción de calidad, sanciones estadounidenses, interrupciones eléctricas, escasez de alimentos y dificultades para mantener estándares internacionales en determinadas instalaciones.
HOTELES PARA TURISTAS EN UN PAÍS CON APAGONES
Una de las contradicciones más visibles de la economía cubana aparece cuando hoteles destinados al turismo mantienen determinados servicios mientras barrios cercanos sufren apagones prolongados, problemas de agua o deterioro urbano.
Eso ha generado críticas durante años, especialmente cuando el Gobierno continúa destinando recursos a la construcción turística en medio de una crisis habitacional y alimentaria.
La nueva posibilidad de que residentes paguen en dólares no elimina esa contradicción. En cierta medida, la hace todavía más visible, porque convierte a ciudadanos cubanos con acceso a divisas en clientes potenciales de instalaciones construidas originalmente para captar dinero extranjero.
UNA OPORTUNIDAD PARA ALGUNOS NEGOCIOS PRIVADOS
La medida también podría tener efectos indirectos positivos para negocios privados vinculados al turismo.
Cuando un residente reserva un hotel o una excursión, puede gastar adicionalmente en transporte, restaurantes, cafeterías, alquileres, servicios personales y otras actividades. Parte de ese dinero puede terminar circulando hacia mipymes y trabajadores por cuenta propia.
Sin embargo, la magnitud de ese efecto dependerá de cuántas personas utilicen realmente el nuevo mecanismo y de qué proporción de los ingresos permanezca dentro del ecosistema estatal.
EL PROBLEMA DE FONDO SIGUE SIENDO EL MISMO
Habilitar pagos digitales puede hacer más cómodo comprar un servicio turístico, pero no resuelve los problemas estructurales del sector.
Cuba necesita visitantes, conectividad aérea estable, combustible, electricidad, alimentos, transporte y una infraestructura capaz de competir con destinos vecinos. Ninguna aplicación sustituye esas condiciones.
La medida de Havanatur puede ayudar a captar ingresos adicionales, pero difícilmente será suficiente para revertir por sí sola la caída del turismo.
DEL TURISTA EXTRANJERO AL CUBANO CON DÓLARES
Lo más significativo del cambio es precisamente ese giro.
Durante décadas, el hotel turístico fue un espacio pensado principalmente para el extranjero. Hoy, ante la falta de visitantes suficientes, el sistema comienza a mirar también hacia el cubano que tiene acceso a dólares.
No necesariamente porque haya aumentado el poder adquisitivo general de la población, sino porque existe un segmento específico que recibe remesas o genera ingresos fuera del circuito salarial estatal. Ese dinero se ha convertido en un objetivo cada vez más importante para las autoridades.
UNA NUEVA FORMA DE CAPTAR LAS DIVISAS QUE CIRCULAN FUERA DEL ESTADO
En el fondo, la integración de Havanatur con mecanismos digitales de pago refleja una estrategia económica más amplia: reducir la cantidad de dólares que circulan por vías informales y atraerlos hacia empresas y servicios estatales.
Cada dólar que una familia utiliza en una habitación de hotel, una excursión o un paquete turístico entra directamente en un sector controlado por el Estado. Eso explica por qué, incluso en medio de una crisis de consumo interno, continúan apareciendo nuevos mecanismos para pagar en moneda extranjera.
El verdadero desafío será comprobar si existe suficiente demanda entre residentes como para llenar parte de las habitaciones que los turistas internacionales han dejado vacías. Porque la nueva opción resuelve una cosa: cómo pagar. Pero no necesariamente la otra: quién puede permitírselo.
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