CUBANACÁN: LOS ESCÁNDALOS DE CORRUPCIÓN Y ROBO DE MILLONES DE DÓLARES EN EL QUE FUERA EL MAYOR CONGLOMERADO TURÍSTICO DE CUBA
Cubanacán era mucho más que una cadena hotelera. A finales de los noventa y comienzos de los 2000 se había convertido en el mayor conglomerado turístico estatal de Cuba, con decenas de hoteles, cientos de tiendas, restaurantes, agencias de viajes, transporte, centros recreativos y empresas mixtas con capital extranjero. En un país necesitado de divisas, Cubanacán manejaba una parte enorme del turismo internacional y, con ello, cantidades de dinero que pocas instituciones civiles tenían a su alcance.
Precisamente por eso resulta tan llamativo que la corporación apareciera salpicada por dos grandes crisis en apenas cuatro años. La primera estalló en 1999, cuando el escándalo de Rumbos y la operadora mexicana Cubamor alcanzó directamente a la división hotelera de Cubanacán. La segunda llegó en 2003, cuando cayó su presidente, Juan José Vega, junto con otros directivos en medio de acusaciones sobre desvío de recursos, comisiones y cuentas bancarias en el extranjero. Las autoridades negaron que se tratara de robos o desfalcos, pero reconocieron “graves errores” de dirección y falta de control.
1999: CUBANACÁN QUEDÓ ATRAPADA EN EL CASO CUBAMOR
El primer gran episodio comenzó fuera de Cubanacán, en la empresa estatal Rumbos, que mantenía relaciones comerciales con la agencia mexicana Cubamor. Esta última llevaba miles de turistas a Cuba y había promocionado por Internet viajes dirigidos especialmente a hombres, con referencias a mujeres jóvenes y ofertas asociadas al denominado turismo sexual. La polémica resultaba particularmente explosiva porque el gobierno cubano desarrollaba al mismo tiempo una campaña pública contra la prostitución y el jineterismo.
Rumbos era la empresa directamente relacionada con Cubamor, pero Cubanacán aparecía en otra parte de la operación: sus hoteles hospedaban a clientes enviados por aquella agencia. Según fuentes del sector recogidas por la prensa de la época, uno de los establecimientos utilizados era Las Yagrumas, en las afueras de La Habana, donde los controles para que los turistas recibieran acompañantes cubanas eran descritos como mucho más flexibles que en otros hoteles.
LAS YAGRUMAS: LA INSTALACIÓN QUE PUSO A CUBANACÁN BAJO LA LUPA
Una versión difundida entonces sostuvo que en octubre de 1998 ocurrió un incidente relacionado con clientes de Cubamor en Las Yagrumas y que aquel episodio contribuyó a destapar el negocio. La misma fuente señalaba que, después de perder sus vínculos formales con las empresas cubanas, Cubamor habría seguido operando bajo otra denominación, QQK, aunque esta parte de la historia nunca fue respaldada públicamente mediante contratos o documentación empresarial accesible.
El gobierno cubano dio una versión más limitada. Prensa Latina aseguró que desde el 24 de octubre de 1998 las empresas turísticas cubanas habían cancelado todos los servicios hoteleros y extrahoteleros ofrecidos a Cubamor debido a los intentos de la operadora de estimular el turismo sexual hacia Cuba. Esa declaración reconocía que habían existido relaciones previas, pero negaba que continuaran cuando el escándalo explotó públicamente en junio de 1999.
CAYÓ EL JEFE HOTELERO DE CUBANACÁN
La crisis no quedó en Rumbos. Andrés Soberón, director de hotelería de Cubanacán, fue destituido junto con otro alto ejecutivo. El dato es significativo porque demostraba que las investigaciones ya estaban alcanzando a la estructura responsable de los hoteles donde parte de aquellos turistas habían sido alojados.
Soberón tenía además una conexión que incrementó el interés alrededor del caso: era hermano de Francisco Soberón, entonces presidente del Banco Central de Cuba. No existe evidencia pública que permita afirmar que Andrés Soberón participó personalmente en operaciones de turismo sexual o recibió pagos ilegales. Lo confirmado es su destitución dentro de la misma ola que sacudió a Rumbos y otras empresas turísticas.
JUAN JOSÉ VEGA SOBREVIVIÓ A 1999, PERO QUEDÓ AMONESTADO
Mientras algunos ejecutivos eran removidos, el máximo responsable de Cubanacán en aquel momento, Juan José Vega, no cayó. Fuentes del sector informaron que recibió una amonestación oficial, pero conservó el cargo. Esa diferencia resulta especialmente interesante vista desde lo que ocurrió después.
La investigación de 1999, por tanto, dejó una primera advertencia alrededor de Cubanacán: destitución en su división hotelera, sanciones internas y dudas sobre los controles de una empresa que manejaba instalaciones utilizadas por operadores extranjeros. Vega logró sobrevivir a aquella crisis y continuó ascendiendo hasta convertirse en presidente del grupo. Cuatro años después, su suerte sería completamente distinta.
EL PROBLEMA ERA MAYOR QUE EL TURISMO SEXUAL
Aunque Cubamor fue el detonante más visible, la ola de sanciones de 1999 se extendió a Rumbos, Horizontes y Cubanacán, además de otras empresas estatales vinculadas a negocios en divisas. Fuentes consultadas entonces describían preocupación dentro del Partido por la administración de recursos, indisciplina y falta de control en compañías consideradas estratégicas.
Eso permite entender el caso de Cubanacán desde una dimensión más amplia. La corporación operaba en un universo económico extraordinariamente sensible: hoteles, restaurantes, tiendas, empresas mixtas, agencias y servicios donde circulaban dólares, contratos internacionales y beneficios inaccesibles para la mayoría de los cubanos. El gobierno necesitaba desesperadamente esas divisas, pero al mismo tiempo temía que esos espacios generaran corrupción y una nueva élite empresarial con demasiada autonomía.
2003: EL ESCÁNDALO REGRESÓ, ESTA VEZ AL CORAZÓN DE CUBANACÁN
A finales de noviembre y comienzos de diciembre de 2003, comenzaron a circular en La Habana rumores sobre una investigación mucho más seria dentro de Cubanacán. Esta vez no se trataba de una división específica: el propio presidente de la corporación, Juan José Vega, fue separado de su cargo, y el ministro de Turismo, Ibrahim Ferradaz, asumió temporalmente la dirección del grupo.
Las dimensiones de la empresa hacían que el asunto fuera extraordinariamente sensible. Cubanacán controlaba 51 hoteles, tenía 23 empresas mixtas con socios extranjeros, administraba decenas de restaurantes y más de 300 tiendas, además de agencias de viajes, transporte y otras actividades. Fuentes de la época calculaban que atendía aproximadamente al 40 % de los turistas internacionales que visitaban Cuba.
LAS ACUSACIONES QUE COMENZARON A CIRCULAR
Fuentes del sector turístico aseguraron que las presuntas irregularidades incluían desvío de recursos, cobro de comisiones y cuentas bancarias millonarias en el extranjero. Otros reportes hablaron específicamente de cuentas en Canadá y Bahamas, aunque esa información procedía de fuentes extraoficiales y no de una acusación judicial pública.
Algunas informaciones llegaron todavía más lejos y hablaron de enormes cantidades de dinero desaparecidas durante procesos financieros internos. Esas versiones adquirieron gran circulación internacional, pero posteriormente el Ministerio de Turismo negó expresamente que hubiese existido un desfalco de esas características. Por eso no puede presentarse como hecho probado que Cubanacán hubiera perdido “miles de millones” de dólares.
¿ARRESTO DOMICILIARIO?
La información sobre el destino de Vega fue igualmente contradictoria. IPS y otras fuentes aseguraron inicialmente que él y alrededor de 15 funcionarios estaban retenidos o bajo arresto domiciliario mientras avanzaba la investigación. La Jornada recogió versiones similares sobre arraigo cautelar y cuentas bancarias en el extranjero.
Sin embargo, la versión oficial negó que hubiese personas arrestadas por el caso. Un funcionario cubano citado posteriormente afirmó que Vega simplemente había sido separado mientras se desarrollaban procedimientos administrativos y que podía asistir a reuniones relacionadas con la investigación. Esta contradicción nunca quedó completamente aclarada públicamente.
TRES EMPRESAS CAYERON CON VEGA
Cuando el gobierno finalmente dio su explicación, confirmó algo importante: no había caído únicamente Juan José Vega. También fueron separados los responsables de Cubacar, VeraCuba y Viajes Fantástico, tres empresas vinculadas a Cubanacán.
El Ministerio de Turismo, sin embargo, sostuvo que ninguno de ellos había participado en “robos o desfalcos”. Según la versión oficial, los ceses se debían a “graves errores” en su trabajo de dirección asociados a falta de exigencia y control. La formulación era extraordinariamente amplia: reconocía faltas importantes, pero evitaba explicar exactamente qué había ocurrido.
EL CASO DE VERACUBA Y LAS CUENTAS EN EL EXTRANJERO
Uno de los puntos más delicados giró alrededor del responsable de VeraCuba. La prensa extranjera aseguró que estaba siendo investigado por presunta participación en una trama vinculada a cuentas millonarias en bancos extranjeros. El Ministerio de Turismo negó expresamente que hubiera sido detenido y rechazó esa versión.
La diferencia entre ambas narrativas es fundamental. Existieron denuncias contemporáneas sobre cuentas en el extranjero y manejo irregular de recursos, pero no tenemos una sentencia judicial pública que permita convertir esas acusaciones en hechos demostrados. Lo que sí conocemos es el resultado político: varios de los principales responsables de empresas de Cubanacán fueron removidos.
EL GOBIERNO NEGÓ HASTA LA EXISTENCIA DE UNA AUDITORÍA ESPECIAL
Otra peculiaridad fue que las autoridades aseguraron que Cubanacán no estaba sometida a una auditoría general especial. El Mintur sostuvo que la empresa, como el resto de las compañías estatales, estaba sometida permanentemente a controles relacionados con eficiencia, calidad y disciplina.
Era una explicación difícil de conciliar con la magnitud de los cambios: el presidente había sido removido, tres responsables empresariales habían caído y el propio ministro había asumido temporalmente la dirección del conglomerado. La ausencia de un informe público detallado dejó abierta la pregunta sobre qué descubrieron realmente los controles internos.
¿CUÁNTO DINERO MOVÍA CUBANACÁN?
Las cifras ayudan a entender por qué la crisis despertó tanto interés. Una estimación contemporánea señalaba que Cubanacán podía facturar alrededor de 800 millones de dólares, dentro de un turismo cubano que generaba aproximadamente 2.000 millones anuales. Otros cálculos empresariales daban cifras inferiores de ingresos propios, pero coincidían en que se trataba de uno de los grupos económicos más grandes del país.
Sus directivos tomaban decisiones sobre operaciones multimillonarias, sociedades con cadenas extranjeras y compras internacionales, mientras sus salarios oficiales continuaban siendo relativamente bajos. Fuentes empresariales y diplomáticas de la época señalaban precisamente esa contradicción como uno de los factores que podía favorecer prácticas irregulares dentro de un sistema donde los ejecutivos controlaban grandes recursos sin mecanismos transparentes de rendición pública de cuentas.
DE SOBERÓN EN 1999 A VEGA EN 2003
La continuidad entre ambos episodios es quizás la parte más reveladora. En 1999, Cubanacán perdió al responsable de su división hotelera y Juan José Vega recibió solamente una amonestación. En 2003, Vega ya era presidente de la corporación y terminó él mismo apartado, acompañado por responsables de varias empresas subsidiarias.
Esto no demuestra que existiera una misma trama de corrupción durante cuatro años. Sería incorrecto afirmar que los problemas de 1999 continuaron clandestinamente hasta 2003. Pero sí demuestra que Cubanacán sufrió dos crisis de control interno de enorme visibilidad en un período relativamente corto, ambas acompañadas de destituciones y de explicaciones oficiales incompletas.
EL MINISTRO QUE HABÍA LLEGADO DESPUÉS DEL ESCÁNDALO DE 1999 TAMBIÉN TERMINÓ FUERA
Hay otra ironía. Después de la crisis turística de 1999, Ibrahim Ferradaz sustituyó a Osmany Cienfuegos como ministro de Turismo. Cuatro años después, durante la investigación de Cubanacán, fue precisamente Ferradaz quien asumió temporalmente el control de la corporación tras la caída de Vega.
Poco tiempo después, Ferradaz también perdió el ministerio, dentro de otra reorganización del sector. Fuentes posteriores destacaron que tanto él como Vega fueron sustituidos por dirigentes procedentes de Gaviota, la poderosa estructura turística vinculada a las Fuerzas Armadas.
LA ENTRADA DE LOS HOMBRES DE GAVIOTA
Ese relevo constituye una de las aristas políticas más interesantes del caso. Después de los problemas en Cubanacán y otras empresas turísticas, cuadros procedentes de Gaviota, administrada desde la órbita militar, comenzaron a ocupar posiciones estratégicas dentro del turismo civil.
No existe evidencia suficiente para afirmar que toda la reorganización haya sido diseñada exclusivamente para militarizar el sector como consecuencia de la corrupción. Sin embargo, la secuencia resulta significativa: empresas civiles sufren investigaciones y destituciones, mientras administradores provenientes de estructuras militares ganan espacio en una industria que ya constituía la principal fuente de divisas del país.
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