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Cuba Bajo Lupa

DE REPRESENTAR A CUBA ANTE LA UNESCO A 29 AÑOS DE CÁRCEL: EL CASO MARTHA FRAYDE, LA AMIGA QUE FIDEL CASTRO ENVIÓ A PRISIÓN

Martha Frayde Barraqué estuvo mucho más cerca del poder revolucionario cubano de lo que después podía resultar cómodo recordar. Médica, militante contra Fulgencio Batista, colaboradora del Movimiento 26 de Julio y amiga de Fidel Castro desde antes de 1959, fue nombrada directora del Hospital Nacional y más tarde enviada a París como representante de Cuba ante la UNESCO. A comienzos de los años sesenta todavía ocupaba posiciones privilegiadas dentro del nuevo Estado.

Pero su trayectoria dio un giro radical. Frayde comenzó a cuestionar la creciente dependencia de Moscú, perdió sus cargos, trató durante años de abandonar Cuba y terminó vinculada a la defensa de los derechos humanos. En 1976 fue detenida y posteriormente condenada a 29 años de prisión bajo acusaciones de espionaje, imputación que ella rechazó hasta el final. Amnistía Internacional la consideró posteriormente presa de conciencia y registró su liberación dentro del programa de excarcelaciones de 1979.

DE LUCHAR CONTRA BATISTA A ENTRAR EN EL NUEVO PODER

Frayde se había graduado de Medicina en la Universidad de La Habana en 1946 y amplió su formación en Canadá. Políticamente estuvo vinculada al sector de izquierda del Partido Ortodoxo y participó en actividades contra la dictadura de Batista. Fue detenida durante aquella etapa y terminó en el exilio antes del triunfo revolucionario.

Después de enero de 1959 su relación con el nuevo gobierno parecía completamente distinta. Castro la designó directora del Hospital Nacional y de la Escuela de Enfermería, y Frayde lo acompañó durante su viaje a Estados Unidos y Canadá en 1959. También presidió el Movimiento Cubano por la Paz y llegó a participar en uno de los actos simbólicamente más llamativos de su biografía: entregó personalmente a Fidel Castro la Medalla del Premio Lenin de la Paz en 1962.

Ese detalle hace especialmente fuerte su posterior caída. La mujer que entregaba a Castro una condecoración soviética acabaría denunciando precisamente la sovietización del sistema cubano.

PARÍS Y EL PRINCIPIO DE LA RUPTURA

En los primeros años sesenta Frayde fue enviada a París como delegada cubana ante la UNESCO, con rango diplomático. Allí mantuvo contacto con numerosos intelectuales europeos y defendió públicamente a la Revolución durante momentos tan delicados como la Crisis de los Misiles. Juan Goytisolo, que la conoció personalmente en aquel período, recordaría que era una de las defensoras más eficaces de la causa cubana entre los círculos intelectuales europeos.

Sin embargo, fue también durante esa etapa cuando comenzó a inquietarse por el acercamiento de La Habana a la Unión Soviética. Al regresar a Cuba en 1965 perdió sus responsabilidades oficiales y volvió al ejercicio de la medicina. Fuentes posteriores, incluida la propia Frayde, describen ese momento como el comienzo de su ruptura definitiva con el rumbo político del gobierno.

QUISO SALIR DE CUBA Y NO LA DEJARON

La caída política no terminó con su salida de los cargos. A finales de los años sesenta Frayde recibió una invitación académica para viajar a España, pero el permiso fue retirado pocos días antes de su partida alegando razones de seguridad nacional. La carta internacional publicada en The New York Review of Books en 1978 situó este episodio en 1968.

En 1970 volvió a solicitar autorización, esta vez para abandonar Cuba definitivamente. Tampoco consiguió salir. Frayde relató después que durante años expresó abiertamente sus críticas y su deseo de marcharse, una posición especialmente delicada en un sistema donde la salida del país dependía de autorización estatal.

1976: DEL DISENTIMIENTO A LOS DERECHOS HUMANOS

En enero de 1976 Frayde participó junto a Ricardo Bofill y otros disidentes en la creación del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, uno de los primeros intentos organizados dentro de la Isla para documentar abusos y defender a presos políticos. Fuentes posteriores sitúan también a Gustavo Arcos entre las figuras vinculadas a aquella iniciativa.

La importancia de este paso es enorme. Frayde ya no era simplemente una antigua funcionaria descontenta: estaba intentando convertir la defensa de los derechos humanos en una actividad organizada dentro de Cuba.

Meses después llegó la detención.

LA DETUVIERON Y TERMINÓ ACUSADA DE SER AGENTE DE LA CIA

En 1976, Martha Frayde fue arrestada. Una campaña internacional publicada posteriormente por The New York Review of Books afirmó que inicialmente quedó bajo arresto domiciliario, que sus pertenencias y biblioteca médica fueron confiscadas y que posteriormente fue enviada a la prisión de mujeres Nuevo Amanecer, donde permaneció junto a reclusas comunes.

Las autoridades cubanas sostuvieron una versión muy distinta. La propaganda oficial la presentó como integrante de una red vinculada a la CIA, acusándola de obtener y transmitir información y de recibir dinero del extranjero. Esas acusaciones constituyeron la base política del proceso en su contra.

Frayde negó haber sido espía. En una entrevista concedida después de recuperar la libertad explicó que su verdadera actividad había consistido en criticar lo que consideraba errores del sistema, relacionarse con personas descontentas y tratar de abandonar Cuba. Admitió que algunas personas de su entorno quizá realizaban actividades conspirativas, pero sostuvo que ella desconocía esas acciones.

29 AÑOS DE PRISIÓN

El proceso se desarrolló sin la publicidad de un juicio ordinario abierto y terminó con una condena extraordinariamente severa: 29 años de cárcel por espionaje. La carta internacional publicada en 1978 por Jean-Paul Sartre, Michel Foucault, Simone de Beauvoir, Octavio Paz, Norman Mailer y otros intelectuales calificó el juicio de secreto y exigió su liberación.

Aquí existe una discrepancia importante que debemos aclarar. Un artículo de Juan Goytisolo publicado en 1978 contiene la fecha 1972 para la sentencia, pero en el mismo texto señala que Frayde había sido detenida en junio de 1976, algo cronológicamente imposible. Otras fuentes contemporáneas y posteriores, incluida una entrevista con la propia Frayde, sitúan correctamente la detención y condena a partir de 1976. La referencia a 1972 debe considerarse un error tipográfico de aquella publicación.

LAS CONDICIONES DE LA PRISIÓN

Frayde describió condiciones durísimas. Después de su liberación afirmó que al comienzo había compartido un espacio de aproximadamente cinco por seis metros con 32 mujeres. La campaña internacional de 1978 habló de malnutrición, condiciones sanitarias deficientes y una enfermedad grave que provocó su traslado desde Nuevo Amanecer hacia otra instalación penitenciaria.

Son testimonios especialmente relevantes porque proceden tanto de la propia prisionera como de la movilización internacional organizada mientras todavía permanecía encarcelada. No obstante, al describir métodos concretos de maltrato debemos seguir atribuyéndolos a esas fuentes y no presentarlos como si dispusiéramos de un expediente penitenciario completo.

SARTRE, FOUCAULT, BEAUVOIR Y OCTAVIO PAZ PIDIERON SU LIBERTAD

Probablemente el aspecto internacional más espectacular del caso fue la identidad de quienes salieron a defenderla. En diciembre de 1978 The New York Review of Books publicó un llamamiento firmado, entre otros, por Jean-Paul Sartre, Michel Foucault, Simone de Beauvoir, Octavio Paz, Norman Mailer, Juan Goytisolo y José Ángel Valente.

La protesta es significativa porque varios de aquellos intelectuales habían simpatizado previamente con la Revolución cubana. El caso Frayde contribuía así a alimentar la ruptura entre determinados sectores de la izquierda intelectual europea y el gobierno de La Habana, una fractura que ya había quedado expuesta años antes durante el Caso Padilla.

AMNISTÍA INTERNACIONAL LA CONSIDERÓ PRESA DE CONCIENCIA

El respaldo más importante para documentar la naturaleza política del caso procede de Amnistía Internacional. Su informe correspondiente a 1980 señala que entre los aproximadamente 3.600 presos políticos liberados por Cuba desde diciembre de 1978 se encontraban varios prisoners of conscience, y cita expresamente a Dr. Martha Frayde Barraqué.

Eso no prueba por sí solo cada detalle de su versión sobre el proceso, pero sí demuestra que una organización internacional independiente especializada en presos políticos examinó su caso y la clasificó como presa de conciencia.

LIBERADA EN 1979

La campaña internacional coincidió con un proceso de excarcelaciones negociado por el gobierno cubano a finales de los años setenta. Frayde explicó posteriormente que fue incluida en el último grupo de mujeres liberadas: recibió el indulto el 12 de noviembre de 1979, salió efectivamente de prisión pocos días después y llegó a Madrid el 17 de diciembre de 1979.

Había cumplido poco más de tres años de una sentencia de 29.

Una vez instalada en España regresó a la medicina y continuó durante décadas denunciando violaciones de derechos humanos en Cuba. Nunca abandonó, sin embargo, la definición que hacía de sí misma. En 1980, ya libre, declaró: “Sigo siendo una revolucionaria”.

DE CONDECORAR A FIDEL A CONVERTIRSE EN PRESA DE CONCIENCIA

Pocos casos muestran una transformación política tan extrema. Martha Frayde había combatido a Batista, apoyado a Fidel Castro, dirigido una importante institución sanitaria, representado diplomáticamente a Cuba y colocado personalmente sobre Castro una condecoración soviética.

Quince años después estaba encerrada en una prisión cubana acusada de trabajar para la CIA.

Su historia no necesita adornos. Pasó de estar dentro del aparato revolucionario a perder sus cargos, quedar impedida de salir del país, fundar una organización de derechos humanos y recibir una condena de 29 años. Y cuando finalmente abandonó Cuba en 1979, salió como una de las prisioneras cuya liberación había reclamado una parte importante de la intelectualidad internacional.

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