RÉGIMEN PONE SILLAS Y REPARTE SOPA ENTRE LA COLA DE JUBILADOS EN SANTIAGO DE CUBA QUE ESPERAN PARA COBRAR SUS CHEQUERAS
Mientras numerosos jubilados en Santiago de Cuba continúan enfrentando largas esperas para retirar sus pensiones, instituciones estatales y organizaciones juveniles han movilizado sillas, bebidas y alimentos para aliviar las condiciones de quienes permanecen durante horas frente a las sucursales bancarias.
ETECSA informó este jueves que sus trabajadores se incorporaron al “apoyo logístico para el pago de los jubilados” y que los Centros de Telecomunicaciones de los nueve municipios santiagueros pusieron a disposición de las instituciones bebidas refrescantes, sopa instantánea y sillas. La Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de la Universidad de Oriente también comunicó que miembros de la Red Juvenil Comunitaria entregaron alimentos a pensionados que esperaban para cobrar en la sucursal 8132 del Banco Popular de Ahorro.
Las iniciativas pueden ofrecer un alivio concreto a adultos mayores sometidos al calor y a esperas prolongadas. Pero también dejan expuesta una contradicción: los recursos se están utilizando para hacer más soportable la cola, mientras la necesidad de permanecer durante horas esperando por efectivo continúa sin resolverse.
JUBILADOS EN SANTIAGO DE CUBA: AYUDA PARA SOPORTAR LA ESPERA
La FEU presentó su participación como una acción solidaria y “humanista”. Desde esa perspectiva, entregar alimentos o facilitar una silla a una persona mayor que lleva horas esperando tiene un valor inmediato y difícilmente cuestionable.
El problema aparece cuando la asistencia se observa junto a las causas que la hicieron necesaria. Las publicaciones difundidas muestran a adultos mayores esperando alrededor de instalaciones bancarias, y ninguna de las iniciativas anunciadas por ETECSA o la FEU explica cuánto disminuirán los tiempos de espera ni cuándo dejará de ser necesario desplegar este tipo de apoyo.
La propia Red Juvenil Comunitaria fue creada con tareas que incluyen atención a adultos mayores vulnerables y apoyo en la distribución de alimentos y medicamentos, según explicó Granma al presentar oficialmente sus proyectos en abril.
Por tanto, la solidaridad de estudiantes y trabajadores no es el problema. La cuestión de fondo es por qué cobrar una pensión continúa requiriendo una logística de asistencia alrededor de las filas bancarias.
PLAZA DE DOLORES YA HABÍA MOSTRADO LA MAGNITUD DEL PROBLEMA
La situación no comenzó esta semana. El 25 de junio, una concentración de pensionados volvió a hacerse visible en Plaza de Dolores, donde numerosos adultos mayores esperaban para obtener efectivo en una sucursal bancaria. Reportes de aquel episodio señalaron que algunos acudían desde la tarde anterior para asegurar un lugar y que las esperas podían extenderse durante horas.
En julio volvieron a documentarse largas filas de pensionados en esa misma zona de Santiago de Cuba.
Incluso años antes, medios oficiales reconocían problemas estructurales en la infraestructura bancaria de la provincia. Granma informó en 2022 que los cajeros automáticos resultaban insuficientes y que factores como la falta de efectivo, las interrupciones eléctricas, problemas de conexión o averías podían impedir que los clientes retiraran dinero.
Ese antecedente permite entender por qué las actuales colas no pueden explicarse únicamente como un problema puntual de organización.
LA DIFERENCIA ENTRE ALIVIAR EL PROBLEMA Y RESOLVERLO
Dar una silla a un jubilado evita que permanezca de pie. Una bebida reduce el impacto del calor. Un alimento ayuda a quien lleva horas esperando. Son medidas útiles en el momento, pero ninguna aumenta por sí sola la disponibilidad de efectivo ni elimina las dificultades operativas que provocan las filas.
Ahí está el contraste central de lo ocurrido en Santiago de Cuba: la respuesta social está atendiendo las consecuencias de la espera, mientras el problema bancario que origina esa espera continúa presente.
Para un pensionado, la medida verdaderamente decisiva no es encontrar una silla frente al banco, sino poder acceder a su propio dinero sin comenzar una cola desde la víspera ni dedicar buena parte del día a conseguir efectivo.
Las acciones de ETECSA, la FEU y otros voluntarios pueden ser agradecidas por quienes las reciben. Pero convertirlas en la imagen principal de la respuesta institucional corre el riesgo de desplazar la pregunta esencial: ¿qué está haciendo el sistema bancario para que esas sillas, sopas y bebidas dejen de ser necesarias?
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