SURGIDERO DE BATABANÓ BAJO AMENAZA: EL MAR AVANZA Y YA COMIENZA A RECUPERAR TERRENO DONDE AHORA VIVEN PERSONAS
El riesgo de desaparición de Surgidero de Batabanó dejó de ser una advertencia abstracta sobre el futuro. Inundaciones repetidas, pérdida de manglares y el avance del mar están transformando este poblado costero de Mayabeque, donde los efectos del cambio climático ya se manifiestan dentro de viviendas, calles y zonas históricamente habitadas.
Un fotorreportaje publicado por Juventud Técnica y realizado por el periodista Yans Roberto Pérez Domínguez documenta el impacto que tuvieron sobre la comunidad tres eventos meteorológicos ocurridos en poco más de 50 días durante 2024: las tormentas tropicales Helene y Milton y el huracán Rafael. El propio trabajo advierte que el deterioro del ecosistema costero aumenta el riesgo para la permanencia del asentamiento.
SURGIDERO DE BATABANÓ Y UNA COSTA CADA VEZ MÁS VULNERABLE
El 26 de septiembre de 2024, Helene dejó 85,1 milímetros de lluvia en Surgidero de Batabanó. Según Juventud Técnica, los sistemas fluviales se desbordaron y en las zonas más bajas el agua superó un metro de altura. Meses después, Rafael acumuló 183,7 milímetros en solo 24 horas, devolviendo el agua a numerosos hogares.
Las fotografías muestran lo que esas cifras significaron para familias concretas. Yelenis Díaz y Marcos Iván Cintras vivían con sus dos hijos, uno recién nacido entonces, en una vivienda próxima a la costa. Durante Rafael, parte de la estructura resultó dañada, el techo fue arrancado y el interior quedó cubierto de agua y fango. Casi dos años después, la familia continúa allí tras reparar la casa con sus propios medios.
No se trata únicamente de grandes huracanes. El PNUD reconoce que los residentes de Surgidero han tenido que adaptarse a inundaciones frecuentes, y el proyecto Mi Costa contempla trabajos sobre canales y flujos naturales para reducir los efectos de lluvias intensas y penetraciones del mar.
EL MANGLAR ERA UNA BARRERA NATURAL
Una de las claves del problema está en el deterioro de los ecosistemas que históricamente protegían la costa. Estudios sobre la franja sur de Artemisa y Mayabeque han documentado retrocesos de la línea costera, pérdida de bosques de mangle y modificaciones provocadas también por intervenciones humanas que alteraron el drenaje natural.
La Resolución 252/2021 del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente incluye el tramo comprendido entre Surgidero de Batabanó y Playa Tasajera entre las áreas costeras priorizadas. El documento clasifica a Surgidero dentro de una zona de erosión moderada y señala sectores del litoral de Mayabeque con pronóstico de inundación total hacia 2050.
La degradación del manglar importa porque estos ecosistemas funcionan como protección natural frente a oleaje, marejadas e inundaciones. Cuando desaparecen o pierden continuidad, también disminuye parte de esa defensa.
CUBA YA TIENE COMUNIDADES AMENAZADAS POR EL ASCENSO DEL MAR
El problema supera ampliamente a Surgidero. La información actual del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo señala que 14 comunidades cubanas están en riesgo de desaparecer por inundaciones costeras hacia 2050 y que el nivel medio del mar podría aumentar aproximadamente 29,3 centímetros para esa fecha.
Para 2100, el PNUD proyecta un ascenso cercano a 95 centímetros, con más de 94 comunidades costeras expuestas a afectaciones por inundación permanente.
Precisamente para enfrentar este escenario, el proyecto Mi Costa trabaja en zonas del sur de Cuba mediante restauración de manglares, recuperación hidrológica y otras soluciones basadas en ecosistemas. Surgidero de Batabanó aparece entre los lugares directamente incluidos en sus intervenciones. El programa, financiado por el Fondo Verde para el Clima y ejecutado por la Agencia de Medio Ambiente con apoyo del PNUD, está previsto actualmente hasta diciembre de 2029.
El caso de Surgidero muestra por qué esas proyecciones ya no pueden leerse únicamente como cifras para mediados de siglo. El agua ya entra, las viviendas ya sufren daños y la barrera natural de manglares ha perdido capacidad protectora.
El desafío no es determinar si el cambio climático afectará algún día a la comunidad, sino cuánto podrá adaptarse antes de que el territorio deje de ofrecer condiciones seguras para quienes llevan generaciones viviendo frente al mar.
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