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Cuba Bajo Lupa

ROLANDO CUBELA: EL COMANDANTE DE LA REVOLUCIÓN QUE TERMINÓ TRABAJANDO CON LA CIA PARA MATAR A FIDEL CASTRO

Rolando Cubela Secades fue una de las figuras más desconcertantes de los primeros años de la Revolución cubana. Había combatido contra Fulgencio Batista, perteneció al Directorio Revolucionario 13 de Marzo, alcanzó el grado de comandante, presidió la Federación Estudiantil Universitaria y llegó a ocupar responsabilidades dentro del nuevo Gobierno. Sin embargo, pocos años después terminó manteniendo contactos clandestinos con la CIA y participando en planes destinados a eliminar físicamente a Fidel Castro.

El episodio sería explosivo incluso sin conocer un detalle adicional: el 22 de noviembre de 1963, mientras John F. Kennedy era asesinado en Dallas, un oficial de la CIA se reunía en París con Cubela y le entregaba un dispositivo concebido para matar a Castro. Era un bolígrafo modificado con una aguja hipodérmica extremadamente fina que podía ser utilizada para introducir veneno en el cuerpo de la víctima. La coincidencia quedó documentada posteriormente en investigaciones internas de la propia CIA.

DE REVOLUCIONARIO CONTRA BATISTA A COMANDANTE

Cubela procedía del movimiento estudiantil opositor a Batista y se incorporó al Directorio Revolucionario. Durante la lucha clandestina participó en acciones armadas y posteriormente combatió en el Escambray, donde las fuerzas del Directorio coordinaron operaciones con las columnas del Movimiento 26 de Julio. Después del triunfo revolucionario recibió el grado de comandante del nuevo Ejército Rebelde.

Su ascenso continuó después de enero de 1959. Ocupó temporalmente responsabilidades dentro del Ministerio de Gobernación y posteriormente fue elegido presidente de la Federación Estudiantil Universitaria. En aquellos años no era un desconocido situado en los márgenes del poder, sino una figura de la generación revolucionaria que había combatido directamente contra Batista y tenía acceso a importantes dirigentes del nuevo Gobierno.

Esa cercanía sería precisamente lo que convertiría a Cubela en un activo particularmente atractivo para la inteligencia estadounidense.

EL DESENCANTO CON FIDEL CASTRO

Según la reconstrucción posterior de la CIA, Cubela comenzó a distanciarse del rumbo que estaba tomando la Revolución. Los documentos estadounidenses señalan que consideraba que Fidel Castro había traicionado los objetivos originales del movimiento y que el Gobierno estaba evolucionando hacia un sistema comunista mucho más cerrado de lo que él había apoyado originalmente.

En marzo de 1961 se produjo uno de los primeros contactos registrados entre Cubela y representantes estadounidenses en Ciudad de México. Al principio se mostró cauteloso, pero con el paso del tiempo comenzó a insistir en que cualquier intento por cambiar el régimen cubano requería eliminar primero a Fidel Castro. La documentación interna de la CIA afirma que Cubela llegó a declararse dispuesto a hacerlo personalmente.

La Agencia le asignó el criptónimo AMLASH-1.

AMLASH: EL HOMBRE DE LA CIA DENTRO DEL SISTEMA CUBANO

Los contactos se intensificaron durante 1963. La CIA veía a Cubela como una figura capaz de ayudar a crear una ruptura interna entre militares y dirigentes descontentos con Castro. El objetivo no era simplemente obtener información: documentos posteriores describen un proyecto mucho más ambicioso que combinaba conspiración política, posible golpe interno y asesinato.

En septiembre de 1963, Cubela se reunió con el agente Néstor Sánchez en Brasil. En octubre volvieron a encontrarse en París y allí el cubano dejó claro que necesitaba algún tipo de arma para actuar contra Fidel. Inicialmente mostró interés por un rifle de largo alcance, pero la CIA comenzó a explorar métodos mucho más discretos.

La operación estaba entrando en uno de sus momentos más peligrosos.

EL BOLÍGRAFO CON VENENO

El 22 de noviembre de 1963, Cubela volvió a reunirse en París con un oficial de la CIA. El dispositivo que recibió parecía un bolígrafo normal, pero contenía una aguja hipodérmica diseñada para administrar una sustancia tóxica mediante una pequeña punción. El informe del inspector general de la CIA describió posteriormente el plan y confirmó la entrega del arma.

El detalle histórico resulta extraordinario: esa reunión ocurrió el mismo día del asesinato del presidente Kennedy. Un informe secreto de la Agencia señalaría después que era muy probable que en el mismo momento en que Kennedy era tiroteado en Dallas, un oficial estadounidense estuviera entregando en Europa un dispositivo destinado a asesinar al jefe del Gobierno cubano.

No existe evidencia de que Cubela llegara a utilizar el bolígrafo.

¿SABÍA KENNEDY DEL PLAN?

Ese es uno de los grandes interrogantes de la historia. Las investigaciones posteriores comprobaron la participación de funcionarios de la CIA en los planes con Cubela, pero no encontraron pruebas concluyentes de que Kennedy hubiera autorizado personalmente el asesinato de Castro. El Comité del Senado que investigó los complots contra líderes extranjeros concluyó que los registros no demostraban que el director de la CIA John McCone ni otros funcionarios superiores hubieran sido informados específicamente sobre el componente de asesinato del proyecto AMLASH.

Esto no significa que la Casa Blanca desconociera todas las operaciones clandestinas contra Cuba. Kennedy supervisó personalmente numerosas acciones encubiertas después de Bahía de Cochinos, pero la documentación disponible no permite afirmar que hubiera aprobado la entrega del dispositivo a Cubela.

Esa distinción es fundamental porque alrededor del caso han proliferado durante décadas teorías que vinculan directamente los complots contra Castro con el asesinato de Kennedy. Los documentos confirman hechos extraordinarios, pero no prueban todas las conexiones que posteriormente se han construido alrededor de ellos.

EL PLAN CONTINUÓ DESPUÉS DE LA MUERTE DE KENNEDY

La muerte de Kennedy no terminó inmediatamente con las conversaciones. Cubela continuó buscando apoyo para actuar contra Fidel Castro y llegó a solicitar un silenciador para un arma FAL. La CIA, sin embargo, empezó a considerar que la operación se estaba haciendo demasiado peligrosa y que demasiadas personas conocían la conspiración.

En diciembre de 1964, representantes estadounidenses le informaron en París que Estados Unidos no podía continuar involucrándose directamente en un intento de asesinato y que, si quería seguir adelante con esa parte del plan, tendría que buscar apoyo por otras vías. La Agencia terminaría decidiendo cortar los contactos con el grupo debido al creciente riesgo de exposición.

Para entonces, sin embargo, el círculo conspirativo ya era demasiado amplio.

LA SEGURIDAD CUBANA CIERRA EL CERCO

En marzo de 1966, Cubela fue arrestado junto al comandante Ramón Guin Díaz y otros acusados. El Gobierno cubano anunció que había descubierto una conspiración contrarrevolucionaria vinculada con la CIA. El proceso se celebró en La Cabaña y atrajo enorme atención porque uno de los acusados había pertenecido a la misma generación revolucionaria que ahora gobernaba el país.

Pero aquí aparece una de las rarezas más interesantes del expediente. El informe interno de la CIA reveló posteriormente que durante el juicio no se presentaron públicamente todos los contactos que Cubela había mantenido con la Agencia entre 1961 y 1964. La acusación se concentró principalmente en actividades posteriores y en reuniones con Manuel Artime, uno de los principales dirigentes anticastristas del exilio.

¿Por qué el Gobierno cubano no reveló todo lo que sabía? Esa pregunta sigue siendo objeto de debate.

LA FISCALÍA PIDIÓ EL FUSILAMIENTO

El expediente era lo suficientemente grave para que la Fiscalía solicitara la pena de muerte por fusilamiento para Cubela y varios de sus compañeros. Documentos estadounidenses que reproducen las transmisiones de La Habana confirman que el 9 de marzo de 1966 la petición fiscal contemplaba la pena capital para Rolando Cubela, Ramón Guin Díaz, José Luis González Gallarreta y Alberto Blanco Romariz.

Cubela llegó a asumir públicamente una posición extrema durante el proceso. La prensa internacional de la época informó que declaró merecer la pena de muerte, en un juicio donde reconoció su participación en la conspiración.

Todo indicaba que podía terminar ante un pelotón de fusilamiento.

Entonces intervino Fidel Castro.

LA CARTA DE FIDEL QUE LE SALVÓ LA VIDA

El 9 de marzo, Fidel envió una carta al fiscal pidiendo expresamente que no se solicitara la pena de muerte para ninguno de los acusados. Argumentó que la Revolución era suficientemente fuerte como para mostrar clemencia y que las ejecuciones no aportarían un beneficio político significativo.

La intervención modificó el rumbo del proceso. Cubela no fue fusilado y terminó condenado a 25 años de prisión, al igual que Ramón Guin. Otros participantes recibieron condenas inferiores.

El gesto de Fidel ha generado distintas interpretaciones. Algunos historiadores consideran que ejecutar a un antiguo comandante y dirigente estudiantil podía haber generado problemas políticos innecesarios. El propio informe de la CIA especuló que, si toda la relación secreta entre Cubela y la Agencia hubiera sido expuesta públicamente, habría resultado mucho más difícil justificar la clemencia.

¿CUÁNTO SABÍA REALMENTE EL GOBIERNO CUBANO?

Años después, investigadores del Congreso estadounidense preguntaron directamente a autoridades cubanas por el caso AMLASH. La versión ofrecida por La Habana fue que el Gobierno no conoció las verdaderas intenciones de Cubela hasta 1966. El comité estadounidense no pudo confirmar ni descartar completamente esa afirmación.

Ese vacío es importante. Si la Seguridad del Estado había penetrado previamente la conspiración, surge la posibilidad de que algunos contactos con la CIA fueran vigilados durante un periodo prolongado. Si, por el contrario, descubrió el complot tardíamente, Cubela había logrado mantener durante años una relación extraordinariamente peligrosa con la inteligencia estadounidense mientras continuaba dentro del sistema cubano.

No existe documentación concluyente para cerrar ese debate.

13 AÑOS EN PRISIÓN Y SALIDA HACIA ESPAÑA

Cubela no llegó a cumplir los 25 años. Fue liberado en agosto de 1979, después de aproximadamente trece años de prisión, dentro de un proceso de excarcelaciones relacionado con conversaciones entre La Habana y la Administración de Jimmy Carter. Después abandonó Cuba y se estableció en España.

Allí retomó su profesión médica y trabajó como cardiólogo. También participó posteriormente en actividades y actos relacionados con demandas de mayores libertades políticas para Cuba. Tras jubilarse se trasladó a Miami.

Murió en Florida en agosto de 2022, décadas después de haber protagonizado una de las operaciones clandestinas más sorprendentes de la Guerra Fría cubana.

¿TRAIDOR, DISIDENTE O CONSPIRADOR?

La respuesta depende inevitablemente del punto desde donde se observe.

Para el Gobierno cubano, Cubela fue un traidor que aprovechó su prestigio revolucionario para conspirar con una potencia extranjera y preparar la muerte del jefe del Estado. Los documentos desclasificados estadounidenses confirman que su colaboración con la CIA fue real, de manera que esta parte fundamental del expediente no puede reducirse a propaganda fabricada por La Habana.

Pero también es cierto que Cubela había formado parte de una Revolución que originalmente aglutinó corrientes políticas muy diferentes y que terminó rompiendo con el nuevo sistema cuando consideró que Fidel Castro había concentrado demasiado poder y convertido el proceso en una dictadura comunista.

Lo que empezó como descontento político acabó, sin embargo, cruzando una frontera mucho más grave: aceptar colaborar con una agencia de inteligencia extranjera en un plan para eliminar físicamente al gobernante cubano.

EL DETALLE QUE CONVIERTE SU HISTORIA EN UNA PELÍCULA

Pocos casos condensan tantas contradicciones de los años sesenta. Cubela luchó contra Batista, fue comandante revolucionario, presidió la FEU y tuvo acceso al poder. Después pasó a ser AMLASH, el conspirador interno que mantenía reuniones secretas con la CIA y solicitaba recursos para matar al mismo hombre con quien había hecho la Revolución.

Y existe una imagen histórica imposible de ignorar: París, 22 de noviembre de 1963. Un agente estadounidense coloca en manos de un comandante cubano un bolígrafo preparado para matar a Fidel Castro. Al otro lado del Atlántico, prácticamente al mismo tiempo, John F. Kennedy está siendo asesinado en Dallas.

No hace falta agregar conspiraciones para que el episodio resulte extraordinario. Los documentos desclasificados ya son suficientemente explosivos. Rolando Cubela sobrevivió al complot, al juicio y a la prisión. Fidel Castro también sobrevivió.

Pero AMLASH quedó para siempre como uno de los expedientes más increíbles de la guerra secreta entre Washington y La Habana.

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