MANUEL ANTONIO DE VARONA: EL EX PRIMER MINISTRO QUE PUDO CONVERTIRSE EN PRESIDENTE DE CUBA SI TRIUNFABA LA INVASIÓN DE PLAYA GIRÓN
Manuel Antonio de Varona tuvo una de esas vidas que parecen atravesar varias Cubas distintas. Fue dirigente estudiantil, abogado, político del Partido Auténtico, primer ministro, presidente del Senado, opositor a Batista, exiliado después de 1959 y finalmente uno de los principales dirigentes del Consejo Revolucionario Cubano, la estructura política que Washington esperaba utilizar si la invasión de Playa Girón lograba establecer una cabeza de playa dentro de la Isla.
Pero su historia tiene una capa mucho más oscura. Documentación desclasificada y la investigación del Comité Church del Senado estadounidense muestran que Varona, conocido también como Tony Varona, terminó vinculado a operaciones clandestinas de la CIA destinadas a eliminar físicamente a Fidel Castro, incluida una trama con cápsulas de toxina botulínica que debían llegar hasta alguien con acceso a un restaurante frecuentado por el líder cubano.
UN HOMBRE DE LA REPÚBLICA ANTES DE CASTRO
Varona había construido su carrera política mucho antes de enero de 1959. Participó en luchas políticas contra Gerardo Machado, se vinculó al movimiento estudiantil y terminó formando parte del Partido Revolucionario Cubano Auténtico, una de las principales fuerzas políticas de la República. Llegó a ocupar dos de los cargos más importantes del país: fue primer ministro entre 1948 y 1950 y posteriormente presidente del Senado hasta el golpe de Batista de marzo de 1952.
Esa trayectoria resulta importante porque Varona no era un militar improvisado ni un hombre del exilio sin experiencia de Gobierno. Cuando después de 1959 comenzó a trabajar para derrocar a Fidel Castro, lo hacía con el peso de haber dirigido instituciones del Estado cubano y con relaciones políticas construidas durante décadas.
CONTRA MACHADO, CONTRA BATISTA Y DESPUÉS CONTRA CASTRO
Una de las grandes paradojas de Varona es que pasó buena parte de su vida enfrentado a gobiernos cubanos de signos distintos. Había participado en la oposición contra Machado y también rechazó la dictadura de Batista. Tras el triunfo revolucionario, terminó igualmente enfrentado a Fidel Castro y salió al exilio en 1960, cuando consideró que el nuevo Gobierno avanzaba hacia un sistema comunista y cada vez más autoritario.
Ese detalle rompe una simplificación muy repetida sobre el exilio temprano. Varona no procedía del aparato represivo batistiano; era un político republicano con su propio historial de oposición a dictaduras. Su enfrentamiento con Castro surgió después, cuando la Revolución comenzó a eliminar el pluralismo político y a estrechar sus relaciones con el bloque soviético.
EL CONSEJO REVOLUCIONARIO CUBANO Y EL GOBIERNO QUE NUNCA LLEGÓ
En 1961 Varona se convirtió en una figura importante del Consejo Revolucionario Cubano, encabezado por José Miró Cardona y respaldado por Estados Unidos como posible alternativa política al Gobierno revolucionario. Documentos del Departamento de Estado lo sitúan expresamente dentro de esa dirección y muestran que participaba directamente en conversaciones con funcionarios estadounidenses sobre el futuro de Cuba.
El plan relacionado con Playa Girón tenía una dimensión política además de militar. Si la Brigada 2506 conseguía controlar territorio dentro de Cuba durante suficiente tiempo, dirigentes del Consejo podían ser trasladados hasta allí para establecer una autoridad provisional y solicitar reconocimiento y ayuda internacional. La derrota de la invasión hizo imposible ese escenario y dejó a Varona, Miró Cardona y otros dirigentes esperando fuera de Cuba mientras la operación se derrumbaba.
LA FRUSTRACIÓN CON WASHINGTON
Después del fracaso de Girón, Varona no se limitó a culpar a La Habana. Documentación oficial estadounidense muestra que él y Miró Cardona presionaron con fuerza a Washington porque consideraban que solo una acción militar podía eliminar a Castro. En reuniones con funcionarios estadounidenses insistieron en que los exiliados querían saber qué iba a ocurrir después y expresaron frustración ante lo que veían como falta de una estrategia definitiva.
Esto muestra que la relación entre el Consejo Revolucionario y Estados Unidos estaba lejos de ser sencilla. Dependían enormemente del apoyo de Washington, pero al mismo tiempo algunos dirigentes, incluido Varona, criticaban esa dependencia y consideraban que Estados Unidos no había ido suficientemente lejos.
TONY VARONA Y LAS CÁPSULAS DE VENENO
Aquí comienza el capítulo más oscuro de su biografía.
El informe del Comité Church, creado por el Senado estadounidense para investigar abusos de las agencias de inteligencia, documentó una operación en la que la CIA utilizó intermediarios vinculados al crimen organizado para intentar hacer llegar veneno a Fidel Castro. En ese entramado aparecieron Johnny Roselli, Santo Trafficante y Tony Varona.
Según el testimonio recopilado por el Comité, Roselli llegó hasta Varona a través de Trafficante. La CIA había preparado cápsulas con toxina botulínica, y Varona habría indicado que conocía a una persona relacionada con un restaurante frecuentado por Castro. La idea era que esas cápsulas terminaran en manos de alguien con posibilidad real de colocarlas en alimentos o bebidas.
EL PLAN FRACASÓ POR UNA RAZÓN CASI ABSURDA
La operación nunca llegó a ejecutarse. Según la investigación del Senado, Castro dejó de acudir al restaurante donde estaba la persona que supuestamente podía administrar el veneno. Después ocurrió la invasión de Playa Girón y la operación fue abandonada.
El episodio parece sacado de una novela de espionaje, pero forma parte de documentación oficial estadounidense. Aquí no estamos ante una teoría de internet ni ante un relato reconstruido décadas después únicamente por enemigos de Castro: el propio Senado de Estados Unidos investigó la participación de la CIA y dejó constancia del uso de toxina botulínica y de los intermediarios implicados.
LA CIA VOLVIÓ A INTENTARLO
El fracaso de Girón no acabó con los planes clandestinos. En 1962, la CIA volvió a explorar mecanismos para eliminar a Castro y nuevamente apareció la posibilidad de utilizar a Varona como intermediario. La idea seguía siendo introducir veneno dentro de Cuba y acercarlo a alguien capaz de alcanzar físicamente al dirigente revolucionario.
Las operaciones no prosperaron, pero su mera existencia demuestra hasta qué punto Varona había cruzado una frontera política enorme. El antiguo primer ministro de Cuba ya no estaba simplemente haciendo oposición desde Miami: participaba en un mundo de operaciones encubiertas donde se mezclaban exiliados, agentes estadounidenses y figuras vinculadas al crimen organizado.
LA MAFIA Y EL PROBLEMA DE LOS CASINOS
Otro episodio muy polémico relaciona a Varona con Meyer Lansky, una de las figuras más conocidas del crimen organizado estadounidense y profundamente vinculada a los casinos de La Habana durante la etapa anterior a 1959. Fuentes históricas han sostenido que Lansky buscó acercarse a Varona en 1960 con la posibilidad de financiar un futuro gobierno en el exilio a cambio de oportunidades para recuperar negocios perdidos si Castro era derrocado.
Ese acercamiento no produjo un acuerdo duradero, pero refleja el ambiente extraordinariamente confuso de aquellos años. Había exiliados que querían recuperar la democracia, empresarios que querían recuperar propiedades, mafiosos que querían recuperar casinos y una CIA obsesionada con sacar a Castro del poder. No todos perseguían exactamente el mismo objetivo, aunque temporalmente pudieran coincidir contra un enemigo común.
EL HOMBRE QUE PODÍA HABER REGRESADO A GOBERNAR
La historia de Varona adquiere una dimensión todavía más interesante cuando se recuerda que había sido primer ministro de Cuba antes de Batista. Si Girón hubiese triunfado y el Consejo Revolucionario hubiera conseguido instalar una autoridad dentro de la Isla, Varona habría estado entre las figuras con experiencia real de Gobierno capaces de formar parte de esa transición.
Por eso su papel no era meramente simbólico. Washington necesitaba dirigentes cubanos reconocibles que pudieran ofrecer una fachada política propia a una operación que, de otro modo, habría aparecido como una invasión directamente estadounidense. La derrota de la Brigada 2506 destruyó esa posibilidad en menos de tres días.
¿ERA SIMPLE MARIONETA DE LA CIA?
La respuesta parece ser no, al menos no en un sentido automático. Documentos estadounidenses describen al propio Varona como un político que en diferentes momentos criticaba la excesiva dependencia de las organizaciones cubanas respecto a Estados Unidos. El National Security Archive recoge que Varona había cuestionado precisamente esa subordinación antes de la invasión.
Eso no elimina su colaboración con la CIA ni su participación en operaciones clandestinas, pero sí hace su figura más compleja. Varona necesitaba a Estados Unidos para combatir a Castro, mientras desconfiaba al mismo tiempo del grado de control que Washington ejercía sobre el exilio organizado.
DE POLÍTICO REPUBLICANO A OPERADOR DE LA GUERRA FRÍA
Hay algo profundamente simbólico en su trayectoria. En los años cuarenta, Varona había ocupado cargos mediante la política electoral cubana. Veinte años después estaba inmerso en planes clandestinos en los que aparecían veneno, agentes de inteligencia, invasiones y personajes de la Mafia.
No fue el único cubano arrastrado a esa transformación. La ruptura institucional de 1952, la dictadura de Batista, la Revolución de 1959 y posteriormente la confrontación entre Cuba y Estados Unidos terminaron convirtiendo la política cubana en una guerra en la que los instrumentos tradicionales fueron sustituidos cada vez más por conspiraciones, operaciones encubiertas y violencia.
UN EXILIO QUE DURÓ HASTA SU MUERTE
Varona nunca regresó a vivir a Cuba. Continuó vinculado a actividades políticas del exilio y murió en Miami el 29 de octubre de 1992, a los 83 años. Associated Press lo recordó entonces como antiguo primer ministro y dirigente cubano que había combatido dictaduras tanto de derecha como de izquierda.
Su muerte cerró una vida política que había comenzado mucho antes de Castro y que terminó definida, como tantas otras biografías cubanas del siglo XX, por la imposibilidad de regresar al país.
EL HOMBRE ENTRE TRES CUBAS
Manuel Antonio de Varona es difícil de encerrar en una sola etiqueta. Fue político de la República, combatió a Batista, rechazó después a Castro y terminó colaborando con Estados Unidos en una campaña clandestina que incluyó planes para matar al gobernante cubano. No fue únicamente demócrata, conspirador o agente político del exilio; en distintos momentos fue un poco de todo eso.
Y ahí está precisamente la fuerza de su historia.
El hombre que alguna vez dirigió el Gobierno cubano terminó esperando una invasión que debía devolverlo a la Isla. Cuando esa invasión fracasó, siguió conspirando desde Miami y acabó involucrado en una de las operaciones más oscuras reconocidas por la propia inteligencia estadounidense.
Manuel Antonio de Varona pasó de gobernar Cuba con instituciones a intentar cambiar su destino desde las sombras de la Guerra Fría.
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