DELFÍN FERNÁNDEZ, “OTTO”: EL HOMBRE QUE CONOCIÓ LOS SECRETOS MÁS OSCUROS DE LA FAMILIA CASTRO Y DECIDIÓ CONTARLOS
Durante aproximadamente 15 años, Delfín Fernández, conocido dentro de la contrainteligencia cubana con el nombre operativo de “Otto”, trabajó en un mundo al que muy pocos cubanos tenían acceso: el círculo del poder, los negocios con extranjeros y los mecanismos de vigilancia alrededor de Fidel y Raúl Castro. Fernández aseguró haber pertenecido al Departamento 11 de la contrainteligencia, una estructura vinculada a hoteles, agencias turísticas y visitantes extranjeros de interés para el aparato de seguridad. En 1999 desertó durante una misión en Europa y comenzó posteriormente a revelar episodios que, de ser ciertos, mostraban una realidad radicalmente diferente de la austeridad revolucionaria presentada durante décadas ante el pueblo.
Sus testimonios fueron recogidos por medios como The Miami Herald, The Telegraph, The Independent y otros medios internacionales. Algunas de sus afirmaciones también terminaron siendo utilizadas como fuente en investigaciones sobre el poder económico de las Fuerzas Armadas cubanas. Sin embargo, es imprescindible establecer una diferencia: que Fernández haya realizado estas denuncias está documentado; que todos los episodios específicos que relató hayan sido demostrados de manera independiente es otra cuestión. CubaBajoLupa presenta a continuación sus principales revelaciones manteniendo esa distinción.
HOTELES CON CÁMARAS Y MICRÓFONOS OCULTOS
Una de las acusaciones más graves de Fernández fue que la contrainteligencia cubana utilizaba instalaciones turísticas para vigilar secretamente a empresarios, políticos y otras personalidades extranjeras. Según contó, el Departamento 11 había sido creado para penetrar hoteles y agencias de viajes, mientras él trabajaba bajo la cobertura de un cargo relacionado con una cadena hotelera. Allí, aseguró, se utilizaban cámaras y micrófonos para registrar movimientos y conversaciones de visitantes considerados importantes.
Fernández afirmó que él mismo participó en el monitoreo de empresarios extranjeros y sostuvo que existía un mercado clandestino relacionado con videos sensibles de empresarios españoles obtenidos por agentes cubanos. También aseguró que Fidel Castro tenía interés personal en determinados materiales obtenidos mediante estas operaciones. Son acusaciones extraordinariamente graves y, precisamente por eso, deben permanecer atribuidas al exagente mientras no exista prueba pública independiente para cada caso.
EXPEDIENTES PARA CONOCER LAS DEBILIDADES DE LOS INVERSIONISTAS
Fernández no describió aquella vigilancia como una simple operación de seguridad. Según su testimonio, alrededor de determinados empresarios extranjeros se elaboraban expedientes con información comprometedora, especialmente cuando tenían intención de invertir en Cuba. Conocer relaciones personales, hábitos privados o situaciones delicadas proporcionaba al aparato de inteligencia una enorme ventaja frente a personas que posteriormente podían negociar con el Estado cubano.
El elemento fundamental de esta denuncia es que el turismo y la inversión extranjera, dos sectores presentados públicamente como actividades económicas, aparecían en el relato de Fernández conectados con la inteligencia. El empresario podía creer que simplemente estaba visitando La Habana para negociar un hotel o una inversión, mientras, según “Otto”, detrás funcionaba una maquinaria dedicada también a observarlo, grabarlo y construir un expediente sobre él.
LAS MALETAS CON DINERO QUE, SEGÚN ÉL, SACÓ DE CUBA
Entre sus declaraciones más explosivas está una realizada sin demasiados rodeos: Fernández aseguró haber transportado maletas con dinero fuera de Cuba para los hermanos Castro. The Miami Herald recogió directamente esa afirmación en 2006, dentro de un reportaje dedicado a sus años alrededor del círculo gobernante.
El exagente fue todavía más lejos al acusar a Raúl Castro de acumular recursos y pensar en una eventual transición que permitiera proteger económicamente a su familia. CubaBajoLupa no encontró en las fuentes revisadas documentación judicial independiente que permita establecer como probado el origen, cantidad o destino de aquellas supuestas maletas. Lo demostrado es que Fernández hizo públicamente esa acusación y dijo haber participado personalmente en esos movimientos de efectivo.
EL PODER ECONÓMICO DE LOS MILITARES Y EL ENTRAMADO DE GAESA
Probablemente una de las partes más importantes de las revelaciones de “Otto” sea también una de las menos pintorescas: la descripción del poder empresarial que se estaba concentrando alrededor de las Fuerzas Armadas y de Raúl Castro. En junio de 2001 concedió una entrevista dedicada específicamente a lo que llamó el poder económico de los hermanos Castro, en la que describió empresas y conexiones comerciales vinculadas a esa estructura.
Años después, un trabajo de la Association for the Study of the Cuban Economy (ASCE) sobre el conglomerado cubano reconoció expresamente que gran parte de su información referente a operaciones y empresas de GAESA provenía de aquel testimonio de Fernández. Esto no convierte automáticamente cada una de sus afirmaciones en verdad demostrada, pero muestra que su relato trascendió el terreno de las anécdotas personales y fue considerado relevante para estudiar cómo el aparato militar se convirtió también en un enorme poder económico.
HASTA 300 VEHÍCULOS PARA LOS CASTRO, SUS FAMILIAS Y ESCOLTAS
Fernández también describió un estilo de vida que contrastaba con el discurso oficial de sacrificio. Según declaró a The Miami Herald, Fidel y Raúl Castro podían disponer de hasta 300 automóviles entre ellos, sus familiares y sus equipos de seguridad. También dijo que Fidel se desplazaba habitualmente en una caravana de seis o siete vehículos y que varios Mercedes-Benz negros prácticamente idénticos formaban parte del dispositivo.
La importancia de esta historia no está simplemente en contar carros. Durante décadas, poseer un automóvil fue para buena parte de los cubanos un privilegio prácticamente inalcanzable, mientras el Estado justificaba restricciones con un discurso permanente de escasez y resistencia. El relato de Fernández mostraba, en cambio, una infraestructura privada de movilidad y seguridad enormemente superior a la disponible para la población.
EL JAMÓN “PATA NEGRA” DE 2.500 DÓLARES PARA FIDEL
Entre los encargos que Fernández aseguró haber realizado personalmente figura uno difícil de olvidar. Según contó, fue enviado a España para regresar con aproximadamente 2.500 dólares en jamón español “pata negra” destinado a Fidel Castro, una de las delicadezas más caras de la gastronomía española. La historia fue recogida tanto por The Miami Herald como por medios británicos.
Una compra de jamón no constituye por sí misma un gran escándalo político, pero adquiere otra dimensión dentro del contexto cubano. Mientras millones de personas vivían bajo racionamiento y durante el Período Especial llegaron a enfrentar carencias alimentarias extremas, Fernández describía un circuito internacional capaz de movilizar personas y recursos para satisfacer gustos particulares de la máxima dirigencia.
CLÍNICAS Y MÉDICOS RESERVADOS PARA LA CÚPULA
La salud de Fidel Castro fue durante décadas tratada prácticamente como un secreto de Estado, y Fernández afirmó que esa obsesión llegó al extremo de disponer de infraestructura médica completamente reservada. Según contó, Fidel y Raúl tenían médicos y servicios propios tanto en instalaciones del Consejo de Estado como en el hospital CIMEQ.
Fernández aseguró además que Fidel había mandado construir una clínica multimillonaria a pocos metros de su residencia, de modo que una emergencia médica pudiera ser atendida sin que la información saliera inmediatamente al exterior. Según su interpretación, aquello permitiría que incluso un infarto o la muerte del gobernante pudiera mantenerse temporalmente restringido a la familia, la escolta y Raúl Castro. Nuevamente, se trata del relato del exagente publicado por The Miami Herald, no de documentación oficial cubana sobre esa instalación.
LA ROPA INTERIOR DE FIDEL TERMINABA QUEMADA
Otra de las historias de Fernández revelaba el grado de paranoia existente alrededor de la seguridad del gobernante. Según afirmó, Bienvenido “Chicho” Pérez, jefe de la escolta de Fidel, le había explicado que la ropa interior utilizada por Castro era quemada para evitar que alguien pudiera impregnarla con sustancias tóxicas durante el proceso de lavado.
Puede parecer una anécdota absurda, pero refleja el nivel de temor que rodeaba a un gobernante que sobrevivió durante décadas entre amenazas reales, conspiraciones, operaciones de inteligencia y obsesiones de seguridad. Hasta una pieza de ropa podía ser tratada, según aquel testimonio, como un posible vehículo para un atentado.
MARIELA CASTRO, ITALIA Y UN ROTTWEILER PARA FIDEL
La misión durante la cual Fernández terminó desertando también muestra hasta qué punto se mezclaban, según su versión, funciones estatales con necesidades de la familia gobernante. En 1999 viajó a Europa y aseguró que parte del itinerario consistía en dejar a Mariela Castro Espín, hija de Raúl Castro, en Italia y después recoger en Alemania un perro Rottweiler destinado a Fidel Castro.
Fernández aprovechó aquel viaje para abandonar el régimen y quedarse en España. Allí comenzó una nueva vida y posteriormente trabajó como guardaespaldas de personajes conocidos antes de trasladarse a Miami. La paradoja es notable: una misión relacionada con la propia familia Castro terminó convirtiéndose en la oportunidad que permitió a uno de los hombres que conocía sus secretos escapar y comenzar a contarlos.
EL SUPUESTO PLAN PARA SACAR DE CUBA A LA FAMILIA CASTRO
A comienzos de 2007 apareció otra de sus acusaciones más sensibles. Fernández aseguró que desde años antes existía un plan de emergencia destinado a facilitar la salida de miembros de las familias de Fidel y Raúl Castro si la situación en Cuba obligaba a abandonar rápidamente el país. En declaraciones difundidas originalmente por El Mercurio de Chile y reproducidas por EFE, señaló a Chile como uno de los destinos estratégicos considerados.
Fernández afirmó incluso que había participado en preparativos relacionados con España y sostuvo que la opción española también era considerada por vínculos familiares, propiedades y nacionalidades. No presentó públicamente documentos que permitieran demostrar el supuesto operativo y, por tanto, CubaBajoLupa lo presenta estrictamente como una afirmación del exagente. Lo significativo es que el hombre que había trabajado alrededor de la familia Castro aseguraba que, mientras el discurso oficial reclamaba resistir hasta las últimas consecuencias, detrás del poder también podían haberse contemplado rutas de salida.
ROBERTO ROBAINA: EL EJEMPLO DE LO QUE PASABA AL QUE QUISIERA CAMBIAR EL SISTEMA
Fernández también habló sobre Roberto Robaina, una de las figuras políticas cubanas que mayor proyección internacional alcanzó durante los años noventa. Robaina fue canciller y durante un tiempo representó una imagen más joven y menos rígida de la dirigencia, pero en 1999 fue abruptamente destituido.
Fernández, quien aseguró conocerlo, lo describió como un hombre con ideas progresistas y sostuvo que su caída demostraba los límites de cualquier intento de transformación desde dentro. Según “Otto”, Robaina permaneció aproximadamente dos años bajo arresto domiciliario después de ser apartado. Esta última afirmación procede directamente del testimonio de Fernández publicado por The Miami Herald; la destitución de Robaina en 1999 sí está documentada independientemente.
MÁS QUE JAMÓN, PERROS Y ROPA INTERIOR
Sería fácil reducir las revelaciones de Delfín Fernández a las historias extravagantes que provocaban titulares: el jamón de miles de dólares, el perro enviado desde Alemania o la ropa interior incendiada. Pero quedarse únicamente con esas anécdotas sería perder de vista la parte verdaderamente importante de su testimonio. “Otto” describió un sistema donde inteligencia, turismo, inversión extranjera, negocios militares, seguridad personal y privilegios familiares podían funcionar como piezas de una misma maquinaria de poder.
Su relato también expuso una contradicción que atraviesa buena parte de la historia del castrismo: mientras a los cubanos se les pedía sacrificio, austeridad y resistencia, Fernández decía haber conocido otra Cuba detrás de las puertas del poder, con vehículos, médicos exclusivos, casas frente al mar, productos importados y una estructura diseñada para garantizar que quienes gobernaban no sufrieran las mismas limitaciones que imponían al resto del país. El antiguo analista de la CIA Brian Latell, después de conversar durante horas con Fernández, declaró a The Miami Herald que había encontrado casi todas sus historias altamente creíbles, aunque esa valoración, por supuesto, tampoco sustituye la comprobación independiente de cada denuncia.
Delfín Fernández salió de Cuba llevando consigo algo probablemente mucho más peligroso que cualquier documento: la memoria de cómo funcionaban determinados mecanismos internos del sistema. Después decidió hablar. Más de dos décadas después, sus testimonios siguen permitiendo mirar detrás de una estructura de poder que durante años convirtió en secreto prácticamente todo lo relacionado con la vida privada, los negocios y la seguridad de los hombres que gobernaban la Isla.
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