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Cuba Bajo Lupa

¿Y SI ARNALDO OCHOA NO ERA EL PRINCIPAL? TONY DE LA GUARDIA Y EL VERDADERO CORAZÓN DE LA CAUSA 1 DE 1989

Cuando se habla de la Causa 1 de 1989, casi siempre el nombre que domina la historia es Arnaldo Ochoa. Era general de División, Héroe de la República y uno de los militares más prestigiosos de Cuba. Pero si se observa únicamente la parte relacionada con las operaciones de narcotráfico que el propio juicio dio por probadas, aparece otra figura mucho más cercana al corazón operativo del escándalo: Antonio “Tony” de la Guardia Font, coronel del Ministerio del Interior y jefe del secreto Departamento MC.

La diferencia es importante porque el caso contra Ochoa estaba relacionado principalmente con proyectos de negocios ilegales, conocimiento de determinadas operaciones y el envío de Jorge Martínez a reunirse con Pablo Escobar. Tony de la Guardia, en cambio, fue presentado como el organizador de la estructura que ya había ejecutado operaciones concretas relacionadas con cargamentos de cocaína. Incluso Fidel Castro, años después, estableció públicamente esa diferencia al afirmar que Tony había sido “el organizador” y que su responsabilidad no era comparable con la de Ochoa.

Un coronel acostumbrado a trabajar en la sombra

Tony de la Guardia no apareció repentinamente en 1989. Había desarrollado una carrera vinculada durante años a operaciones especiales, inteligencia y misiones clandestinas en el extranjero. Diversas reconstrucciones históricas lo sitúan en tareas sensibles en Nicaragua y en otras operaciones internacionales antes de regresar a La Habana y asumir responsabilidades vinculadas al programa MC del Ministerio del Interior.

Era precisamente ese tipo de experiencia lo que hacía valioso a De la Guardia. Sabía trabajar con intermediarios, mover recursos discretamente, utilizar rutas internacionales y operar fuera de los mecanismos comerciales convencionales. Cuando quedó al frente de MC, Moneda Convertible, esas habilidades comenzaron a utilizarse para obtener divisas, mercancías y tecnología que Cuba tenía dificultades para adquirir debido a las restricciones estadounidenses. La estructura era clandestina por diseño, y ese detalle resulta fundamental: MC no se volvió secreta cuando apareció la cocaína; ya operaba así desde antes.

MC: de las operaciones clandestinas al narcotráfico

El Departamento MC utilizaba redes comerciales informales y contactos internacionales para conseguir tecnología y mercancías desde Estados Unidos y otros países. Ese funcionamiento exigía personas capaces de mover barcos, dinero, documentación, equipos y contactos sin dejar demasiado rastro. Julia Preston explicó en su investigación contemporánea de 1989 que la estructura dirigida por Tony había sido diseñada precisamente para burlar el embargo y conseguir productos tecnológicos y otros bienes para Cuba.

Según la acusación cubana, el problema surgió cuando esas mismas redes clandestinas comenzaron a utilizarse para operaciones relacionadas con el narcotráfico. Entre 1987 y 1989, el grupo habría facilitado el movimiento de aproximadamente seis toneladas de cocaína del Cartel de Medellín, obteniendo alrededor de 3,4 millones de dólares. A diferencia de los proyectos atribuidos a Ochoa, aquí la acusación hablaba de operaciones ya ejecutadas, con rutas, contactos y dinero real.

La gran diferencia con Ochoa

La memoria popular terminó mezclando a todos los acusados bajo una sola etiqueta: “Ochoa y el narcotráfico”. Pero jurídicamente y operativamente los expedientes no eran idénticos. El caso contra Ochoa incluía contactos con narcotraficantes y proyectos de negocios, especialmente el viaje de su ayudante Jorge Martínez a Medellín para reunirse con Pablo Escobar. Sin embargo, durante el juicio no se presentó evidencia de que Ochoa hubiera organizado personalmente los cargamentos de cocaína manejados por el grupo de Tony.

Con De la Guardia ocurría exactamente lo contrario. Era el responsable de la estructura desde donde surgieron las operaciones concretas. Fidel Castro lo reconoció posteriormente de una forma extraordinariamente directa cuando dijo que entre Ochoa y Tony existía una “gran diferencia” y describió a De la Guardia como el organizador. Esa afirmación ayuda a entender por qué Tony puede considerarse el verdadero centro operativo de la parte narcotraficante de la Causa 1.

Amado Padrón y la maquinaria operativa

Tony tampoco actuaba solo. Uno de sus colaboradores más importantes era Amado Padrón Trujillo, mayor del Ministerio del Interior. La sentencia de 1989 presentó a ambos como piezas centrales de las actividades del Departamento MC, mientras otros oficiales recibieron largas condenas de prisión.

El País informó al conocerse las condenas que De la Guardia era coronel del clandestino Departamento MC y que Padrón había ejecutado 19 operaciones relacionadas con narcotráfico entre 1987 y 1989, cuatro de ellas fallidas. Esa información permite visualizar mejor la estructura: Tony ocupaba la posición de dirección y coordinación, mientras Padrón aparecía como uno de los principales hombres encargados de convertir determinados proyectos en operaciones reales.

La pregunta incómoda: ¿cuánta autonomía tenía?

Si Tony dirigía una estructura clandestina del Ministerio del Interior, manejaba contactos internacionales, utilizaba recursos vinculados al Estado y coordinaba operaciones que, según la acusación, terminaron moviendo toneladas de cocaína, surge una pregunta inevitable: ¿cuánta autonomía tenía realmente?

La versión oficial sostuvo que De la Guardia y sus hombres habían transformado una estructura creada para obtener recursos para Cuba en un negocio ilegal personal sin conocimiento de la máxima dirección política. Ese argumento fue fundamental para la Causa 1. Sin embargo, desde 1989 han aparecido testimonios de antiguos funcionarios cubanos, familiares de Tony y exmiembros de los servicios de seguridad que sostienen lo contrario y afirman que actividades de semejante magnitud eran conocidas en niveles superiores.

Aquí hay que establecer un límite claro: esas declaraciones no constituyen por sí solas una prueba documental definitiva de que Fidel o Raúl Castro ordenaran personalmente los cargamentos. Pero sí mantienen abierta la pregunta sobre quién autorizaba las misiones, quién conocía los contactos y hasta dónde llegaba realmente la cadena de mando.

Su hija y otra versión del caso

Décadas después, Ileana de la Guardia, hija de Tony, ha relatado públicamente su versión de aquellos acontecimientos. Entre otras cosas, ha cuestionado el nivel real de autonomía que tenía el Departamento MC y ha planteado dudas sobre quién conocía las operaciones y qué destino tenía el dinero obtenido por la estructura.

Sus declaraciones tienen valor testimonial porque vivió de cerca el arresto y el juicio de su padre, pero deben ser presentadas como lo que son: el testimonio de una familiar, no documentos oficiales independientes. Aun así, sus preguntas coinciden con el interrogante fundamental del caso: si MC realizaba operaciones para obtener recursos destinados originalmente al Estado, ¿en qué momento determinadas operaciones dejaron de ser consideradas misiones oficiales y pasaron a convertirse en delitos personales?

Tony y Pablo Escobar

La conexión de la Causa 1 con Pablo Escobar suele asociarse inmediatamente a Ochoa porque fue su ayudante Jorge Martínez quien viajó a Medellín y se reunió personalmente con el capo colombiano. Pero Tony también aparece dentro de esa cadena. Según las reconstrucciones del proceso, De la Guardia participó en aspectos logísticos que facilitaron determinados contactos del grupo de Ochoa con Colombia.

Lo más importante, sin embargo, es que el Departamento MC ya estaba relacionado con redes colombianas antes de que aquel viaje se convirtiera en uno de los momentos más conocidos del juicio. Eso significa que Pablo Escobar era solamente una parte visible de una relación mucho mayor entre narcotraficantes colombianos, intermediarios internacionales y estructuras clandestinas cubanas.

El juicio y un Tony completamente diferente

Las imágenes de la Causa 1 también dejaron una impresión muy distinta de la figura casi legendaria del oficial de operaciones especiales. Julia Preston recordó que cuando Tony compareció ante el tribunal estaba extremadamente nervioso, hasta el punto de tener dificultades para hablar y pedir agua durante su declaración.

El contraste era brutal: un hombre acostumbrado durante años a operaciones clandestinas internacionales aparecía ahora frente a las cámaras, obligado a explicar públicamente cómo funcionaban esas mismas redes. Su confesión fue central para la acusación y su destino terminó ligado al de Ochoa.

La condena y el final

El tribunal condenó a muerte a Arnaldo Ochoa, Tony de la Guardia, Amado Padrón y Jorge Martínez. En el caso de Tony, la fiscalía lo colocaba directamente en el núcleo organizativo del narcotráfico. El proceso fue extremadamente rápido y las garantías de defensa fueron cuestionadas por organizaciones internacionales.

El 13 de julio de 1989, los cuatro fueron ejecutados al amanecer. Tony tenía entonces unos 50 años. Su hermano gemelo, Patricio de la Guardia, recibió una condena de 30 años de prisión y sobrevivió.

El hombre que podía explicar cómo funcionaba realmente MC

Si alguien podía explicar con precisión cómo se creó el Departamento MC, qué operaciones realizaba, quién autorizaba sus misiones, cómo circulaba el dinero y hasta dónde llegaban sus contactos internacionales, ese hombre era Tony de la Guardia. Él había dirigido la estructura y conocía el funcionamiento operativo mucho mejor que Ochoa.

Por eso su ejecución ha generado durante décadas una interpretación distinta a la versión oficial: que con su muerte desapareció uno de los testigos que mejor podía explicar cómo funcionaba realmente la relación entre las operaciones clandestinas del MININT y los niveles superiores del poder cubano. Eso es una hipótesis, no un hecho demostrado, pero hay algo que sí puede afirmarse: Tony sabía mucho más sobre el funcionamiento operativo del Departamento MC que Arnaldo Ochoa.

¿Por qué la historia recuerda principalmente a Ochoa?

La explicación probablemente está en la dimensión pública de ambos hombres. Ochoa era un héroe nacional, general de División y comandante de tropas en África. Su caída tenía una dimensión política y emocional incomparable. Tony era menos conocido por la población porque gran parte de su carrera se había desarrollado dentro del mundo de las operaciones secretas.

Por eso el proceso terminó siendo conocido popularmente como “el juicio de Ochoa”. Pero si retiramos por un momento el prestigio militar y observamos únicamente el engranaje relacionado con los cargamentos de cocaína, la estructura cambia: Ochoa aparece como una figura importante, mientras Tony de la Guardia aparece en el centro.

Su Departamento MC tenía las redes, sus hombres ejecutaban operaciones, los contactos internacionales pasaban por su estructura y, según el propio Fidel Castro, Tony había sido el organizador.

Quizás por eso, casi cuatro décadas después, hay una pregunta que merece hacerse de otra manera:

¿Y si la Causa 1 siempre fue recordada con el nombre equivocado?

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