“SI ESTO ES UNA PIZZA, YO SOY UNA BICICLETA”: DENUNCIAN MALA CALIDAD DE RECONOCIDA PIZZERÍA EN LA CIUDAD DE MATANZAS
Una publicación en Facebook del matancero Yaudel Rodríguez Vento ha puesto bajo la lupa la calidad del servicio en una pizzería ubicada frente al Parque de la Libertad, en la ciudad de Matanzas, y perteneciente al establecimiento El Pekín. Su denuncia mezcla ironía y crítica para describir una experiencia marcada, según su relato, por una pizza extremadamente dura, un refresco en mal estado, falta de sal y problemas para completar el pago mediante código QR.
“Si esto es una pizza, yo soy una bicicleta”, escribió Rodríguez Vento al resumir su experiencia. La publicación no constituye una inspección sanitaria ni una evaluación oficial del establecimiento, por lo que los señalamientos deben entenderse como el testimonio de un cliente. Sin embargo, el relato resulta relevante porque concentra varios problemas que afectan directamente la experiencia del consumidor: calidad del producto, disponibilidad de insumos y funcionamiento de los sistemas de cobro.
Una pizza que, según el cliente, casi no podía cortarse
Rodríguez Vento aseguró que la pizza estaba tan dura que cortarla con un cuchillo resultaba complicado. Incluso bromeó con una obra colocada en una de las paredes del local, donde aparece un cuchillo partido al intentar cortar un pedazo, y afirmó que la escena parecía anticipar lo que encontraría en el plato.
La crítica a la pizza no aparece completamente aislada de otros comentarios públicos sobre El Pekín. Una búsqueda de reseñas del establecimiento en plataformas de viajes muestra opiniones variadas sobre su oferta gastronómica, incluida alguna crítica específica a la calidad de las pizzas, aunque esas reseñas corresponden a experiencias independientes y no permiten determinar cómo funciona actualmente el local de forma general.
Refresco, sal y un QR que no terminaba de funcionar
La publicación añade que el refresco de guanábana tenía un sabor desagradable. Cuando el cliente habría intentado cambiarlo, la respuesta que recibió, según su versión, fue que todos estaban iguales y que el producto “venía así”. CubaBajoLupa no ha localizado una respuesta pública del establecimiento a ese señalamiento, por lo que no es posible establecer si existía algún problema con el lote de bebidas o con su conservación.
Otro detalle relatado fue la ausencia de sal. Según Rodríguez Vento, al solicitarla recibió como respuesta que no había disponible. A ello se sumó un problema con el sistema de pago electrónico: el local aceptaba pagos en línea, pero el código QR habría fallado durante la visita, obligando a los clientes a esperar para poder completar el cobro. El propio autor ha publicado otras experiencias en establecimientos de Matanzas donde sí consiguió realizar pagos digitales, lo que refuerza que su crítica en este caso se refiere al funcionamiento puntual del servicio y no al mecanismo de pago en sí mismo.
Una crítica con humor que apunta a problemas más amplios
El tono de la publicación es deliberadamente irónico. “Estamos rodeados de mar y no tenemos sal”, escribió Rodríguez Vento después de enumerar los problemas que asegura haber encontrado. Su relato utiliza el humor para llamar la atención sobre una experiencia gastronómica que considera deficiente, pero al mismo tiempo evita generalizar sobre todo el personal: al final de su publicación aclara que el trato recibido fue bueno.
Ese detalle resulta importante porque separa dos aspectos distintos del servicio. La denuncia no está enfocada fundamentalmente en el comportamiento de los trabajadores, sino en la calidad de los productos, la disponibilidad de recursos y el funcionamiento del cobro.
También permite evitar una conclusión que el propio testimonio no demuestra: una mala experiencia individual no prueba que todos los productos del establecimiento tengan siempre la misma calidad ni que exista una falla permanente. Para establecer algo así sería necesario contar con inspecciones, múltiples testimonios consistentes o una respuesta institucional.
Por ahora, lo que existe es una crítica pública de un cliente, cargada de humor, pero con una pregunta bastante seria detrás: ¿qué nivel de calidad puede esperar un consumidor cuando paga por un servicio gastronómico en Matanzas?
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