JUPIÑA: LA HISTORIA DEL REFRESCO CUBANO QUE NACIÓ ENTRE EL ORO ESPAÑOL, CAMIONES Y CERVEZA HATUEY GRATIS
Mucho antes de convertirse en uno de esos sabores capaces de despertar nostalgia entre generaciones de cubanos, la historia de Jupiña en Cuba estuvo ligada a una pequeña industria de Pinar del Río, empresarios españoles, operaciones pagadas en oro y una peculiar estrategia comercial: invitar cerveza Hatuey a los clientes de los bares.
Documentos históricos recopilados por el historiador pinareño Wilfredo Denie Valdés sitúan el origen de aquella fábrica en 1905, en la ciudad de Pinar del Río. Con el tiempo, el establecimiento terminaría siendo conocido popularmente como “La Jupiña”, precisamente por la fama alcanzada por el refresco que producía.
LA HISTORIA DE JUPIÑA EN CUBA COMENZÓ EN PINAR DEL RÍO
Antes de la instalación de la fábrica, en el área de Recreo y Cabada existía una casona colonial vinculada a la familia Roberti, según recoge el libro Apuntes para una historia de Pinar del Río.
La empresa industrial surgió formalmente el 6 de junio de 1905 bajo la sociedad integrada por Ramón González Guerra y Moisés González del Pino. Sin embargo, aquella asociación duró poco: el 25 de junio del mismo año fue disuelta y González del Pino quedó como único propietario.
Posteriormente, la fábrica fue vendida al español Juan Montes Crespo por 1.300 pesos en oro de cuño español, una cifra que aparece consignada en los registros históricos reproducidos por Denie Valdés.
El 27 de agosto de 1907, Montes Crespo quedó inscrito como industrial ante el notario Gaspar Baicona Acosta con un establecimiento denominado La Pinareña y La Cotorra. Los documentos también hacen referencia a La Occidental y describen la actividad como fábrica de gaseosas, refrescos, agua y seltz.
DE “LA PINAREÑA” A “LA JUPIÑA”
El nombre que sobrevivió en la memoria popular no fue necesariamente el que aparecía en los documentos notariales.
Según la investigación histórica, los pinareños comenzaron a identificar la fábrica como “La Jupiña”, vinculándola directamente con el conocido refresco que allí se elaboraba. La producción alcanzó suficiente importancia como para que sus propietarios dispusieran de una flotilla de camiones destinada al traslado de las bebidas.
Ese detalle permite dimensionar mejor el negocio: no se trataba únicamente de una pequeña producción artesanal encerrada detrás de una fachada colonial, sino de una empresa con capacidad de distribución y presencia comercial dentro de la provincia.
CUANDO LA PUBLICIDAD DE HATUEY TERMINABA EN LOS VASOS
Quizás la anécdota más pintoresca de esta historia llegó después.
El prestigio alcanzado por la fábrica hizo que se convirtiera en agente de la cerveza Hatuey en Pinar del Río. La compañía destinaba dinero para promocionar la marca, pero los responsables de La Jupiña encontraron una forma mucho más directa de emplear aquel presupuesto.
El relato conservado por Denie Valdés sostiene que los hermanos Montes llegaban a los establecimientos y ordenaban al cantinero servir cerveza a los presentes sin cobrarles. La cerveza promocionada era, naturalmente, Hatuey.
Era una estrategia sencilla: en vez de llenar las calles de anuncios, llenaban los vasos de los potenciales consumidores.
La anécdota resulta hoy especialmente llamativa porque muestra una forma de mercadeo que, más de un siglo después, podría describirse como una campaña promocional basada en experiencia directa con el producto.
MUCHO MÁS QUE UN REFRESCO
La historia de La Jupiña permite recuperar una parte menos conocida del tejido empresarial cubano de comienzos del siglo XX: pequeñas y medianas industrias que fabricaban, distribuían y competían por ganarse al consumidor local.
En el caso pinareño, el nombre comercial terminó sobreviviendo mejor que buena parte de los detalles empresariales que lo hicieron posible.
Detrás del refresco de piña quedaron una casona colonial, una sociedad fundada en 1905, una compraventa en oro español, camiones de distribución y hasta cerveza gratis pagada con un presupuesto publicitario.
Por eso, contar la historia de Jupiña es también contar un pequeño fragmento de la memoria económica y cotidiana de Pinar del Río.
SIGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES






