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Cuba Bajo Lupa

TONY DE LA GUARDIA: EL SECRETO DE SEIS PALABRAS QUE LE SUSURRÓ A SU HIJA ANTES DEL FUSILAMIENTO Y QUE FIDEL NO PUDO EVITAR

La madrugada del 13 de julio de 1989, Antonio “Tony” de la Guardia fue fusilado junto al general Arnaldo Ochoa, Amado Padrón y Jorge Martínez después de ser condenados por delitos relacionados con narcotráfico y alta traición. La ejecución cerró uno de los procesos políticos y militares más estremecedores de la Cuba posterior a 1959, pero para Ileana de la Guardia, hija de Tony, aquella historia nunca terminó en el paredón. Décadas después ha reconstruido públicamente las últimas semanas de su padre, las presiones que asegura que sufrió durante el proceso y las conversaciones familiares previas a su muerte.

Tony de la Guardia había sido coronel del Ministerio del Interior y formaba parte de una estructura dedicada a obtener divisas y adquirir en el exterior productos restringidos para Cuba. Documentos y reportes contemporáneos del caso sostuvieron que su grupo participó también en operaciones relacionadas con el cartel de Medellín. El Gobierno cubano afirmó en junio de 1989 que oficiales encabezados por Ochoa y De la Guardia habían facilitado operaciones de narcotráfico y recibido millones de dólares.

UNA DETENCIÓN QUE CAMBIÓ A TODA LA FAMILIA

Los arrestos comenzaron el 12 de junio de 1989. Una información contemporánea de The Washington Post, basada en la versión publicada entonces por Granma, situó en esa fecha la detención de los oficiales implicados. Ileana recordaría posteriormente que la familia pasó inicialmente horas sin saber con claridad dónde estaban Tony y su hermano gemelo Patricio de la Guardia.

Cuando pudo visitar a su padre en Villa Marista, Ileana encontró a un hombre sometido ya a un proceso sobre cuyo desenlace la familia tenía escaso control. Según su testimonio, durante una de aquellas conversaciones Tony le dio a entender que los acusados habían sido presionados para asumir responsabilidades bajo la expectativa de evitar la pena de muerte y proteger a sus familiares. Esa supuesta promesa es una de las cuestiones más controvertidas del caso: existen testimonios que la sostienen, pero no documentación pública que permita demostrar de manera independiente que Fidel Castro ofreció personalmente conservarles la vida.

El juicio comenzó el 30 de junio. La televisión cubana transmitió extensas partes del proceso y el país presenció cómo algunos de sus militares más conocidos terminaron reconociendo responsabilidades ante un tribunal militar. El 13 de julio, Ochoa, De la Guardia, Padrón y Martínez fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento.

GARCÍA MÁRQUEZ Y LA PETICIÓN DE CLEMENCIA

Uno de los episodios más llamativos relatados por Ileana involucra a Gabriel García Márquez, entonces amigo cercano de Fidel Castro y también conocido de Tony de la Guardia. La relación entre ambos hombres no es una especulación: años después se documentó que García Márquez conservaba en su residencia habanera una pintura que Tony le había regalado.

Ileana contó que ella y su esposo Jorge Masetti acudieron a García Márquez con una carta de su abuela para pedirle que intercediera y evitara las ejecuciones. Según su relato, el escritor respondió que intentaría ayudar y que consideraba inconveniente llegar al fusilamiento. Sin embargo, la propia Ileana reconoce un detalle fundamental: nunca tuvo pruebas de que García Márquez efectivamente hablara con Fidel Castro para pedir clemencia. Después de la ejecución, asegura que no volvió a verlo.

Ese matiz cambia considerablemente algunas versiones más dramáticas que han circulado sobre el episodio. Está documentado el testimonio de Ileana sobre la reunión y la promesa de García Márquez de intentar ayudar; no está probado que el Nobel engañara deliberadamente a la familia o que su actuación fuera parte de una operación destinada a ganar tiempo para el Gobierno cubano.

“SÉ FUERTE Y VETE DE AQUÍ”

En su testimonio más ampliamente documentado sobre la última visita a su padre, Ileana recuerda que Tony le advirtió que la situación de Cuba se pondría “muy mala”, una frase que ella relacionó posteriormente con la profunda crisis económica que llegaría tras el derrumbe del bloque soviético.

Relatos posteriores atribuidos a Ileana añaden otra frase a aquella despedida: “Sé fuerte y vete de aquí”, seis palabras que habrían quedado como la última instrucción de Tony a su hija. La expresión aparece reproducida en publicaciones recientes que reconstruyen su testimonio, aunque no figura en la entrevista de 2016 consultada por CubaBajoLupa. Por esa razón, debe presentarse como una frase atribuida a esa conversación y no como una cita cuya literalidad pueda considerarse demostrada independientemente.

Ileana terminaría abandonando Cuba y convirtiéndose en una de las voces más críticas sobre el proceso que llevó a la muerte de su padre. En 1999 compareció además ante el Congreso de Estados Unidos en una audiencia relacionada con denuncias sobre narcotráfico y posibles conexiones cubanas.

LO QUE SIGUE DIVIDIENDO LA HISTORIA DE 1989

La interpretación de la Causa Número 1 sigue profundamente enfrentada. Fidel Castro defendió años después las condenas y sostuvo que se había producido una traición al país y a la Revolución. En una entrevista de 1994 afirmó que la decisión había sido dolorosa, pero “inevitable”, y responsabilizó a De la Guardia de organizar operaciones que, según él, comprometieron gravemente la seguridad cubana.

Ileana mantiene una versión radicalmente distinta. Sostiene que su padre cumplía instrucciones superiores y que las acusaciones de narcotráfico sirvieron también para eliminar a militares que conocían demasiado y que habían comenzado a cuestionar el rumbo del país. Esa interpretación ha sido compartida por antiguos funcionarios y opositores, pero no ha sido establecida judicialmente mediante documentación independiente.

Más de tres décadas después, esa es precisamente la razón por la que el caso continúa provocando preguntas. Está probado que cuatro hombres fueron juzgados y fusilados en cuestión de semanas. Lo que permanece bajo disputa es cuánto sabía realmente la máxima dirección cubana sobre las operaciones que después atribuyó exclusivamente a quienes terminaron ante el pelotón.

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