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Cuba Bajo Lupa

EL EXOFICIAL CUBANO QUE ESCAPÓ EN BALSA EN 1994 Y AYUDÓ AL FBI A DESCIFRAR LAS COMUNICACIONES SECRETAS DE LA HABANA

En agosto de 1994, mientras miles de cubanos se lanzaban al estrecho de Florida en plena crisis de los balseros, uno de aquellos hombres llevaba consigo algo que iba mucho más allá de una historia de supervivencia. José Cohen Valdés, antiguo oficial vinculado a la inteligencia cubana y especializado en criptografía, logró salir de la isla en una balsa y posteriormente proporcionó información al FBI sobre los métodos utilizados por La Habana para comunicarse con sus agentes en Estados Unidos.

Su caso adquiere relevancia tres décadas después porque los expedientes judiciales estadounidenses han confirmado hasta qué punto la inteligencia cubana logró penetrar instituciones sensibles de Estados Unidos. El Departamento de Justicia ha documentado operaciones clandestinas que alcanzaron la Agencia de Inteligencia de Defensa, el Departamento de Estado y otros espacios del aparato gubernamental.

DE UNA BALSA AL CONTRAESPIONAJE ESTADOUNIDENSE

Cohen desertó de Cuba en 1994. Investigaciones periodísticas posteriores, entre ellas trabajos de The Wall Street Journal y CBS News, lo identifican como un antiguo oficial de criptografía de la inteligencia cubana. CBS informó que, tras llegar a Estados Unidos, entregó al FBI una clave de cifrado que ayudó a interpretar comunicaciones entre los servicios cubanos y sus agentes en territorio estadounidense y contribuyó a investigaciones sobre decenas de posibles operativos.

La existencia de comunicaciones cifradas por onda corta no es una leyenda de espionaje. Documentos del Departamento de Justicia señalan que agentes vinculados a Cuba recibían instrucciones mediante transmisiones en alta frecuencia y mensajes encriptados. En el caso del matrimonio Kendall y Gwendolyn Myers, el FBI llegó a identificar mensajes de onda corta enviados por la inteligencia cubana.

Ese método también aparece documentado en investigaciones relacionadas con Ana Belén Montes, quien trabajó durante años en la Defense Intelligence Agency. Montes fue arrestada el 21 de septiembre de 2001 y posteriormente se declaró culpable de conspiración para cometer espionaje a favor de Cuba. El Departamento de Justicia afirma que había sido reclutada antes de incorporarse a la DIA y que proporcionó a La Habana identidades de funcionarios estadounidenses y otra información clasificada.

UNA RED QUE LLEGÓ MUCHO MÁS ARRIBA DE LO QUE PARECÍA

Montes estuvo lejos de ser un caso aislado. Kendall y Gwendolyn Myers admitieron haber trabajado clandestinamente para Cuba durante cerca de tres décadas. Más recientemente, el exembajador estadounidense Víctor Manuel Rocha se declaró culpable de actuar durante décadas como agente secreto del Gobierno cubano y en abril de 2024 recibió una condena de 15 años de prisión.

Esos casos permiten colocar la historia de Cohen en una dimensión mayor: la inteligencia cubana no dependía únicamente de tecnología sofisticada, sino de reclutamiento humano paciente, comunicaciones clandestinas y agentes capaces de permanecer durante años dentro de instituciones estadounidenses. El propio FBI continúa considerando las actividades de inteligencia de Cuba una amenaza de contrainteligencia para Estados Unidos.

EL PRECIO PERSONAL DE LA DESERCIÓN

La historia tampoco terminó con su llegada a Florida. Human Rights Watch documentó que la esposa y los tres hijos de Cohen permanecieron durante años en Cuba después de su fuga, pese a los esfuerzos de la familia por obtener autorización para salir de la isla. La organización señaló que Cohen no había podido ver a sus hijos durante once años al momento de publicar su informe en 2005.

Ese episodio convierte una historia de contraespionaje en algo mucho más humano. Detrás de códigos, transmisiones secretas y agentes infiltrados hubo también una familia separada durante años por la decisión de un hombre de romper con el aparato al que había pertenecido.

Treinta años después, los casos de Montes, Myers y Rocha demuestran que la preocupación sobre la penetración de la inteligencia cubana en Estados Unidos no pertenecía solamente a la Guerra Fría. La balsa de José Cohen llegó a Florida en 1994; las consecuencias de aquella historia tardaron décadas en terminar de hacerse visibles.

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