TARARÁ YA NO ES GRATIS: VISITANTES DENUNCIAN QUE EL RÉGIMEN COBRA 500 PESOS POR PERSONA LA ENTRADA COMO SI FUESE UNA PLAYA PRIVADA
El acceso a una de las zonas costeras más conocidas del este de La Habana vuelve a generar debate entre cubanos. Según un testimonio publicado en redes sociales, la entrada a la Marina Marlín de Tarará tiene un costo de 500 pesos cubanos por persona, un pago que permite obtener una manilla de acceso al recinto.
La información fue compartida por la creadora de contenido Darelis Guerra (@dare.guerra) mediante un video publicado en Instagram, donde relató su experiencia durante una visita al lugar. De acuerdo con su testimonio, además del pago inicial, los visitantes deben asumir otros gastos dentro de la instalación, como el alquiler de tumbonas.
Entrada, tumbonas y una oferta gastronómica limitada
Según el relato de Guerra, después de pagar la entrada los visitantes deben recorrer aproximadamente dos kilómetros hasta llegar a la zona de la marina. El área cuenta con sombrillas y tumbonas, aunque estas últimas tienen un costo adicional de 400 CUP y no están incluidas en el acceso.
La creadora señaló que la playa suele mantenerse en buenas condiciones, pero durante su visita encontró la arena cubierta de sargazo.
Sobre los servicios disponibles, explicó que la oferta gastronómica era limitada y que únicamente encontró refrescos, los cuales, según afirmó, estaban calientes.
“Ya había escuchado que las ofertas gastronómicas no estaban muy buenas. Así que primero pasamos por una cafetería y nos compramos unas pizzas para no pasar hambre”, comentó Guerra en su publicación.
La visitante aseguró que volvería al lugar por la tranquilidad y seguridad que ofrece en comparación con otras playas del este de La Habana, donde durante el verano suelen concentrarse grandes cantidades de personas.
El costo de disfrutar las playas cubanas
El caso de Tarará ocurre en un contexto donde el acceso recreativo para muchas familias cubanas enfrenta cada vez más obstáculos económicos.
Aunque las playas cubanas son oficialmente consideradas espacios públicos, diferentes gastos asociados al disfrute de estos lugares —como transporte, alimentos, alquiler de medios recreativos y servicios privados— pueden representar una barrera para parte de la población.
En Boca Ciega, por ejemplo, se reportó previamente que el alquiler de una sombrilla o carpa podía alcanzar los 9.000 pesos cubanos, una cifra superior al salario medio mensual citado en el material proporcionado.
El transporte también representa una dificultad. El servicio ferroviario hacia las Playas del Este, anunciado en 2025 con un precio económico por trayecto, no ha confirmado su funcionamiento regular durante la actual temporada según la información disponible.
Tarará, entre su historia y su abandono
Más allá del debate sobre los precios actuales, Tarará posee una historia particular dentro del paisaje habanero.
La zona fue desarrollada durante las décadas de 1940 y 1950 como un reparto residencial de alto nivel, con cientos de viviendas. Tras los cambios políticos posteriores a 1959, muchas propiedades fueron incorporadas al uso estatal.
Entre 1990 y 2011, Tarará fue conocida internacionalmente por albergar un programa médico destinado a niños afectados por el desastre nuclear de Chernóbil.
Actualmente, según la información proporcionada, parte de la zona residencial presenta deterioro, con viviendas abandonadas y servicios que dejaron de funcionar hace años.
Un debate sobre turismo, acceso y servicios
El caso de Tarará refleja una discusión más amplia sobre el acceso de los cubanos a espacios recreativos en medio de una crisis económica marcada por la inflación y la pérdida del poder adquisitivo.
El testimonio publicado por Darelis Guerra no constituye una evaluación oficial del funcionamiento de la instalación, pero pone sobre la mesa la experiencia de usuarios que deben valorar costos adicionales para disfrutar de zonas costeras cercanas a la capital.
Mientras algunos visitantes destacan la tranquilidad del lugar, otros cuestionan que actividades recreativas tradicionalmente asociadas al acceso popular resulten cada vez más difíciles de costear para muchas familias.
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