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Cuba Bajo Lupa

ANCIANOS CUBANOS VIVEN ENTRE EL HAMBRE Y UNA CASA SIN TECHO EN HOLGUÍN: PIDEN AYUDA PARA PASAR SUS ÚLTIMOS AÑOS JUNTOS

Una pareja de ancianos cubanos en Holguín enfrenta una situación de extrema pobreza que ha despertado un llamado de solidaridad en las redes sociales. Rafael, de 76 años, cuida de su esposa, quien permanece postrada en cama, mientras ambos sobreviven en una vivienda deteriorada, con problemas para alimentarse y parte del techo destruido por un ciclón.

El caso de estos ancianos cubanos en extrema pobreza fue divulgado por Melissa, una creadora de contenido conocida como Melissahabla, quien busca conseguirles una vivienda donde puedan vivir juntos y en condiciones dignas. La historia pone rostro a un problema que afecta a una parte especialmente vulnerable de la población cubana: las personas mayores que carecen de recursos suficientes para cubrir sus necesidades básicas.

EL HAMBRE Y UNA VIVIENDA DESTRUIDA MARCAN LA VIDA DE DOS ANCIANOS CUBANOS

La situación de Rafael combina tres dificultades que se agravan mutuamente: la falta de ingresos estables, el deterioro de su hogar y la responsabilidad de atender prácticamente solo a su esposa.

El hombre asegura que ha trabajado como albañil y que todavía realiza labores ocasionales, entre ellas limpiar terrenos, para obtener algún dinero. Sin embargo, su edad y la necesidad de permanecer cerca de su compañera limitan considerablemente sus posibilidades de trabajar.

Durante el encuentro con Melissa, Rafael describe la escasez de alimentos con una comparación que resume su situación: «Estamos pasando más hambre que un perro amarrado». Su testimonio refleja una realidad en la que conseguir comida se ha convertido en una preocupación cotidiana.

A esa dificultad se añade el estado de la vivienda. Según relata, un ciclón destruyó el techo y desde entonces no ha conseguido los recursos necesarios para repararlo. El deterioro del inmueble también aumenta su preocupación ante la posibilidad de nuevas tormentas, especialmente porque su esposa no puede desplazarse por sí misma.

Rafael asegura que no ha recibido ayuda suficiente para resolver esta situación y cuestiona la distancia entre los discursos sobre la protección de los adultos mayores y las condiciones en las que ambos viven.

Su denuncia plantea una pregunta de interés público: ¿qué mecanismos de asistencia y protección están disponibles para dos personas de edad avanzada que enfrentan simultáneamente pobreza, dependencia física y problemas graves de vivienda?

CASI 30 AÑOS JUNTOS: EL AMOR QUE RAFAEL SE NIEGA A ABANDONAR

Aunque la precariedad domina buena parte de su vida cotidiana, la relación entre Rafael y su esposa constituye otro de los elementos centrales de la historia. Llevan cerca de tres décadas juntos y, según explica el anciano, el vínculo afectivo continúa siendo su principal motivación para seguir adelante.

Su esposa es 18 años mayor que él y actualmente necesita cuidados permanentes. Rafael habla de ella con cariño y asegura que no contempla dejarla sola, pese a las dificultades físicas y económicas que enfrenta.

Cuando Melissa le pregunta por el amor de su vida, el hombre señala a su compañera sin vacilar. Más adelante resume su compromiso con una frase: «El amor a mí me gana».

Esa decisión también muestra una realidad frecuentemente ignorada: la carga que soportan los adultos mayores que deben convertirse en cuidadores de otros ancianos sin contar necesariamente con apoyo profesional, ingresos suficientes o condiciones adecuadas en el hogar.

En el caso de Rafael, salir a buscar trabajo significa dejar temporalmente desatendida a una persona dependiente. Permanecer en casa, en cambio, reduce sus oportunidades de conseguir el dinero que ambos necesitan.

MELISSA BUSCA UNA VIVIENDA PARA LOS ANCIANOS CUBANOS EN EXTREMA POBREZA

Ante las necesidades del matrimonio, Melissa y las personas que participaron en la visita entregaron pañales desechables y 10.000 pesos cubanos, según la información publicada sobre la iniciativa.

La colaboración representa un alivio inmediato, pero no resuelve el deterioro de la vivienda ni garantiza la alimentación y los cuidados que necesita la pareja.

Por eso, la creadora de contenido ha planteado un objetivo más ambicioso: conseguir un hogar seguro donde Rafael y su esposa puedan permanecer juntos durante sus últimos años.

Melissa, identificada en Instagram como @melissahabla_, ya ha participado en otras iniciativas similares. En abril de 2026 se reportó la entrega de una vivienda a tres adultos mayores vulnerables en Holguín. En mayo también trascendió la entrega de una casa a otro matrimonio necesitado, mientras que en agosto una madre y sus tres hijos recibieron una vivienda mediante donaciones coordinadas por la creadora.

Estos antecedentes muestran que la movilización ciudadana puede producir resultados concretos, aunque también evidencian que las donaciones particulares no sustituyen la necesidad de políticas públicas capaces de atender de manera sostenida a las personas vulnerables.

MÁS DE UNA CUARTA PARTE DE LOS CUBANOS YA TIENE 60 AÑOS O MÁS

La historia de Rafael y su esposa adquiere especial importancia en un país donde el envejecimiento demográfico continúa aumentando.

Según cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), al cierre de 2025 Cuba tenía 2.519.823 habitantes de 60 años o más, equivalentes al 26,7 % de la población. Un año antes, ese porcentaje era del 25,7 %.

El problema no es únicamente demográfico. En un reportaje publicado en junio de 2026, la agencia Reuters documentó las dificultades de jubilados cubanos afectados por la pérdida del poder adquisitivo, la escasez de alimentos y medicamentos y el deterioro de los servicios públicos.

Entre los entrevistados figuró Sagrado Armando García, un jubilado de 85 años que trabajó durante décadas en el Ministerio de Seguridad Social y relató situaciones de hambre y dificultades para recibir atención médica.

El reportaje examinó tanto el efecto de las sanciones estadounidenses como los problemas de gestión económica y el debilitamiento de la red estatal de protección social. Esa combinación resulta especialmente perjudicial para quienes dependen de pensiones o necesitan cuidados permanentes.

CUANDO LA SOLIDARIDAD INTENTA CUBRIR LAS NECESIDADES QUE SIGUEN SIN RESOLVERSE

La situación de Rafael y su esposa no permite establecer por sí sola cuántos ancianos viven en circunstancias semejantes. Sin embargo, ilustra dificultades que aparecen reiteradamente en testimonios y reportajes sobre la vejez en Cuba: ingresos insuficientes, viviendas deterioradas, problemas alimentarios y dependencia de la ayuda de familiares o particulares.

También pone de manifiesto la necesidad de una respuesta que vaya más allá de las donaciones ocasionales. Una vivienda segura, asistencia social, atención médica y apoyo a quienes ejercen labores de cuidado son necesidades esenciales, especialmente cuando uno de los integrantes de la familia tiene movilidad reducida.

Por ahora, la iniciativa impulsada por Melissa mantiene abierta la posibilidad de encontrar una solución para el matrimonio. No se ha confirmado públicamente que ya exista una vivienda disponible ni que se haya alcanzado una solución definitiva.

Rafael, mientras tanto, conserva una expresión de esperanza que contrasta con las dificultades que describe: «La esperanza nunca se pierde».

Su deseo no es extraordinario. Quiere poder alimentar a su esposa, protegerla bajo un techo seguro y continuar a su lado después de casi treinta años de vida compartida. Una aspiración elemental que, en las condiciones descritas, sigue sin estar garantizada.

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