ARZOBISPO DE SANTIAGO PIDE GOBERNAR PARA EL PUEBLO Y RECLAMA CAMBIOS PROFUNDOS EN CUBA
El arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Dionisio García Ibáñez, lanzó este 8 de septiembre un nuevo llamado a transformar la realidad del país y sostuvo que quienes ejercen el poder deben gobernar pensando en las necesidades de la población, no en beneficios personales. El mensaje fue pronunciado durante la primera misa por la solemnidad de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba.
La intervención adquiere especial peso por el escenario y la fecha. García Ibáñez habló desde la Basílica Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, uno de los espacios religiosos y simbólicos más importantes del país, y volvió a vincular su reflexión pastoral con la situación económica y social que atraviesan los cubanos.
DIONISIO GARCÍA PIDE GOBERNAR “EN PROVECHO DEL PUEBLO”
Durante su homilía, el arzobispo planteó directamente qué significa, desde su visión cristiana, ejercer correctamente la autoridad.
“¿Cómo un gobernante puede hacer la voluntad de Dios? Gobernando en provecho del pueblo y no en provecho propio”, afirmó, según el contenido divulgado de la ceremonia.
García Ibáñez insistió además en que quienes toman decisiones deben escuchar “lo que el pueblo necesite y quiere”, en lugar de imponer caprichos o una única manera de pensar. El planteamiento representa una crítica clara a cualquier forma de gobierno que coloque los intereses del poder por encima de las necesidades ciudadanas.
El mensaje encaja con una línea que el prelado ha mantenido durante 2026. En agosto ya había reclamado que los cubanos pudieran “vivir con decencia” y “con dignidad”, y había reconocido públicamente la dificultad de visualizar un futuro en medio de la crisis actual.
“NINGÚN PUEBLO MERECE” ESTA SITUACIÓN
El arzobispo también describió como “triste” la situación que atraviesa Cuba y afirmó que ningún pueblo merece vivir en esas condiciones.
Sus palabras no aparecen aisladas de pronunciamientos anteriores. En marzo había pedido a quienes tienen responsabilidades sobre el futuro del país estar dispuestos a “cambiar lo que haya que cambiar” y colocar el bien del pueblo por encima de otras consideraciones.
En mayo volvió sobre esa idea al afirmar que “Cuba tiene que cambiar” y reclamar medidas capaces de modificar la realidad nacional.
La reiteración muestra que las declaraciones de este 8 de septiembre no constituyen un episodio aislado, sino parte de un discurso cada vez más explícito sobre la necesidad de transformaciones políticas, económicas y sociales profundas.
EL ARZOBISPO RECLAMA CAMBIOS QUE LLEGUEN A LAS ESTRUCTURAS
Uno de los pasajes más relevantes de la homilía estuvo dedicado precisamente al alcance de esos cambios.
“Que cualquier cambio que se haga, los cambios que se están haciendo, no se queden en la periferia, sino que profundicen y que toquen todas las estructuras de nuestra vida”, expresó García Ibáñez.
La frase cobra especial significado en un momento en que el Gobierno cubano ha anunciado reformas económicas y administrativas, entre ellas medidas de descentralización, modificaciones en el funcionamiento empresarial y una mayor apertura hacia determinadas formas de inversión. Sin embargo, esas reformas mantienen intacta la estructura política encabezada por el Partido Comunista.
La declaración del arzobispo puede interpretarse como una advertencia contra transformaciones superficiales: no basta, según su planteamiento, con modificar aspectos periféricos si las causas profundas de la crisis permanecen sin cambios.
EL COBRE COMO ESCENARIO DE MENSAJES SOBRE CUBA
El Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre ha sido durante décadas un lugar desde el que miembros de la Iglesia católica han pronunciado mensajes relacionados con la realidad nacional.
El propio García Ibáñez ya había reclamado en 2021 respeto a la diversidad de pensamiento, cambios necesarios y el reconocimiento de que Cuba pertenece a todos los cubanos y no a un grupo reducido.
Este 8 de septiembre, en una de las fechas religiosas de mayor significado para los cubanos, el arzobispo volvió a colocar el foco en una cuestión esencial: quién gobierna, para quién gobierna y hasta dónde deben llegar los cambios.
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