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Cuba Bajo Lupa

CEMENTERIO DE ÓMNIBUS EN SAN AGUSTÍN: DECENAS DE GUAGUAS SE OXIDAN MIENTRAS LA HABANA SUFRE POR EL TRANSPORTE

Las imágenes de un cementerio de ómnibus en San Agustín, en el municipio habanero de La Lisa, muestran decenas de guaguas estatales abandonadas, desmanteladas y cubiertas por la maleza. Algunas conservan todavía parte de sus colores originales; otras han quedado reducidas prácticamente a estructuras metálicas sin cristales, asientos ni componentes visibles.

Las fotografías fueron publicadas por Erlan Pupo Carmenaty en el grupo de Facebook Guaguas y Transporte en Cuba, acompañadas de una frase que resume la impresión que deja el lugar: “Lo que queda de lo que un día fue una gran inversión”.

La escena adquiere una dimensión mayor porque aparece en medio de una de las etapas más críticas del transporte público cubano. En agosto de 2026, IPS Cuba describía que los ómnibus públicos prácticamente habían desaparecido de las calles, mientras el Gobierno mantenía fuertes restricciones por la falta de combustible.

EL CEMENTERIO DE ÓMNIBUS EN SAN AGUSTÍN

Las fotografías muestran varios vehículos estacionados en un terreno con vegetación alta, basura y señales evidentes de abandono prolongado.

En uno de los autobuses todavía puede leerse el antiguo lema “METROBUS… por una ciudad mejor”, una inscripción que contrasta de forma especialmente fuerte con el estado actual de la unidad: carrocería abierta, ventanas desaparecidas, componentes desmontados y vegetación creciendo alrededor.

No es posible determinar únicamente a partir de las imágenes cuánto tiempo llevan esos vehículos en el lugar, cuándo fueron retirados del servicio ni si existe algún programa oficial para recuperar piezas o disponer definitivamente de las carrocerías.

Lo que sí muestran las fotografías sin necesidad de interpretación es una cantidad considerable de activos estatales que actualmente no están transportando pasajeros.

UNA IMAGEN QUE CONTRASTA CON LA CRISIS DEL TRANSPORTE

El deterioro adquiere especial relevancia porque trasladarse dentro de La Habana se ha convertido en una dificultad cotidiana.

En febrero de 2026, el propio sistema de transportación de la capital llegó a informar que no existía servicio en ninguna de sus rutas debido al déficit de combustible. Meses después, las restricciones se ampliaron a buena parte del transporte nacional: Ómnibus Nacionales redujo sus frecuencias y los trenes interprovinciales pasaron a operar con intervalos de hasta 16 días en determinadas rutas.

EFE describió en febrero una situación “crítica”, con personas obligadas a caminar largas distancias o gastar una parte considerable de sus ingresos en alternativas privadas.

El Gobierno cubano atribuye una parte importante del deterioro actual del transporte a la falta de combustible, agravada durante 2026 por las restricciones petroleras de Estados Unidos. Pero la imagen de San Agustín introduce otra pregunta: qué ocurrió con una flota que en algún momento representó una inversión considerable y terminó fuera de servicio.

ACUSACIONES DE MALA GESTIÓN Y DESVÍO DE RECURSOS

La publicación provocó comentarios de usuarios que atribuyeron el deterioro de esos vehículos a mala gestión, escasez de piezas y posibles desvíos de componentes.

Uno de los comentarios sostiene que los ómnibus fueron víctimas de “mala gestión” y de errores en la planificación de repuestos. Otro usuario planteó que vehículos retirados temporalmente durante distintas crisis terminaron desmantelados y que algunas de sus piezas pudieron terminar en manos particulares.

Esas afirmaciones deben tratarse como opiniones y denuncias de usuarios de Facebook. CubaBajoLupa no dispone de documentos, expedientes de inventario, investigaciones oficiales o registros de venta que permitan confirmar que piezas de esos ómnibus hayan sido desviadas o comercializadas irregularmente.

Tampoco puede establecerse, solo a partir de las fotografías, quién fue responsable de su abandono ni bajo qué decisiones administrativas fueron retirados.

CUANDO LA IMAGEN HABLA POR SÍ SOLA

El valor periodístico de estas fotografías no está en demostrar un delito, sino en mostrar una contradicción visible.

Mientras el transporte público estatal opera con severas limitaciones, un grupo numeroso de ómnibus permanece convertido en chatarra a cielo abierto. La comparación no prueba por sí sola corrupción o desvío de recursos, pero sí evidencia la pérdida de vehículos que alguna vez formaron parte de la infraestructura pública de transporte.

Y en una ciudad donde conseguir una guagua puede convertirse en una espera interminable, cada estructura oxidada en San Agustín representa algo más que metal abandonado: representa capacidad de transporte que ya no existe.

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