TRUMP OFRECE ASISTIR AL RÉGIMEN CON COMBUSTIBLE PERO A CAMBIO PIDE QUE LA INDUSTRIA ENERGÉTICA PASE A MANOS PRIVADAS
La administración de Donald Trump ha planteado al Gobierno cubano una oferta que combina combustible y asistencia humanitaria con una apertura de la industria energética de Cuba a la gestión privada, según declaró un portavoz del Departamento de Estado a Martí Noticias. La propuesta llega mientras la isla atraviesa una de sus crisis eléctricas más severas de las últimas décadas.
El funcionario estadounidense aseguró además que las conversaciones entre Washington y La Habana continúan, contradiciendo la versión ofrecida esta semana por Lianys Torres Rivera, máxima representante diplomática cubana en Washington, quien dijo a Bloomberg que el canal bilateral estaba “completamente estancado” y que “no hay negociaciones”.
Washington condiciona combustible a cambios en el sector energético
“Las conversaciones continúan”, afirmó el portavoz del Departamento de Estado a Martí Noticias. Según esa misma fuente, Washington ha ofrecido “opciones claras” para proporcionar asistencia humanitaria y combustible si La Habana abre su industria energética al manejo privado.
El planteamiento es significativo porque toca uno de los sectores más estratégicos de la economía cubana y porque llega cuando la falta de combustible condiciona buena parte del funcionamiento cotidiano del país.
El ministro cubano de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció en mayo que Cuba atravesaba una situación extremadamente crítica y llegó a afirmar que el país no tenía “absolutamente nada de fuel” ni “absolutamente nada de diésel”. Granma, órgano oficial del Partido Comunista, atribuyó esa escasez principalmente al endurecimiento de las medidas estadounidenses.
Dos versiones opuestas sobre el diálogo entre Cuba y Estados Unidos
La existencia misma de negociaciones se ha convertido ahora en parte del pulso diplomático.
Torres Rivera dijo a Bloomberg el 1 de septiembre que el canal estaba detenido y que las partes ni siquiera podían acordar una agenda básica. También describió la política estadounidense como un “castigo colectivo” y una “guerra sin bombas”.
Washington sostiene lo contrario. El portavoz consultado por Martí Noticias afirmó que los contactos continúan y acusó al Gobierno cubano de no aceptar propuestas que, según la posición estadounidense, beneficiarían a la población pero reducirían el control estatal sobre sectores esenciales.
Hasta el momento, el Departamento de Estado no ha hecho público quiénes participan en esos contactos, cuándo ocurrió la reunión más reciente ni si se trata de negociaciones formales, contactos indirectos o conversaciones de otro nivel.
Por ello, lo confirmado es que ambas partes reconocen haber mantenido contactos anteriormente, pero actualmente ofrecen versiones contradictorias sobre el estado real de esas conversaciones.
Crisis energética de Cuba agrava el peso de la propuesta
La oferta estadounidense aparece en un momento especialmente delicado.
El petrolero ruso Anatoly Kolodkin llegó a Cuba a finales de marzo con aproximadamente 730.000 barriles de crudo, el primer cargamento de ese tipo recibido por la isla en varios meses. Distintas estimaciones indicaron entonces que la cantidad podía cubrir alrededor de nueve o diez días de la demanda nacional.
En agosto, Cuba sufrió otro apagón nacional. EFE contabilizó ese episodio como el sexto colapso general del Sistema Eléctrico Nacional en 2026 hasta ese momento, mientras que Reuters describió una red cada vez más inestable debido a una combinación de falta de combustible, infraestructura envejecida y escasa inversión acumulada.
Las causas de la crisis energética son uno de los principales puntos de disputa entre Washington y La Habana.
El Gobierno cubano atribuye gran parte del deterioro a las restricciones estadounidenses sobre el suministro de petróleo y el financiamiento externo. Estados Unidos, por su parte, responsabiliza al modelo estatal cubano, la falta de reformas y décadas de deficiente administración. Ambas posiciones son políticas y deben distinguirse de los hechos verificables sobre escasez de combustible, deterioro tecnológico y apagones prolongados.
Una oferta con un obstáculo político de fondo
La clave de la propuesta estadounidense está precisamente en la condición.
Abrir la industria energética a la gestión privada implicaría modificar el grado de control que el Estado cubano conserva sobre un sector estratégico. Cuba ha permitido durante 2026 una participación creciente de actores privados en determinadas operaciones de importación y comercialización de combustible, pero eso no equivale a privatizar el sistema energético nacional.
Por ahora, no hay evidencia pública de que La Habana haya aceptado el planteamiento estadounidense.
Tampoco se conocen los detalles técnicos: qué parte de la industria debería privatizarse, qué empresas podrían participar, qué volumen de combustible proporcionaría Washington, cuánto duraría el acuerdo o mediante qué canales se distribuiría la ayuda humanitaria.
Esas preguntas serán decisivas para determinar si la propuesta puede convertirse en una negociación concreta o permanece como otra pieza del enfrentamiento político entre ambos gobiernos.
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