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Cuba Bajo Lupa

ANTONIO PÉREZ HERRERO: EL PODEROSO GUARDIÁN IDEOLÓGICO DEL CASTRISMO QUE TERMINÓ DESTITUIDO POR SUS “ERRORES REPETIDOS”

Durante años, Antonio Pérez Herrero estuvo situado en una de las posiciones más sensibles del poder cubano: el aparato encargado de vigilar la ideología, la propaganda y buena parte de la política cultural del régimen. No era simplemente un funcionario administrativo. Había combatido bajo las órdenes de Raúl Castro, alcanzó posiciones importantes dentro de las Fuerzas Armadas y terminó formando parte del Secretariado del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, desde donde intervino directamente en asuntos culturales y políticos.

Pero en enero de 1985 ocurrió algo poco habitual dentro de una estructura acostumbrada a esconder sus conflictos internos: Pérez Herrero fue apartado de sus responsabilidades. La explicación oficial fue extraordinariamente breve y, al mismo tiempo, reveladora. Había cometido “insuficiencias y errores repetidos” que no corrigió pese a las advertencias recibidas. El régimen nunca explicó públicamente cuáles habían sido exactamente aquellos errores.

Su historia permite mirar dentro de una de las zonas más oscuras del sistema cubano: la maquinaria que durante décadas decidió qué podía publicarse, qué película podía exhibirse, qué creador era considerado confiable y quién debía ser marginado. Pérez Herrero llegó a ser uno de sus hombres fuertes. Y como ocurrió con tantos otros dirigentes de la Revolución, acabó descubriendo que en Cuba incluso quienes administraban la ortodoxia podían terminar convertidos en víctimas políticas de esa misma estructura.

DEL SEGUNDO FRENTE DE RAÚL CASTRO AL CORAZÓN DEL PODER

Antonio Pérez Herrero, conocido también como “Tony”, procedía del Movimiento 26 de Julio y estuvo vinculado al Segundo Frente Oriental Frank País comandado por Raúl Castro durante la lucha contra Fulgencio Batista. Fuentes oficiales cubanas lo sitúan entre los jefes presentes en el Primer Congreso Campesino en Armas de septiembre de 1958, junto a figuras como Vilma Espín, José Ramírez Cruz y Jorge Serguera.

Después de 1959 su ascenso continuó dentro de las estructuras militares. Un directorio sobre funcionarios cubanos de la década de 1970 lo identifica como mayor Antonio “Tony” Pérez Herrero, antiguo viceministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y jefe de la Dirección Política del MINFAR. Documentos de prensa cubana de enero de 1973 también lo situaban como viceministro y jefe de esa Dirección Política.

Ese antecedente es fundamental para comprender su posterior influencia. La Dirección Política de las FAR no se ocupaba solamente de cuestiones militares: era uno de los grandes centros de adoctrinamiento ideológico del Estado. Pérez Herrero pasó, por tanto, del aparato político militar a uno de los centros de dirección ideológica del Partido.

EL HOMBRE QUE VIGILABA LA IDEOLOGÍA

En 1973 Pérez Herrero fue incorporado al Secretariado del Comité Central del PCC. Posteriormente apareció entre los integrantes del Secretariado elegido durante el Primer Congreso del Partido en 1975 y volvió a figurar en el Secretariado emanado del Segundo Congreso de diciembre de 1980.

Su área terminó siendo particularmente delicada: ideología, orientación revolucionaria, educación y cultura. Una evaluación estadounidense desclasificada de la época lo describía como un “guardián ideológico” del Secretariado, estrechamente relacionado con Raúl Castro y preocupado porque la doctrina cubana permaneciera alineada con la Unión Soviética. El documento sostenía además que participaba en la coordinación de la propaganda cubana con la soviética.

Debe precisarse que ese documento representa una evaluación de inteligencia estadounidense y no una admisión oficial del Gobierno cubano. Sin embargo, coincide con otras fuentes respecto a la extraordinaria influencia que Pérez Herrero llegó a ejercer en la esfera ideológica.

SU SOMBRA SOBRE EL QUINQUENIO GRIS

La influencia de Pérez Herrero aparece también cuando se estudia uno de los periodos más represivos de la cultura cubana después de 1959: el llamado Quinquenio Gris, asociado principalmente a los años 1971-1976 y caracterizado por censura, exclusiones profesionales y la llamada “parametrización” de artistas e intelectuales.

El investigador y escritor Ambrosio Fornet, una de las figuras que posteriormente analizaron aquella etapa, identificó a Pérez Herrero como padrino político de Luis Pavón Tamayo, presidente del Consejo Nacional de Cultura durante buena parte del periodo conocido también como “Pavonato”. Investigaciones académicas sobre las polémicas culturales cubanas recogen esa caracterización y relacionan a Pérez Herrero con las disputas que rodearon la política cultural de aquellos años.

La parametrización permitió separar de instituciones culturales a personas consideradas incompatibles con determinados “parámetros” ideológicos. Investigaciones posteriores han documentado cómo esas políticas afectaron especialmente a escritores, artistas y trabajadores de la cultura cuya obra, conducta privada, posiciones políticas u orientación estética no coincidían con las exigencias oficiales.

Además, documentos estadounidenses desclasificados atribuyeron a Pérez Herrero, durante su etapa como jefe político de las FAR, la promoción de una campaña contra intelectuales cubanos. Esa afirmación debe entenderse como parte de una valoración de inteligencia de Washington, pero constituye otro indicio histórico sobre la reputación de línea dura que acompañaba al dirigente.

ALFREDO GUEVARA CONTRA PÉREZ HERRERO: UNA BRONCA QUE LLEGÓ HASTA FIDEL Y RAÚL

Probablemente el episodio más explosivo asociado al nombre de Antonio Pérez Herrero fue su enfrentamiento con Alfredo Guevara, fundador y durante décadas figura central del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC.

El conflicto estalló alrededor de 1981, en medio de la polémica por Cecilia, la costosa película de Humberto Solás. Guevara relató posteriormente que fue acusado de haber dilapidado recursos del ICAIC en la producción, algo que él rechazó rotundamente. Según su versión, detrás de aquella operación se encontraba Pérez Herrero, con quien ya mantenía serias disputas sobre los métodos utilizados para controlar la cultura.

El relato de Guevara resulta extraordinario incluso para los estándares de las peleas dentro de la nomenclatura cubana. Afirmó que las discusiones con Pérez Herrero eran conocidas por Fidel Castro y contó que durante uno de sus encuentros llegó a amenazarlo mientras sacaba su pistola. También acusó a Pérez Herrero de llevarle a Raúl Castro informaciones y grabaciones supuestamente perjudiciales contra él.

Estas afirmaciones corresponden al testimonio de Alfredo Guevara y, por tanto, deben ser presentadas como su versión de aquellos acontecimientos, no como hechos judicialmente establecidos. Lo que sí está documentado es el desenlace político: Guevara dejó la dirección del ICAIC en 1981 y posteriormente fue enviado como representante cubano ante la UNESCO en París. Fuentes periodísticas posteriores han vinculado directamente aquella salida con su enfrentamiento con Pérez Herrero.

EL CASO “CECILIA”: CULTURA, DINERO Y CONTROL POLÍTICO

La polémica alrededor de Cecilia escondía algo mucho mayor que una discusión presupuestaria. El ICAIC había sido históricamente uno de los espacios culturales con mayor autonomía relativa dentro de la Revolución, mientras el aparato ideológico del Partido intentaba ejercer un control creciente sobre instituciones artísticas y medios de comunicación.

Guevara consideraba que Pérez Herrero estaba utilizando métodos que podían resultar dañinos incluso para la propia Revolución. Pérez Herrero, por su parte, representaba una estructura partidista que concebía la cultura como un terreno político que debía ser vigilado y disciplinado.

Aquella batalla terminó inicialmente con la salida de Guevara. Sin embargo, la historia tendría una ironía considerable: años después Guevara regresaría al ICAIC, mientras Pérez Herrero terminaría apartado del corazón ideológico del Partido.

PELÍCULAS QUE NO DEBÍAN VER LOS CUBANOS

La intervención de Pérez Herrero en asuntos culturales no se limitaba a disputas burocráticas. Diversos testimonios lo presentan tomando decisiones sobre contenidos concretos que podían llegar al público cubano.

Una reconstrucción publicada por El País sobre las luchas dentro de la política cultural cubana recoge que desde el Departamento Ideológico dirigido por Pérez Herrero se intentó impedir la exhibición en Cuba de la película estadounidense-japonesa Tora! Tora! Tora!, debido a que habría sido considerada excesivamente favorable a Estados Unidos en su representación del ataque japonés a Pearl Harbor.

El episodio es ilustrativo del tipo de poder acumulado por el aparato ideológico. No se trataba simplemente de recomendar películas o establecer políticas generales. La maquinaria partidista podía intervenir directamente sobre lo que millones de cubanos estaban autorizados a leer, escuchar o ver.

EL ESCÁNDALO DEL FESTIVAL GUZMÁN Y CAMILO SESTO

Otro episodio atribuido a Pérez Herrero aparece en relatos sobre un enorme escándalo musical de la época: la polémica alrededor de una canción premiada en el concurso Adolfo Guzmán que habría presentado semejanzas prácticamente idénticas con “Si tú te vas”, interpretada previamente por Camilo Sesto.

Según una reconstrucción de Diario de Cuba, cuando se descubrió el parecido surgió una crisis dentro del aparato cultural y Pérez Herrero participó en las reuniones destinadas a gestionar el escándalo. El relato le atribuye una posición favorable a tomar medidas internas y posteriormente cerrar el episodio.

No existen suficientes fuentes primarias disponibles públicamente para establecer todos los detalles de aquel incidente, por lo que debe ser tratado como una reconstrucción periodística y no como uno de los motivos demostrados de su futura destitución. Pero el episodio vuelve a mostrar hasta qué punto el responsable ideológico del PCC intervenía en asuntos que iban desde grandes conflictos institucionales hasta crisis dentro de la televisión y la música oficial.

1985: LA CAÍDA DEL GUARDIÁN IDEOLÓGICO

El 31 de enero de 1985 llegó finalmente el golpe. Durante un pleno extraordinario del Comité Central, Antonio Pérez Herrero fue destituido de sus responsabilidades dentro del Secretariado y perdió su posición como máximo responsable del sector ideológico.

La explicación difundida por Granma y recogida entonces por AFP fue particularmente severa para el lenguaje hermético habitual del PCC: Pérez Herrero había mostrado “insuficiencias y errores repetidos” que no había sabido corregir pese a haber recibido advertencias. Al mismo tiempo, se anunció que permanecería como miembro del Comité Central debido a su experiencia.

José Ramón Balaguer Cabrera fue colocado en el Secretariado en su lugar. Lo verdaderamente llamativo es que el Partido nunca explicó públicamente cuáles eran esos errores repetidos ni qué había provocado exactamente la pérdida de confianza en uno de los hombres que durante años había vigilado la ortodoxia de los demás.

¿POR QUÉ LO DESTITUYERON?

CONFIRMADO

Está documentado que Pérez Herrero fue separado del Secretariado en 1985 y que la dirección del PCC atribuyó oficialmente su caída a “insuficiencias y errores repetidos”. También está confirmado que había recibido previamente advertencias que, según el Partido, no consiguió atender satisfactoriamente.

Está igualmente documentado que su salida ocurrió en un periodo de importantes cambios dentro de la cúpula. En aquellos años fueron desplazadas o reducidas las responsabilidades de varias figuras importantes, mientras Fidel Castro preparaba un nuevo ciclo político que desembocaría en el proceso de “rectificación de errores y tendencias negativas” y en el III Congreso del PCC de 1986.

NO CONFIRMADO

No existe evidencia pública concluyente que permita afirmar que Pérez Herrero fue destituido exclusivamente por el conflicto con Alfredo Guevara, por la política cultural, por errores específicos de propaganda o por algún escándalo personal.

Tampoco aparece públicamente un expediente oficial detallando las acusaciones internas. Como ocurrió repetidamente dentro del sistema cubano, la dirección comunicó la sanción pero mantuvo en secreto las razones concretas.

Eso obliga a diferenciar entre los conflictos documentados que acumuló durante su carrera y la causa específica de su caída. Hasta que aparezcan documentos internos del PCC que expliquen el pleno de 1985, presentar una de esas controversias como causa definitiva sería especulación.

NO TERMINÓ EN PRISIÓN: EL RÉGIMEN LO RECICLÓ

La caída de Pérez Herrero tiene además una diferencia importante respecto a otros dirigentes defenestrados por el castrismo. No terminó encarcelado ni desapareció completamente de la estructura estatal.

En septiembre de 1989 aparece documentado como embajador cubano en Etiopía. Reuters informó entonces que Pérez Herrero estuvo presente en Addis Abeba durante la salida de los primeros contingentes de tropas cubanas que comenzaban a retirarse del país africano. Documentación de la época también lo identifica expresamente como embajador de Cuba.

Su destino demuestra una modalidad clásica del poder cubano: retirar a un dirigente de la posición donde se volvió incómodo sin necesariamente destruirlo políticamente. Pérez Herrero perdió algo mucho más importante que un cargo diplomático: perdió el acceso directo al centro donde se decidía la ideología del país.

Pasó de vigilar intelectuales, propaganda y política cultural desde las alturas del Comité Central a representar diplomáticamente al Gobierno lejos de La Habana.

DE CENSOR A DEFENESTRADO

La trayectoria de Antonio Pérez Herrero resume una contradicción característica del sistema político cubano. Durante años formó parte de la estructura encargada de exigir obediencia ideológica, vigilar la cultura y disciplinar a quienes se apartaban de la línea establecida. Pero cuando la dirección decidió que él mismo había cometido demasiados errores, tampoco tuvo derecho a una explicación pública transparente.

No hubo debate abierto, investigación conocida ni rendición de cuentas ante los ciudadanos. Bastaron unas líneas sobre “errores repetidos” para retirar del núcleo dirigente a uno de los hombres que había administrado durante años la ortodoxia revolucionaria.

Y ahí está quizá la parte más reveladora de su historia. Pérez Herrero no fue un opositor destruido por enfrentarse al castrismo. Fue un producto del propio sistema, un hombre de confianza de Raúl Castro, un militar convertido en guardián ideológico y un representante de la línea dura que finalmente comprobó una de las reglas fundamentales del poder establecido después de 1959: nadie, por alto que haya llegado, posee realmente su cargo. El poder lo concede y el poder lo retira.

Antonio Pérez Herrero pasó de decidir los límites de la cultura cubana a convertirse prácticamente en una nota al pie de aquella historia. Pero detrás de su caída permanecen preguntas que el régimen nunca respondió: ¿cuáles fueron exactamente aquellos “errores repetidos”? ¿Hasta dónde llegó su responsabilidad en los excesos de la política cultural? ¿Qué ocurrió realmente dentro del Comité Central para que un hombre tan cercano al aparato raulista terminara apartado?

Más de cuatro décadas después, los archivos oficiales siguen sin ofrecer todas las respuestas.

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