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Cuba Bajo Lupa

DÍAZ-CANEL DICE QUE CUBA NO ESTÁ EN COLAPSO PORQUE ARRANCARÁ EL NUEVO CURSO ESCOLAR: ¿EN QUÉ CONDICIONES ESTUDIARÁN LOS NIÑOS?

Miguel Díaz-Canel volvió a rechazar este miércoles que exista un colapso en Cuba y utilizó como argumento el regreso a las aulas de más de 1,5 millones de niños y adolescentes el próximo 1 de septiembre. El mandatario acompañó su mensaje con imágenes de una visita a un centro educacional de La Habana y presentó la apertura del curso como una demostración de que las instituciones del país continúan funcionando.

El problema es que el inicio de las clases no elimina las condiciones en las que deberán estudiar esos alumnos. La propia prensa oficial cubana reconoce que el curso 2026-2027 comenzará en un escenario marcado por falta de electricidad, dificultades de transporte, problemas de abastecimiento y limitaciones materiales que obligarán a cada escuela y territorio a buscar soluciones diferentes.

DÍAZ-CANEL USA EL CURSO ESCOLAR PARA RESPONDER A QUIENES HABLAN DE COLAPSO EN CUBA

“A los que hablan de colapso en Cuba: Más de 1 millón 500 mil niños y adolescentes vuelven a las aulas el martes 1ro.”, escribió Díaz-Canel, según la publicación proporcionada como base para este artículo.

El mensaje llegó acompañado de una visita a un centro educacional de La Víbora, en el municipio Diez de Octubre, donde el mandatario recorrió instalaciones preparadas para recibir a los estudiantes.

El argumento político es claro: si las escuelas abren y millones de alumnos regresan a las aulas, el país no estaría paralizado. Sin embargo, funcionamiento institucional y ausencia de crisis no son necesariamente equivalentes.

De hecho, Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, informó apenas días antes que el nuevo curso deberá desarrollarse “ajustado a las condiciones del país”. El propio reporte oficial menciona problemas de combustible y transporte, falta de fluido eléctrico, dificultades de abastecimiento y restricciones materiales.

APAGONES DE MÁS DE 20 HORAS EN LA HABANA

La contradicción se vuelve especialmente visible al observar la situación energética. EFE informó el 23 de agosto que los apagones estaban alcanzando en La Habana 20 horas o más, con apenas dos o tres horas de electricidad entre cortes. En otras provincias se habían registrado periodos superiores a dos días consecutivos sin servicio.

La crisis eléctrica también ha provocado sucesivas desconexiones nacionales. A comienzos de agosto Cuba sufrió dos apagones generales en menos de 24 horas, elevando a siete los colapsos nacionales del Sistema Electroenergético en lo que iba de 2026.

Ese escenario afecta directamente el regreso a clases. Un niño puede aparecer oficialmente matriculado y sentarse en un aula el 1 de septiembre, pero eso no responde a cómo estudiará después de una noche sin electricidad, cómo realizará tareas en un hogar a oscuras o cómo llegará a la escuela cuando también existen dificultades de transporte.

EL PROPIO MINISTERIO DE EDUCACIÓN HABLA DE “FLEXIBILIZAR”

El Ministerio de Educación no está presentando el curso como uno convencional. Según la información publicada por Granma, la ministra Naima Trujillo Barreto pidió adoptar soluciones adaptadas a cada escuela, barrio, municipio y provincia, precisamente porque las condiciones no son iguales en todo el país.

El Gobierno habla de garantizar un curso “digno y sostenible”, pero reconoce que será necesario reorganizar el proceso docente según los recursos disponibles.

Incluso la producción y distribución de uniformes enfrenta dificultades. Un reporte oficial sobre los preparativos en Granma señaló que el sector textil ha sufrido limitaciones energéticas y que la distribución se está organizando de manera escalonada.

Fuera de los medios estatales, testimonios de familias recogidos por Martí Noticias describen gastos difíciles de asumir en uniformes, mochilas, calzado y otros artículos escolares, además de preocupación por el deterioro de algunos centros.

ABRIR LAS ESCUELAS NO RESUELVE LA PREGUNTA CENTRAL

Que más de 1,5 millones de estudiantes puedan comenzar un nuevo curso es un dato relevante y representa un esfuerzo considerable de maestros, familias y trabajadores del sistema educacional. Pero utilizar esa cifra como respuesta general a quienes hablan de una crisis profunda deja fuera otra parte de la realidad.

La propia información oficial reconoce que las escuelas deberán funcionar en medio de apagones, dificultades de transporte, escasez de recursos y problemas de abastecimiento. No se trata, por tanto, de una descripción producida únicamente desde medios críticos con el Gobierno.

El contraste está precisamente ahí: mientras Díaz-Canel presenta el regreso a las aulas como señal de resistencia y continuidad, las instituciones estatales admiten que mantener abiertas esas mismas aulas requerirá ajustes extraordinarios debido a las condiciones económicas y energéticas del país.

La pregunta relevante para las familias no es solamente cuántos niños empezarán el curso el 1 de septiembre. También es en qué condiciones podrán mantenerse estudiando durante los meses siguientes.

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