DE VENDEDORA Y PELUQUERA A LEYENDA DE LA ACTUACIÓN: VERÓNICA LYNN REPASA UNA VIDA ENTERA SOBRE LOS ESCENARIOS
A sus 94 años, Verónica Lynn continúa hablando de actuación, proyectos, recuerdos y vida con una lucidez que Tahimí Alvariño resumió destacando que la veterana actriz cubana “no para de trabajar”. Pero entre las muchas anécdotas de una carrera de décadas, Lynn dejó una reflexión que probablemente resume mejor su manera de enfrentar el paso del tiempo: asegura que no guarda rencor porque hacerlo provoca “arrugas en el alma”.
La conversación recorrió desde su infancia y sus primeros intentos por entrar al mundo artístico hasta el amor, la televisión cubana, sus personajes más recordados y las dificultades de ejercer una profesión que, según defendió, no debería medirse mediante categorías rígidas. El resultado fue también el retrato de una mujer que, después de más de nueve décadas de vida, sigue colocando la alegría, el trabajo y la creación en el centro de su filosofía personal.
“EL ALMA SIEMPRE TIENE QUE ESTAR FRESCA”
Cuando Alvariño le preguntó cómo conserva su vitalidad mental y artística, Lynn evitó presentar una receta milagrosa. Se describió como una persona observadora y explicó que una de sus claves es no aferrarse a los agravios, incluso cuando alguien le haya hecho daño.
“No guardo el rencor nunca”, afirmó. Su explicación fue todavía más contundente: acumular esos sentimientos “trae arrugas en el alma” y, según ella, “nunca se te puede arrugar el alma. El alma siempre tiene que estar fresca”.
Esa idea enlaza directamente con otro consejo que Tahimí recordó haber recibido de la actriz tiempo atrás: “Nunca pierdas la alegría. Hazlo todo con alegría. Lo que vayas a hacer, hazlo con alegría”. Para Lynn, esa actitud debe mantenerse incluso cuando el trabajo no resulte especialmente atractivo o las circunstancias sean adversas.
VERÓNICA LYNN Y UNA CARRERA QUE COMENZÓ SIN PRIVILEGIOS
La historia artística de Verónica Lynn no nació de una formación académica privilegiada. Recordó que durante años fue prácticamente autodidacta y que sus primeros grandes maestros fueron sus propios compañeros, a quienes observaba detenidamente para comprender cómo resolvían determinadas situaciones dramáticas.
“Mis primeros profesores fueron mis compañeros”, explicó al recordar aquella etapa. La televisión, además, exigía rapidez y dejaba poco margen para largos ensayos, por lo que observar y aprender del trabajo ajeno se convirtió en parte fundamental de su formación.
Mucho antes de convertirse en uno de los rostros más reconocibles de la actuación cubana, también tuvo que ejercer otros oficios. Durante su juventud trabajó vinculada a la peluquería y llegó a recorrer Marianao a pie como vendedora de productos, cargando un maletín en una época en que muchos envases eran de cristal. El propio relato muestra una trayectoria construida desde abajo y marcada inicialmente por la necesidad económica.
EL PERSONAJE QUE LA HIZO POPULAR
Lynn también recordó que reconocimiento profesional y popularidad no llegaron necesariamente al mismo tiempo. Aunque la crítica ya valoraba su trabajo, durante una etapa podía caminar junto a otras actrices mucho más reconocidas por el público sin recibir la misma atención.
Eso cambió con Doña Teresa, de Sol de Batey. La actriz reconoció que aquel personaje fue el que finalmente le dio una popularidad masiva y recordó cómo, años después, personas que la encontraban continuaban asociándola con aquella mujer que había provocado rechazo y fascinación entre los espectadores.
También habló con cariño de Raquel Revuelta, a quien consideró durante años su paradigma profesional. Lynn contó que soñaba con ser como ella y que, mucho tiempo después, tuvo la oportunidad de confesárselo personalmente.
“EL ARTE NO SE PUEDE MEDIR POR CATEGORÍAS”
Uno de los pasajes más reveladores llegó cuando recordó determinadas normas laborales que podían obligar a los artistas a aceptar personajes que no deseaban interpretar para evitar afectaciones en sus ingresos. Lynn cuestionó aquella forma de evaluar el trabajo creativo y defendió que el arte no puede tratarse como una producción industrial cuantificable.
“El arte no se puede medir por categorías”, sostuvo. En su experiencia, incluso cuando debía enfrentarse a un personaje que inicialmente rechazaba, terminaba obligándose a afrontarlo: “Esto no es después, esto es ahora”.
La declaración aporta además una mirada poco frecuente al funcionamiento interno de determinadas etapas de la televisión cubana: detrás de personajes que el público terminaba viendo en pantalla podía existir un sistema de obligaciones laborales que reducía el margen de elección de los intérpretes.
A LOS 94, TRABAJAR SIGUE SIENDO PARTE DE SU VIDA
Tahimí Alvariño destacó que Lynn llegó a los 94 años manteniéndose activa y recordó verla, con 93, en una obra en la que permanecía durante más de una hora sobre el escenario, arrodillándose, levantándose y desplazándose durante la función. La propia actriz ha insistido en que detenerse no forma parte de sus planes.
Su relación con la actuación tampoco parece haberse agotado después de décadas. Al describir qué continúa fascinándola del oficio, afirmó que lo más interesante es el proceso de creación: tomar un personaje que inicialmente existe únicamente sobre el papel e ir entregándole cuerpo, mirada, pensamiento, sangre y corazón hasta convertirlo en alguien vivo.
Quizás por eso su mensaje sobre la alegría adquiere otra dimensión. No se trata solamente de una frase optimista, sino de una filosofía desarrollada después de una vida de trabajo, limitaciones, éxitos, personajes, amistades y pérdidas. A los 94 años, Verónica Lynn sigue defendiendo una idea sorprendentemente sencilla: trabajar, crear, no vivir atrapada en el rencor y procurar que, pase lo que pase, el alma permanezca fresca.
SIGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES






