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Cuba Bajo Lupa

IBRAHIM FERRADAZ: EL MINISTRO DE TURISMO QUE EL RÉGIMEN BORRÓ EN TOTAL SILENCIO TRAS EL ESCÁNDALO MILLONARIO DE CUBANACÁN

Durante años, Ibrahim Ferradaz García ocupó posiciones clave en dos de los sectores más sensibles de la economía cubana: la inversión extranjera y el turismo. Primero estuvo al frente del Ministerio para la Inversión Extranjera y la Colaboración Económica y, desde 1999, pasó a dirigir el Ministerio de Turismo, precisamente cuando esa industria se había convertido en una de las principales fuentes de divisas del país. Su carrera parecía sólida hasta que, a finales de 2003, un escándalo sacudió Cubanacán y terminó arrastrando a directivos, viceministros y finalmente al propio Ferradaz.

El 11 de febrero de 2004, el Gobierno anunció su salida mediante una escueta nota. No explicó las razones concretas, se limitó a decir que había sido “liberado de sus funciones” y que recibiría otras responsabilidades. El detalle importante es el contexto: dos meses antes, Cubanacán, la mayor corporación turística estatal del país, había sufrido una purga interna tras detectarse “graves errores”, problemas de control y sospechas de corrupción.

DE INVERSIÓN EXTRANJERA AL NEGOCIO MÁS RENTABLE DE CUBA

Ferradaz había sido ministro encargado de Inversión Extranjera entre 1995 y 1999, una etapa en la que Cuba buscaba desesperadamente capital después del derrumbe soviético. En 1999 fue colocado al frente del Turismo, sustituyendo a Osmany Cienfuegos, quien también había salido después de una crisis interna en el sector.

El nombramiento no era menor. A comienzos de los años 2000, el turismo ya había desplazado al azúcar como una de las mayores fuentes de ingresos brutos de la economía cubana. Hoteles, agencias de viajes, restaurantes, arrendadoras de autos y cadenas estatales manejaban cientos de millones de dólares y tenían contacto permanente con empresas extranjeras. Ese entorno creaba oportunidades económicas excepcionales, pero también espacios donde los privilegios, las comisiones y el uso discrecional de recursos podían escapar del control público.

CUBANACÁN: EL ESCÁNDALO QUE PRECEDIÓ A SU CAÍDA

El gran problema comenzó a finales de 2003 en Cubanacán, entonces la corporación turística estatal más importante del país. La empresa controlaba decenas de hoteles, restaurantes, tiendas, agencias y otros servicios relacionados con el turismo internacional. Según la prensa de la época, alrededor de veinte altos directivos quedaron bajo investigación y varios fueron apartados de sus cargos.

El presidente de Cubanacán, Juan José Vega, fue destituido y el propio Ferradaz asumió temporalmente la conducción de la corporación mientras avanzaba la investigación. El Ministerio de Turismo reconoció públicamente “graves errores” asociados a falta de exigencia y control, pero negó que hubiera existido robo o desfalco.

Fuera de la versión oficial, sin embargo, comenzaron a circular versiones mucho más graves. Empresarios y diplomáticos consultados por El País hablaban de sospechas sobre comisiones, uso de recursos y posibles desvíos de grandes sumas. El Gobierno negó públicamente que existieran desfalcos, pero el tamaño de la purga hacía evidente que la crisis no era menor.

EL TURISMO CUBANO TENÍA TODO PARA GENERAR CORRUPCIÓN

El sector turístico se había convertido en una economía prácticamente paralela dentro de Cuba. Mientras el salario medio de muchos funcionarios seguía siendo extremadamente bajo, algunos directivos de hoteles y corporaciones tenían acceso a vehículos, comidas, viajes, regalos y decisiones comerciales valoradas en millones de dólares. El País recogió entonces testimonios de empresarios y diplomáticos que describían exactamente ese contraste.

La combinación era explosiva: bajos salarios oficiales, acceso a divisas, negocios con compañías extranjeras y poca transparencia institucional. El Gobierno llevaba años proclamando campañas contra la corrupción y había endurecido las penas, pero el escándalo de Cubanacán demostraba que las irregularidades podían alcanzar precisamente a uno de los sectores con mayor vigilancia política y económica.

FEBRERO DE 2004: FERRADAZ ES SACADO DEL MINISTERIO

El 11 de febrero de 2004 llegó el golpe definitivo. El Consejo de Estado anunció que Ferradaz dejaba de ser ministro de Turismo y que sería sustituido por Manuel Marrero Cruz, hasta ese momento presidente de Gaviota, el poderoso grupo turístico vinculado a las Fuerzas Armadas. La nota oficial no dio ninguna explicación sobre los motivos de la destitución.

La salida fue especialmente llamativa porque el turismo acababa de registrar buenos resultados oficiales. En 2003 Cuba había recibido alrededor de 1,9 millones de visitantes, un aumento superior al 12 %, mientras los ingresos brutos del sector superaban los 2.000 millones de dólares. Es decir, Ferradaz no salió porque el turismo estuviera económicamente colapsado; cayó cuando el sector crecía, pero estaba envuelto en un serio problema de control interno.

LA VERSIÓN OFICIAL NUNCA DIJO “CORRUPCIÓN”

Este punto es fundamental. El Gobierno cubano nunca anunció públicamente que Ibrahim Ferradaz fuera acusado o condenado personalmente por corrupción. La explicación oficial de su salida fue prácticamente inexistente, y en el caso de Cubanacán las autoridades insistieron en hablar de errores de dirección y falta de control mientras rechazaban las acusaciones de desfalco.

Sin embargo, fuentes posteriores fueron mucho más directas. El informe anual del Departamento de Estado de Estados Unidos sobre Cuba correspondiente a 2004 afirmó que Ferradaz y dos de los tres viceministros de Turismo habían sido removidos en parte por no haber podido controlar la corrupción dentro del sector. Años después, cables diplomáticos estadounidenses filtrados por WikiLeaks llegaron a describir a Ferradaz como un ministro destituido por corrupción.

La diferencia entre ambas versiones obliga a ser cuidadosos. Puede afirmarse que su caída estuvo vinculada a la crisis de corrupción y control en el turismo, pero no que exista una sentencia que lo declare culpable de enriquecimiento ilícito o desfalco personal.

LA MANO DE RAÚL CASTRO EN LA REORGANIZACIÓN

Otra pieza importante apareció después. IPS Cuba informó que la revisión del sector turístico estuvo bajo la supervisión directa de Raúl Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas, y que las críticas llegaron incluso al Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros. En los meses posteriores fueron sustituidos al menos cuatro viceministros, presidentes de cadenas hoteleras y otros altos responsables.

Además, muchas funciones turísticas comenzaron a quedar bajo mayor influencia de estructuras vinculadas a las Fuerzas Armadas. El reemplazo de Ferradaz por Manuel Marrero, procedente de Gaviota, resultaba simbólico: un civil salía después de un escándalo de control y un dirigente proveniente del entramado empresarial militar ocupaba su lugar.

UNA INDUSTRIA DONDE YA HABÍAN CAÍDO OTROS

Ferradaz tampoco fue el primer ministro marcado por problemas en el turismo. Había llegado al cargo en 1999 tras la salida de Osmany Cienfuegos, en un contexto donde varios ejecutivos de Rumbos, Horizontes y Cubanacán fueron apartados por “indisciplinas” y “errores”. Cinco años después, Ferradaz terminaba prácticamente en la misma situación.

La sucesión de purgas mostraba que el problema no parecía limitado a una sola persona. Desde finales de los años noventa, las autoridades habían venido reemplazando ejecutivos, aplicando medidas disciplinarias y reorganizando cadenas enteras. Cada crisis era presentada como una falla individual o administrativa, pero la repetición sugería que existía un problema mucho más estructural dentro del modelo turístico estatal.

EL ESCÁNDALO DEL HABANA CAFÉ Y LA MORAL DEL TURISMO

En paralelo a los problemas económicos, el turismo cubano enfrentaba otra polémica. En 2004 se difundió un vídeo grabado en el Habana Café del hotel Meliá Cohiba en el que aparecían trabajadores y clientes en situaciones que las autoridades consideraron inapropiadas. El episodio provocó una intervención del Ministerio y sanciones contra empleados, mientras el establecimiento incluso modificó parte de su programación.

Aunque aquel vídeo no fue la causa documentada de la destitución de Ferradaz, ayuda a comprender el ambiente existente dentro del sector. En pocos meses se mezclaron corrupción, privilegios, turismo sexual, vigilancia sobre los trabajadores y una reorganización administrativa de gran escala. Todo ocurría precisamente en la industria que el Gobierno necesitaba para obtener las divisas que otras ramas de la economía ya no podían generar.

¿QUÉ PASÓ REALMENTE CON FERRADAZ?

La respuesta completa nunca fue publicada. El Gobierno no difundió una investigación detallada contra él, no anunció una acusación penal y tampoco explicó cuáles serían las “otras responsabilidades” que supuestamente recibiría. Lo único indiscutible es que su caída se produjo inmediatamente después del escándalo de Cubanacán y dentro de una limpieza mucho mayor del sector turístico.

Por eso, su caso es distinto al de Alejandro Roca o Luis Orlando Domínguez. Ferradaz no terminó ante un tribunal ni recibió una larga condena conocida; su defenestración fue política y administrativa, envuelta en un escándalo donde la versión oficial reconocía graves errores de control mientras otras fuentes hablaban abiertamente de corrupción.

DE LA ECONOMÍA ABIERTA DE LOS NOVENTA A LA CENTRALIZACIÓN MILITAR

La caída de Ferradaz también coincidió con un cambio de rumbo económico. Durante los años noventa Cuba había abierto espacios a la inversión extranjera y al turismo internacional para sobrevivir al Período Especial. Ferradaz había participado precisamente en esa etapa, primero desde Inversión Extranjera y después desde Turismo.

Después de 2003 comenzó una tendencia hacia mayor centralización y control político sobre las operaciones en divisas. Investigaciones académicas de la época interpretaron la destitución de Ferradaz y la llegada de Marrero desde Gaviota como parte de una reorganización más amplia destinada a reforzar el control estatal sobre las corporaciones turísticas.

El cambio no fue solamente de nombre en un ministerio. Marcó el fortalecimiento de un modelo en el que las estructuras empresariales vinculadas a las Fuerzas Armadas terminarían ganando cada vez más peso dentro del turismo cubano.

EL MINISTRO QUE SALIÓ SIN QUE LE EXPLICARAN NADA AL PAÍS

Ibrahim Ferradaz había administrado inversiones extranjeras y luego la principal industria generadora de divisas del país. Cuando cayó, el Gobierno publicó apenas unas líneas y evitó explicar públicamente qué responsabilidad concreta tenía en las irregularidades que habían sacudido Cubanacán.

Esa opacidad terminó convirtiéndose en la característica central de su historia. Las autoridades reconocieron problemas de control, removieron a numerosos dirigentes y entregaron el Ministerio a un hombre procedente de Gaviota, pero nunca ofrecieron una reconstrucción transparente del escándalo ni permitieron conocer el alcance real de las irregularidades.

Ferradaz no fue condenado públicamente por corrupción, pero cayó en medio de uno de los mayores escándalos del turismo cubano de comienzos de siglo. Y cuando un ministro desaparece justo después de una purga que alcanza a toda la estructura que dirige, el silencio oficial también forma parte de la noticia.

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