LIVÁN ARRONTE: EL MINISTRO QUE PROMETIÓ RECUPERAR EL SISTEMA ELÉCTRICO Y TERMINÓ DEFENESTRADO EN PLENA OLA DE APAGONES
Durante casi tres años, Nicolás Liván Arronte Cruz estuvo al frente de uno de los ministerios más sensibles de Cuba: Energía y Minas. Llegó al cargo en diciembre de 2019 y le tocó enfrentar un sistema eléctrico envejecido, falta de mantenimiento, déficit de combustible, termoeléctricas averiadas y una creciente presión social provocada por apagones que llegaron a extenderse durante horas en casi todo el país.
Su salida, en octubre de 2022, fue tan rápida como reveladora. El Gobierno anunció el nombramiento de Vicente de la O Levy como nuevo ministro y, aunque la prensa oficial afirmó que a Arronte se le reconocerían “el esfuerzo realizado y su consagración al trabajo”, el cambio se produjo exactamente cuando los apagones, las protestas y el deterioro del Sistema Eléctrico Nacional habían alcanzado uno de sus peores momentos en años.
UN HOMBRE QUE CONOCÍA EL SISTEMA ELÉCTRICO DESDE DENTRO
Arronte no llegó al Ministerio como un improvisado. Antes de convertirse en ministro había ocupado responsabilidades dentro del sector energético y su nombre aparece vinculado a la Unión Eléctrica desde años anteriores. Documentos internacionales de 2017 lo identificaban como director general de la UNE, posición desde la cual participaba en proyectos relacionados con energía y generación eléctrica.
Esa experiencia hacía que su nombramiento pareciera lógico. Cuba necesitaba a alguien que conociera las centrales eléctricas, las redes de distribución, los problemas de mantenimiento y las dificultades financieras del sector. Pero también significaba que Arronte conocía perfectamente el deterioro acumulado que años después terminaría explotando públicamente durante su mandato.
Cuando asumió como ministro en diciembre de 2019, el país todavía no había llegado al nivel de apagones masivos de 2022, pero el sistema ya cargaba con décadas de infraestructura envejecida y reparaciones aplazadas. En poco tiempo, la combinación de crisis económica, falta de piezas, escasez de combustible y averías recurrentes convirtió su cartera en una de las más expuestas políticamente.
LOS APAGONES Y UNA CRISIS QUE YA NO PODÍA OCULTARSE
En 2022, la situación se volvió especialmente grave. Las averías se multiplicaron y varias de las principales termoeléctricas del país quedaron parcial o totalmente fuera de servicio. El propio Arronte reconoció públicamente que la recuperación del sistema sería gradual y no inmediata, una admisión significativa en momentos en que millones de cubanos soportaban cortes prolongados.
Uno de los golpes más severos ocurrió en la termoeléctrica Lidio Ramón Pérez, en Felton, Holguín. Un incendio en la Unidad 2 provocó daños importantes y eliminó una parte de la generación que el Gobierno esperaba incorporar durante el verano. Arronte explicó en televisión que aquella avería había impedido contar con la reserva mínima necesaria para cubrir la demanda.
A esto se sumaron problemas en Mariel y otras plantas. En agosto, el ministro reconoció que la falta de mantenimientos acumulados afectaba tanto a la generación térmica como a los grupos electrógenos, y que varias unidades operaban en condiciones inestables.
EL GOBIERNO PROMETÍA MEJORAS MIENTRAS LOS APAGONES CRECÍAN
En medio de aquella crisis, Arronte apareció repetidamente en la televisión estatal explicando planes de reparación y recuperación. En agosto de 2022 aseguró que antes de finalizar el año se pretendía recuperar cientos de megavatios y sumar nueva capacidad para que la generación pudiera superar la demanda.
El discurso oficial insistía en que la solución llegaría de forma paulatina y atribuía buena parte de las dificultades a la falta de recursos, los precios internacionales y las sanciones estadounidenses. Arronte llegó a señalar ante la Asamblea Nacional que decenas de medidas de Washington afectaban directamente al sector energético.
Sin embargo, la realidad cotidiana era cada vez más difícil de reconciliar con las promesas. Los apagones continuaban durante largas horas y el déficit de generación superó en algunos momentos los 1.000 megavatios durante varios días consecutivos.
La brecha entre el discurso oficial y lo que estaba viviendo la población terminó convirtiéndose en un problema político.
EL SISTEMA ESTABA OPERANDO AL LÍMITE
Uno de los datos más reveladores surgió precisamente durante el periodo de Arronte. Reportes independientes basados en declaraciones de autoridades del sector señalaron que Cuba tenía alrededor de 20 bloques de generación térmica y que 18 estaban fuera de su ciclo regular de mantenimiento, lo que los hacía mucho más propensos a averías.
Ese dato cambiaba por completo la narrativa de que los apagones eran simplemente consecuencia de hechos aislados. No se trataba únicamente de una central que se incendiaba o de una avería inesperada. Existía un problema estructural de mantenimiento acumulado que afectaba prácticamente a todo el sistema.
El propio ministro reconoció que una reparación capital de una termoeléctrica podía tardar entre siete meses y un año, y que el país había tenido que aplazar mantenimientos importantes por falta de recursos.
La pregunta era inevitable: si el deterioro era tan profundo y conocido, ¿por qué durante años se permitió que tantas unidades llegaran simultáneamente a semejante estado?
LAS PROTESTAS CAMBIARON EL COSTO POLÍTICO DE LOS APAGONES
El problema dejó de ser exclusivamente técnico cuando comenzaron las protestas.
Los apagones habían sido una de las causas del malestar que rodeó las históricas manifestaciones del 11 de julio de 2021, y Arronte apareció públicamente junto a otros miembros del Gobierno explicando las interrupciones eléctricas al día siguiente de aquellas protestas.
En 2022 volvieron a producirse manifestaciones relacionadas directamente con la falta de electricidad. Tras el paso del huracán Ian a finales de septiembre, Cuba sufrió un apagón nacional y diferentes barrios de La Habana registraron protestas por la demora en el restablecimiento del servicio.
El Gobierno se encontraba entonces ante un problema mucho más peligroso: los apagones ya no solo estaban dañando la economía y la vida diaria, también estaban llevando personas a las calles.
Menos de tres semanas después del apagón nacional, Arronte dejó de ser ministro.
17 DE OCTUBRE DE 2022: LA CAÍDA
El 17 de octubre de 2022, el Consejo de Estado aprobó la promoción de Vicente de la O Levy como nuevo ministro de Energía y Minas. En la misma reorganización fue sustituido el director general de la Unión Eléctrica.
La nota oficial evitó utilizar palabras como “destitución” o “fracaso”. Granma indicó que a Liván Arronte se le reconocía su esfuerzo y dedicación, y aseguró que le serían asignadas nuevas responsabilidades.
Pero el contexto hacía difícil interpretar el cambio como una simple rotación administrativa. La crisis energética estaba en su punto más grave, las protestas habían aumentado y dos de los principales responsables institucionales del sector eléctrico fueron sustituidos simultáneamente. Medios independientes y agencias internacionales describieron abiertamente la decisión como una destitución en plena crisis energética.
UNA PROMESA DE “NUEVAS RESPONSABILIDADES” QUE QUEDÓ EN EL AIRE
La frase utilizada por Granma resulta especialmente interesante: Arronte recibiría “nuevas responsabilidades”. Sin embargo, la nota no explicó cuáles serían esas responsabilidades ni por qué dejaba un ministerio estratégico justamente en aquel momento.
La fórmula recuerda otras salidas utilizadas históricamente dentro del sistema cubano. Cuando un funcionario desaparece de una posición importante, las notas oficiales suelen recurrir a expresiones burocráticas que evitan reconocer públicamente un castigo político.
En el caso de Arronte, no existe evidencia pública de que fuera acusado de corrupción, enriquecimiento ilícito o delito alguno. Su “escándalo” fue fundamentalmente político y administrativo: haber quedado al frente del sector energético durante uno de los mayores colapsos eléctricos de la Cuba reciente.
EL DETALLE POLÍTICO QUE LLAMÓ LA ATENCIÓN
Otro elemento alimentó las especulaciones sobre su posición dentro de la cúpula. En 2021, pese a ocupar un ministerio estratégico, Arronte no fue incorporado al Comité Central del Partido Comunista de Cuba, un dato resaltado posteriormente por medios independientes como señal de que quizás no disfrutaba de una confianza política especialmente sólida.
Por sí solo, ese hecho no demuestra una disputa interna. Pero al combinarse con su posterior salida en medio de la crisis eléctrica, adquiere otro significado.
Mientras otros ministros importantes ocupaban posiciones dentro de la estructura partidista, Arronte permaneció como responsable técnico y gubernamental de un sector sometido a enorme presión. Cuando el sistema llegó al límite, terminó siendo uno de los primeros funcionarios sustituidos.
¿FUE RESPONSABLE O TERMINÓ PAGANDO POR DÉCADAS DE ABANDONO?
Esta es probablemente la pregunta central de su historia. Como ministro, Liván Arronte tenía responsabilidad institucional sobre el sistema eléctrico y era lógico exigirle respuestas. Bajo su gestión ocurrieron apagones masivos, fallaron planes de recuperación y el país llegó a situaciones críticas de generación. Sin embargo, la infraestructura que colapsó en 2022 no había sido construida ni abandonada durante únicamente tres años.
Muchas de las termoeléctricas cubanas tenían décadas de explotación. Los problemas de mantenimiento, financiamiento, modernización y dependencia de combustibles existían desde mucho antes de su llegada al Ministerio. El propio Arronte terminó reconociendo públicamente esa acumulación de dificultades.
Su destitución resolvió un problema político inmediato: había una cara visible a la que atribuir parte del desastre. Pero no resolvió el problema eléctrico.
DESPUÉS DE ARRONTE, LOS APAGONES CONTINUARON
Quizá la mejor forma de evaluar su responsabilidad sea observar lo que ocurrió después.
Vicente de la O Levy asumió el Ministerio con nuevos planes de mantenimiento y nuevas promesas de estabilidad. Sin embargo, Cuba continuó enfrentando déficits de generación, averías y apagones durante los años siguientes.
Eso no elimina los posibles errores de gestión cometidos durante la etapa de Arronte, pero demuestra algo mucho más profundo: la crisis energética cubana nunca dependió de un solo ministro.
El Gobierno cambió al responsable político, pero el sistema siguió envejecido, subfinanciado y vulnerable.
EL MINISTRO QUE TERMINÓ CONVIRTIÉNDOSE EN PARTE DEL PROBLEMA
Liván Arronte llegó al cargo como un técnico con experiencia en la Unión Eléctrica. Tres años después, salió cuando la electricidad se había convertido en uno de los principales motivos de descontento social del país.
No fue acusado de robar millones, no terminó ante un tribunal y tampoco protagonizó una purga comparable con las de Ochoa, Abrantes o Alejandro Gil. Su historia es diferente y, precisamente por eso, resulta interesante.
Arronte representa otra modalidad de defenestración dentro del sistema cubano: el funcionario que carga públicamente con una crisis estructural cuando esa crisis comienza a tener consecuencias políticas.
El 17 de octubre de 2022 desapareció de la primera línea y otro ministro ocupó su puesto. Las centrales eléctricas, las averías y los apagones permanecieron.
Y esa es la contradicción que su caída nunca pudo esconder: Cuba cambió al ministro, pero no pudo cambiar el sistema eléctrico que había colapsado bajo sus pies.
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