HUMBERTO SORÍ MARÍN: EL HOMBRE QUE ESCRIBIÓ LAS LEYES DE LA REVOLUCIÓN PARA FIDEL CASTRO Y TERMINÓ FUSILADO POR ELLA
Pocas historias de los primeros años de la Revolución cubana contienen una ironía tan brutal como la de Humberto Sorí Marín. Abogado, comandante del Movimiento 26 de Julio, asesor jurídico de Fidel Castro en la Sierra Maestra y luego ministro de Agricultura del primer Gobierno revolucionario, Sorí ayudó a redactar las normas con las que los rebeldes juzgaban a acusados durante la guerra. Apenas dos años después del triunfo de enero de 1959, aquellas mismas estructuras revolucionarias lo condenarían a muerte.
Fue fusilado en La Cabaña el 20 de abril de 1961, en plena conmoción provocada por la invasión de Playa Girón. Para entonces ya había roto completamente con Fidel Castro, se había exiliado, regresado clandestinamente a Cuba con armas y explosivos y participado en planes para organizar una insurrección contra el Gobierno.
Su historia no es la de un opositor que nunca perteneció a la Revolución. Sorí estuvo en su nacimiento, contribuyó a darle forma jurídica y llegó a ocupar un ministerio. Precisamente por eso su caída resulta tan reveladora.
EL ABOGADO QUE CREÓ LA JUSTICIA DE LA SIERRA
Antes de 1959, Humberto Sorí Marín era abogado y había tenido vínculos con el Partido Auténtico. En 1957 se incorporó al Movimiento 26 de Julio en la Sierra Maestra, donde se convirtió en una figura importante del aparato jurídico rebelde. Documentos diplomáticos estadounidenses de 1958 ya lo describían como asesor legal del movimiento y prácticamente responsable del sistema judicial que funcionaba en las zonas controladas por los guerrilleros.
Sorí aseguró entonces haber redactado un código aplicable en territorio rebelde. Según un reporte contemporáneo del Departamento de Estado, unas 60 personas habían sido juzgadas bajo aquellas normas; 28 resultaron condenadas y ocho ejecutadas. Entre los delitos castigados con la muerte figuraban asesinato, violación, bandolerismo y espionaje.
Ese dato convierte su final en una paradoja difícil de ignorar: el hombre que ayudó a construir los tribunales revolucionarios terminaría años después sentado frente a uno de ellos.
TAMBIÉN JUZGÓ Y CONDENÓ A SOSA BLANCO
Tras el triunfo de enero de 1959, Sorí no quedó relegado a un despacho. Formó parte activa de los procesos contra militares y colaboradores de Batista. Entre los casos más conocidos estuvo el de Jesús Sosa Blanco, oficial acusado de asesinatos y abusos durante la dictadura.
Sorí integró el tribunal revolucionario que lo juzgó. El primer proceso, realizado públicamente en el Palacio de los Deportes ante miles de personas, provocó enormes críticas internacionales por su carácter espectacular y por la presión de la multitud. TIME describió a Sorí dirigiendo aquel juicio ante un público de aproximadamente 15.000 personas.
Después de una repetición del proceso, Sorí volvió a imponer la pena capital. Sosa Blanco fue fusilado pocas horas más tarde. Aquel episodio resulta fundamental para comprender que Sorí no fue inicialmente una víctima de la justicia revolucionaria: fue uno de quienes la administraron.
MINISTRO DE AGRICULTURA Y LA PRIMERA GRAN RUPTURA
El nuevo Gobierno lo nombró ministro de Agricultura. Documentos estadounidenses de 1959 lo incluyen formalmente dentro del gabinete revolucionario.
Pero muy pronto comenzaron las diferencias. Sorí participó inicialmente en discusiones relacionadas con la reforma agraria, aunque defendía conservar determinadas formas de propiedad privada. Cuando el rumbo económico y político comenzó a radicalizarse, especialmente por el creciente peso de los comunistas dentro del aparato revolucionario, su relación con Castro se deterioró.
En mayo de 1959 dejó el Ministerio de Agricultura. Después comenzó a acercarse a figuras también incómodas con la evolución del Gobierno, entre ellas Manuel Artime y otros antiguos revolucionarios que veían con alarma la comunización acelerada del proceso.
DE MINISTRO REVOLUCIONARIO A ENEMIGO DEL NUEVO PODER
La ruptura terminó convirtiéndose en abierta oposición. Después del encarcelamiento de Huber Matos en octubre de 1959 y de la creciente persecución contra antiguos aliados críticos, Sorí salió de Cuba y terminó en Estados Unidos.
Allí se integró en organizaciones destinadas a derrocar a Fidel Castro. Llegó a convertirse en uno de los principales dirigentes del Frente Revolucionario Democrático, organización del exilio vinculada a los planes estadounidenses contra el Gobierno cubano.
Documentación estadounidense y reconstrucciones históricas muestran que Sorí ya no buscaba simplemente realizar oposición política desde Miami. Participó en preparativos destinados a organizar acciones armadas y coordinar grupos clandestinos dentro de Cuba.
Ese dato es importante porque impide contar su muerte como si hubiera sido simplemente la ejecución de un disidente pacífico.
REGRESÓ CLANDESTINAMENTE A CUBA
En la noche del 13 de marzo de 1961, Humberto Sorí regresó clandestinamente a Cuba acompañado por varios hombres, entre ellos Rafael Díaz Hanscom, Manuel Puig Miyar, Nemesio Rodríguez Navarrete y Gaspar Domingo Trueba Varona. Desembarcaron por la zona de Celimar, al este de La Habana, con armas y explosivos destinados a apoyar la oposición interna.
El plan buscaba coordinar diferentes células clandestinas en preparación de una posible insurrección que coincidiera con la operación militar que Estados Unidos estaba organizando desde el exterior.
La existencia de esa operación es otro punto que conviene dejar claro: Sorí sí participaba en una conspiración armada contra el Gobierno. El debate histórico no debe partir de negar ese hecho, sino de analizar qué ocurrió después de su captura y qué garantías tuvo su juicio.
LA REUNIÓN DE SIBONEY QUE TERMINÓ EN UNA TRAMPA
Cinco días después, el 18 de marzo de 1961, Sorí y otros dirigentes de la oposición interna se reunieron en una vivienda de la zona de Siboney, en La Habana. El objetivo era coordinar acciones clandestinas.
La Seguridad del Estado conocía la reunión.
Agentes del G-2 irrumpieron en la casa y arrestaron a los participantes. Sorí recibió un disparo y resultó herido durante la operación. El National Security Archive confirma que importantes coordinadores militares de la oposición interna fueron capturados en aquella reunión y que varios de ellos, incluido Sorí, serían ejecutados aproximadamente un mes después.
Desde ese momento quedó prácticamente eliminada una parte importante de la estructura que debía apoyar desde dentro la invasión que llegaría en abril.
GIRÓN CAMBIÓ EL RITMO DE TODO
Sorí permaneció preso mientras se acercaba la invasión de Bahía de Cochinos. El 17 de abril de 1961, la Brigada 2506 desembarcó en Playa Girón. El Gobierno respondió no solo militarmente, sino también con enormes operaciones de seguridad interna, detenciones masivas y procesos acelerados contra opositores.
Tres días después, el 20 de abril, Radio Habana anunció que Humberto Sorí Marín y otros seis hombres habían sido ejecutados al amanecer. UPI informó ese mismo día que las ejecuciones elevaban a 24 el número reportado durante los tres días anteriores.
El momento de la ejecución alimentó desde entonces una pregunta inevitable:
¿Se decidió acelerar su muerte porque el Gobierno temía que una eventual victoria o levantamiento interno pudiera liberarlo?
La cronología hace razonable formular la pregunta, pero no permite responderla definitivamente sin documentación adicional.
LA CAUSA 152 Y UN PROCESO RODEADO DE SOMBRAS
Las fuentes posteriores identifican el proceso como la Causa 152 de 1961. Sorí fue condenado junto con otros integrantes de la conspiración, entre ellos Rogelio González Corzo, Eufemio Fernández y Manuel Puig Miyar.
La gran dificultad histórica es que el expediente judicial completo no está ampliamente disponible para consulta pública, lo que impide reconstruir con precisión todos los cargos, las pruebas presentadas, la defensa ejercida y la duración real del proceso.
No existe duda de que Sorí había vuelto clandestinamente con armas y participaba en una conspiración contra el Gobierno. Lo que permanece sujeto a examen es si el procedimiento que terminó con su fusilamiento cumplió siquiera con estándares básicos de justicia o si el desenlace estaba políticamente decidido desde antes.
EL HOMBRE QUE HABÍA ESCRITO LAS LEYES TERMINÓ JUZGADO POR “TRAICIÓN”
El National Security Archive resume el destino de Sorí de una manera casi cruelmente sencilla: fue uno de los dirigentes de la oposición interna capturados el 18 de marzo y ejecutados por traición un mes después, durante la invasión de Playa Girón.
La ironía resulta imposible de pasar por alto.
Sorí había redactado leyes revolucionarias en la Sierra Maestra. Había participado en tribunales que dictaron penas de muerte. Había ocupado un ministerio del nuevo Gobierno.
Dos años después, la Revolución utilizó su propia maquinaria judicial contra uno de sus arquitectos.
LA MADRE, FIDEL CASTRO Y UNA PROMESA QUE SIGUE SIENDO CONTROVERSIAL
Alrededor de sus últimas horas existe además una historia que ha circulado durante décadas. Según relatos familiares y posteriores reconstrucciones, la madre de Sorí habría acudido a Fidel Castro para suplicarle que perdonara la vida de su hijo.
Una columna publicada por The Washington Post en 1986 recordaba que, después de la sentencia de muerte, la madre fue a ver a Castro para pedir clemencia.
Versiones posteriores van aún más lejos y sostienen que Fidel habría tranquilizado a la mujer, asegurándole que nada ocurriría con Humberto. Sin embargo, esa supuesta promesa necesita tratarse con cautela: no hemos localizado una grabación, carta o documento contemporáneo que permita confirmar literalmente esa conversación.
Lo que sí está documentado es que la familia buscó intervenir y que Sorí terminó fusilado de todas maneras.
¿PIDIÓ A FIDEL Y RAÚL COMO TESTIGOS?
Otra versión repetida en testimonios del exilio sostiene que Sorí habría pedido durante su proceso que Fidel y Raúl Castro comparecieran como testigos, supuestamente para demostrar aspectos relacionados con su conducta y participación en la Revolución.
La historia aparece en reconstrucciones posteriores, pero no contamos con el acta íntegra del juicio que permita verificar cómo se formuló exactamente esa petición o si fue rechazada formalmente. Es otro ejemplo de por qué el expediente Sorí continúa incompleto.
UNA FIGURA INCÓMODA PARA TODOS
Humberto Sorí Marín resulta difícil de convertir en símbolo sencillo. Para el relato oficial revolucionario, terminó convertido en contrarrevolucionario armado, infiltrado para coordinar acciones contra el Gobierno en vísperas de Girón.
Para buena parte del exilio, representa al antiguo comandante que descubrió demasiado tarde el rumbo dictatorial de la Revolución y terminó asesinado por quienes habían sido sus compañeros.
Las dos narrativas contienen elementos reales. Sorí sí fue un revolucionario auténtico. También participó en los primeros tribunales y condenas a muerte. Posteriormente rompió con Castro. Y finalmente regresó armado para intentar derrocarlo.
Lo que su historia demuestra es algo más inquietante: la Revolución cubana comenzó muy pronto a devorar a algunos de los hombres que habían ayudado a construirla.
EL FINAL EN LA CABAÑA
El 20 de abril de 1961, con la invasión de Girón ya derrotada, Sorí fue llevado ante el pelotón de fusilamiento de La Cabaña junto con varios de sus compañeros. Tenía 45 años.
Documentos conservados en los Archivos Nacionales estadounidenses confirman su ejecución en La Cabaña alrededor de esa fecha, aunque algunos registros desclasificados presentan pequeñas discrepancias entre el 19 y el 20 de abril. La información contemporánea de Radio Habana y UPI sitúa el anuncio y la ejecución el 20 de abril de 1961, fecha que consideramos mejor respaldada.
Sorí había pasado de redactar leyes para Fidel Castro a ser condenado bajo el mismo sistema revolucionario. Tal vez ninguna biografía resuma mejor la velocidad con la que cambiaron las reglas en aquella Cuba.
Primero ayudó a crear la justicia de la Revolución. Después descubrió que esa justicia también podía apuntar contra él.
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