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Cuba Bajo Lupa

PEDRO TORTOLÓ: EL CORONEL QUE FIDEL CASTRO CONVIRTIÓ EN SÍMBOLO DE COBARDÍA TRAS EL DESASTRE DE LA GUERRA DE GRANADA

Durante décadas, en Cuba bastaba mencionar el apellido Tortoló para provocar una burla. “Corrió como Tortoló” entró en el lenguaje popular y hasta surgió el chiste de los “tenis Tortoló” para referirse a alguien que escapaba rápidamente. Detrás de aquella caricatura, sin embargo, quedó enterrada una historia mucho más complicada: la de un coronel escogido para dirigir a los cubanos en Granada en 1983, recibido después públicamente por Fidel Castro y posteriormente degradado, enviado a Angola y prácticamente borrado del relato heroico que el propio Gobierno había construido.

La pregunta sigue abierta más de cuatro décadas después: ¿Pedro Tortoló Comas fue realmente un cobarde o terminó convertido en el hombre sobre quien la cúpula cubana descargó el costo político de una operación que había salido desastrosamente mal?

EL CORONEL QUE LLEGÓ A GRANADA HORAS ANTES DE LA INVASIÓN

Pedro Benigno Tortoló Comas no llevaba meses dirigiendo las posiciones cubanas en Granada. Documentación estadounidense señala que llegó a la isla el 24 de octubre de 1983, a bordo de un AN-26 cubano, apenas un día antes del desembarco estadounidense de la Operación Urgent Fury. Según la versión oficial cubana recogida por la prensa de aquellos días, asumió entonces el mando de la defensa del contingente cubano.

La situación que encontró era explosiva. Maurice Bishop había sido asesinado el 19 de octubre después de una violenta lucha interna dentro de la revolución granadina, Estados Unidos preparaba una intervención militar y centenares de cubanos permanecían en la isla. Fidel Castro reconocería posteriormente que había 784 ciudadanos cubanos en Granada, entre diplomáticos, familiares, técnicos, trabajadores y otro personal, mientras rechazaba la afirmación estadounidense de que se trataba fundamentalmente de tropas profesionales.

Tortoló, por tanto, recibió una misión en un escenario que ya estaba prácticamente fuera de control.

LA ORDEN QUE PODÍA CONVERTIR GRANADA EN UNA INMOLACIÓN

Uno de los testimonios más importantes sobre aquellas horas procede del fallecido teniente coronel Juan Reynaldo Sánchez, quien fue durante años miembro de la seguridad personal de Fidel Castro. Sánchez afirmó que Tortoló había causado una magnífica impresión al gobernante durante ejercicios militares en Cuba y que, ante la crisis de Granada, fue citado personalmente al Consejo de Estado para recibir instrucciones antes de partir.

Según Sánchez, las órdenes incluían organizar a los cubanos, distribuir las armas disponibles, establecer comunicaciones entre las posiciones y la embajada y, de manera crucial, no iniciar el combate si las fuerzas estadounidenses no los atacaban primero. El antiguo escolta sostuvo además que Fidel Castro insistió en que, en caso de producirse el enfrentamiento, las posiciones debían defenderse “hasta el último hombre y la última bala”, aun sabiendo que Cuba no podría enviar refuerzos.

Esta versión encaja parcialmente con el discurso pronunciado por Fidel Castro el 14 de noviembre de 1983, cuando sostuvo públicamente que las armas cubanas no habían sido distribuidas hasta que el desembarco estadounidense estaba en marcha y afirmó que los cubanos no habían disparado primero. Sin embargo, no hemos localizado un telegrama original, una orden militar escrita ni un documento firmado por Castro que contenga la frase difundida posteriormente en redes sociales sobre “cero prisioneros vivos”. Esa formulación no debe presentarse como un hecho documentado.

¿QUÉ HIZO REALMENTE TORTOLÓ DURANTE EL COMBATE?

Aquí comienza la parte más polémica. Juan Reynaldo Sánchez afirmó que las investigaciones realizadas después de Granada concluyeron que Tortoló nunca dio una orden general de abrir fuego contra las fuerzas estadounidenses. Según su relato, el coronel recorrió posiciones y algunos grupos cubanos terminaron disparando por iniciativa propia después de que el combate se extendiera alrededor de ellos.

La resistencia cubana, de cualquier modo, sí existió. Fidel Castro afirmó posteriormente que hubo posiciones que continuaron combatiendo y presentó a los muertos como héroes de una resistencia desigual. Estados Unidos sufrió bajas durante la operación y 24 cubanos murieron, según el propio discurso de Castro del 14 de noviembre.

Lo que parece claro es que Tortoló no ordenó una resistencia suicida hasta exterminar a todos los cubanos disponibles. Precisamente ahí nace el dilema que perseguiría su nombre durante décadas: ¿desobedeció una expectativa de inmolación o simplemente evitó continuar una batalla militarmente perdida?

DE “MISIÓN CUMPLIDA” AL TRIBUNAL DE HONOR

El giro que sufrió su destino resulta especialmente revelador porque Tortoló no regresó inicialmente a Cuba como un traidor. The Washington Post informó desde La Habana que el 4 de noviembre Fidel Castro, miembros de su gabinete y del Buró Político recibieron públicamente a los cubanos evacuados de Granada. Cuando Tortoló descendió del avión en el aeropuerto José Martí, una banda militar tocaba y el coronel saludó a Castro.

La versión cubana difundida entonces sostenía incluso que Tortoló había atravesado líneas estadounidenses y conducido a alrededor de medio centenar de cubanos hacia la embajada soviética. La imagen pública, por tanto, era inicialmente la de un oficial que había cumplido una misión difícil y había conseguido regresar.

Pero aquella narrativa duró poco.

Juan Reynaldo Sánchez aseguró que Fidel y Raúl Castro dirigieron posteriormente una investigación mediante entrevistas a participantes y testigos en la Casa 28 de protocolo del Consejo de Estado, en el municipio Playa de La Habana. Según su testimonio, Tortoló fue interrogado allí, recriminado y posteriormente enviado ante un tribunal de honor, que lo degradó a soldado junto con otros militares relacionados con Granada.

No hemos encontrado hasta ahora el expediente original de ese tribunal, su composición completa ni una sentencia cubana publicada. Pero la degradación no depende exclusivamente del testimonio de Sánchez.

DOCUMENTOS DE INTELIGENCIA: TORTOLÓ FUE DEGRADADO Y ENVIADO A ANGOLA

Un documento desclasificado de la CIA sobre la cronología cubana recoge que fuentes cubanas informaron que Pedro Tortoló y otros 42 oficiales fueron degradados a soldados y enviados a Angola por lo ocurrido durante la invasión de Granada. Otro documento de inteligencia estadounidense también recoge referencias a la reducción de grado y al envío a África.

La revista TIME informaba ya en 1984 que Tortoló había sido sometido a un proceso militar por cobardía y degradado junto con algunos hombres que habían buscado refugio en la embajada soviética. Esa interpretación reflejaba la narrativa que comenzaba a circular fuera de Cuba: el héroe recibido ante las cámaras había pasado, en cuestión de meses, a ser señalado como responsable de una humillación nacional.

Sánchez aporta otro detalle: afirma que Angola fue presentada como la oportunidad para que aquellos militares “limpiaran su honor” y que Tortoló combatió allí hasta recuperar los grados de sargento. Hasta el momento, sin embargo, no hemos localizado documentación fiable que identifique la unidad exacta, las operaciones específicas en que participó, cuánto tiempo permaneció destinado en Angola ni un expediente oficial que confirme detalladamente cómo recuperó grados.

EL HOMBRE QUE UNOS DIERON POR MUERTO Y OTROS VIERON EN LA HABANA

La desaparición de Tortoló de la vida pública alimentó todavía más el misterio. Durante años circularon versiones según las cuales había muerto en Angola, mientras otras fuentes sostuvieron que sobrevivió y regresó a Cuba. Esa contradicción contribuyó a convertirlo en una especie de fantasma dentro de la historia militar de la Revolución.

Juan Reynaldo Sánchez escribió que años después Tortoló vivía discretamente en La Habana. Otras publicaciones y testimonios llegaron incluso a situarlo trabajando con su automóvil como taxista, una imagen difícil de conciliar con la del coronel que había ocupado posiciones importantes dentro de las Fuerzas Armadas y había sido escogido personalmente para una de las crisis internacionales más delicadas de 1983.

La incertidumbre alrededor de su vida posterior demuestra hasta qué punto su figura desapareció del discurso oficial. Mientras otros militares cubanos fueron elevados a generales, héroes o figuras históricas, el hombre de Granada quedó reducido fundamentalmente a un apellido utilizado para hacer chistes.

UNA FAMILIA MARCADA POR EL APELLIDO TORTOLÓ

El castigo social no parece haber terminado con el coronel. Medios del exilio han presentado a Noel Tortoló como hijo de Pedro Tortoló y han dedicado entrevistas a las consecuencias que aquel episodio tuvo sobre la familia. En 2019, Diario Las Américas abordó precisamente lo que describió como una historia que continuaba afectando a los familiares del militar décadas después de Granada.

Noel Tortoló ha aparecido además posteriormente en entrevistas relatando sus propios enfrentamientos con las autoridades cubanas, incluyendo una detención de cuatro meses en 100 y Aldabó y el decomiso de bienes. Esos acontecimientos corresponden a su experiencia personal y no pueden atribuirse automáticamente a represalias por el caso de su padre, aunque muestran que el apellido Tortoló continuó ligado a historias de conflicto con el Estado cubano.

¿COBARDE, DESOBEDIENTE O CHIVO EXPIATORIO?

La evidencia disponible no permite convertir a Tortoló automáticamente en héroe. Un comandante puede ser cuestionado por sus decisiones militares y todavía quedan zonas oscuras sobre exactamente dónde estuvo, qué órdenes transmitió y cómo se produjo su retirada hacia la embajada soviética.

Pero hay algo que sí resulta difícil ignorar: el mismo Gobierno que inicialmente lo recibió públicamente con honores terminó castigándolo después de investigar por qué no se había producido la resistencia extrema que aparentemente se esperaba de los cubanos en Granada. La degradación y el envío a Angola están respaldados por fuentes independientes del testimonio de Juan Reynaldo Sánchez.

Eso cambia considerablemente la lectura de aquella vieja burla cubana. Tortoló pudo haberse retirado, pudo haber cometido errores e incluso pudo haber desobedecido instrucciones, pero reducir toda la historia a “un coronel que salió corriendo” resulta demasiado cómodo. Granada fue una derrota militar, política y propagandística ocurrida en plena Guerra Fría, y el Gobierno cubano necesitaba explicar por qué la épica prometida no había ocurrido.

La pregunta que quedó enterrada debajo de cuarenta años de chistes es mucho más incómoda: ¿Tortoló fue castigado por cobarde o por negarse a convertir centenares de vidas cubanas en el escenario de una inmolación útil para la propaganda de Fidel Castro?

Tal vez ahí esté el verdadero misterio de Pedro Tortoló Comas.

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