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Cuba Bajo Lupa

JOAQUÍN ORDOQUI: EL COMUNISTA ACUSADO POR FIDEL CASTRO DE SER DE LA CIA… ¿POR UNA TRAMPA DE LA PROPIA CIA?

Joaquín Ordoqui Mesa llegó a ocupar uno de los lugares más sensibles del nuevo poder revolucionario cubano. Veterano comunista, dirigente del antiguo Partido Socialista Popular, miembro de la dirección de las Organizaciones Revolucionarias Integradas y viceministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, parecía representar la integración definitiva de la vieja guardia comunista en el Estado surgido después de 1959. Sin embargo, en noviembre de 1964 desapareció abruptamente de sus cargos y comenzó una historia tan turbia que, más de medio siglo después, todavía resulta difícil responder una pregunta elemental: ¿qué hizo realmente Joaquín Ordoqui?

Su caída estuvo rodeada de ingredientes suficientes para una novela de espionaje: el asesinato de cuatro jóvenes del Directorio Revolucionario en Humboldt 7, un delator llamado Marcos Rodríguez, viejas rivalidades entre comunistas, sospechas de protección política, acusaciones de colaboración con la CIA, documentos secretos, interrogatorios, confinamiento y finalmente una decisión oficial extraordinaria: el gobierno cubano sostuvo que existían serios indicios contra Ordoqui, pero reconoció que no disponía de pruebas definitivas para llevarlo ante un tribunal.

Y todavía faltaba la paradoja mayor: investigaciones posteriores plantearían que parte de las pruebas que hicieron sospechar que Ordoqui trabajaba para la CIA pudieron haber sido fabricadas precisamente por la propia CIA para destruirlo políticamente.

UN COMUNISTA MUCHO ANTES DE FIDEL CASTRO

Ordoqui no era uno de aquellos militantes que descubrieron el marxismo después del triunfo revolucionario. Su trayectoria comunista se remontaba a varias décadas atrás y terminó colocándolo entre los dirigentes históricos del Partido Socialista Popular. Después de 1959 pasó a ocupar responsabilidades dentro del nuevo aparato político y militar, llegando a la dirección de las ORI y al cargo de viceministro de las FAR con grado de comandante.

Su perfil era particularmente delicado porque pertenecía a la generación de comunistas cubanos con fuertes vínculos políticos e ideológicos con Moscú. En aquellos primeros años revolucionarios existían tensiones entre los antiguos cuadros del PSP y los dirigentes procedentes fundamentalmente del Movimiento 26 de Julio, una lucha que había quedado expuesta con la caída de Aníbal Escalante en 1962, acusado de sectarismo y de favorecer a veteranos comunistas dentro de las nuevas estructuras políticas.

La inteligencia estadounidense observaba atentamente esas fisuras. Documentos hoy desclasificados de la CIA muestran que, cuando Ordoqui fue apartado en noviembre de 1964, Washington lo describía como un “old-line Communist” y analizaba su caída en medio de rumores sobre dificultades y luchas internas en La Habana. La Agencia, por tanto, no contemplaba a Ordoqui como una figura secundaria: seguía directamente su suerte política.

HUMBOLDT 7 Y EL HOMBRE LLAMADO “MARQUITOS”

El nombre de Ordoqui terminó enredado con uno de los episodios más dolorosos de la lucha contra Batista. El 20 de abril de 1957, la policía localizó un apartamento de la calle Humboldt número 7 donde se ocultaban Fructuoso Rodríguez, Juan Pedro Carbó Serviá, José Machado Rodríguez y Joe Westbrook, jóvenes vinculados al Directorio Revolucionario. Los cuatro fueron asesinados. Años después, Marcos Rodríguez Alfonso, conocido como “Marquitos”, fue acusado de haber revelado su escondite.

El problema para Ordoqui era que conocía a Marcos Rodríguez y había intervenido en asuntos relacionados con él. Las investigaciones y testimonios del proceso mostraron que Ordoqui había intentado ayudarlo durante su etapa en México e incluso participó en gestiones vinculadas con una posible beca para estudiar en Checoslovaquia. Cuando Marquitos quedó posteriormente bajo sospecha en Cuba, esas antiguas relaciones adquirieron un significado explosivo.

Ordoqui y su esposa, Edith García Buchaca, quedaron acusados en distintas versiones de haber protegido a Marquitos. Pero incluso dentro del juicio aparecieron contradicciones importantes. Carlos Rafael Rodríguez declaró que durante cierto tiempo no existían pruebas concretas contra Marcos Rodríguez, mientras el propio Ordoqui sostuvo que había defendido su liberación precisamente porque consideraba que las sospechas existentes no demostraban todavía su culpabilidad.

¿PROTEGIÓ ORDOQUI AL DELATOR SABIENDO QUIÉN ERA?

Esa pregunta continúa dividiendo a investigadores y protagonistas. Para algunos familiares de las víctimas y antiguos miembros del Directorio Revolucionario, el entorno del PSP protegió a Marquitos y permitió que escapara durante años de las consecuencias de su delación. Otras investigaciones, sin embargo, sostienen que esa interpretación simplifica demasiado un expediente extraordinariamente complejo.

El historiador Newton Briones Montoto, autor de una investigación específica sobre la delación de Humboldt 7, exculpó a Ordoqui y García Buchaca de haber participado conscientemente en la protección del delator. Briones argumentó, entre otras cosas, que si ambos hubieran poseído realmente el poder necesario para garantizar la impunidad de Marquitos, habrían podido lograr su liberación cuando permaneció detenido durante un largo período antes del juicio, algo que no ocurrió.

Hay además un episodio especialmente significativo. Según la reconstrucción de Briones, Ordoqui conversó con el presidente Osvaldo Dorticós antes del juicio y quiso conocer qué nuevas pruebas habían aparecido contra Marcos Rodríguez. La escena sugiere que Ordoqui seguía intentando comprender el caso cuando la investigación ya estaba avanzada, aunque por sí sola no demuestra cuál había sido su conocimiento previo.

FIDEL CASTRO INTERVINO PERSONALMENTE EN EL CASO

El proceso contra Marcos Rodríguez alcanzó tal importancia política que Fidel Castro declaró personalmente. Durante su intervención cuestionó partes de la confesión de Marquitos y rechazó determinados intentos de responsabilizar colectivamente a antiguos comunistas por su conducta. En particular, descargó a Edith García Buchaca de responsabilidad directa en algunas de las acusaciones formuladas contra ella.

Pero Ordoqui no salió completamente ileso. Castro le reprochó determinadas decisiones relacionadas con Marcos Rodríguez, entre ellas haber respaldado anteriormente su militancia y no haber actuado con mayor firmeza ante determinadas sospechas. Marcos Rodríguez terminó declarado culpable y fue ejecutado en abril de 1964.

Parecía que el expediente había terminado. No había hecho más que comenzar.

NOVIEMBRE DE 1964: ORDOQUI DESAPARECE

El 16 de noviembre de 1964, pocos meses después del fusilamiento de Marquitos, Joaquín Ordoqui fue apartado de sus responsabilidades políticas y militares. Edith García Buchaca también perdió sus posiciones dentro de las instituciones culturales. Documentos estadounidenses de finales de aquel mes muestran que la propia CIA seguía con interés inmediato la suspensión del dirigente comunista y los rumores que circulaban alrededor de su caída.

Pero el motivo que terminó trascendiendo era todavía más explosivo que Humboldt 7: Ordoqui era investigado por presuntos vínculos con la inteligencia estadounidense.

La acusación tenía una lógica políticamente devastadora. Uno de los veteranos dirigentes comunistas cubanos, estrechamente relacionado con el viejo PSP y situado dentro de las Fuerzas Armadas de la Revolución, podía haber mantenido contactos con la CIA.

Si aquello era cierto, el escándalo era monumental.

EL EXTRAÑO VEREDICTO: “CULPABLE”, PERO SIN PRUEBAS PARA JUZGARLO

Ordoqui permaneció detenido inicialmente y posteriormente sometido a fuertes restricciones junto con García Buchaca. Sin embargo, nunca se celebró un proceso judicial público que demostrara las acusaciones de espionaje. El expediente permaneció durante años prácticamente enterrado.

En abril de 1973, cuando Ordoqui padecía ya un cáncer avanzado, el Buró Político hizo pública una decisión extraordinaria. Según reconstrucciones que reproducen aquella resolución, se decidió no llevarlo ante los tribunales y suspender las restricciones debido a su estado de salud. Al mismo tiempo, se mantuvo su separación del Partido y de las FAR alegando “serios indicios de culpabilidad”, aunque reconociendo que no existían “pruebas definitivas”.

La contradicción resulta difícil de ignorar. El Estado afirmaba estar convencido de que Ordoqui había cometido hechos gravísimos, pero después de casi nueve años de investigación no disponía de evidencias suficientes para demostrarlo judicialmente.

Joaquín Ordoqui murió de cáncer el 19 de junio de 1973, apenas dos meses después de aquella decisión.

Y ENTONCES APARECIÓ LA CIA

Años después surgió una hipótesis capaz de poner todo el expediente patas arriba.

El exoficial estadounidense Philip Agee, quien después de abandonar la Agencia reveló numerosas operaciones de inteligencia de Estados Unidos, describió campañas de desinformación destinadas a provocar sospechas y fracturas dentro de gobiernos y organizaciones políticas. Investigaciones posteriores sobre el caso Ordoqui sostienen que una de aquellas operaciones habría consistido precisamente en fabricar indicios que hicieran creer al gobierno cubano que Joaquín Ordoqui colaboraba con la CIA.

La lógica era extraordinariamente perversa: si Washington lograba convencer a los dirigentes cubanos de que uno de los comunistas más cercanos al viejo PSP y a Moscú era agente estadounidense, podía estimular las desconfianzas existentes entre la vieja guardia comunista y la nueva dirección revolucionaria.

En otras palabras: la mejor manera de destruir a Ordoqui no habría sido reclutarlo, sino conseguir que Fidel Castro creyera que ya estaba reclutado.

¿HABÍA TRABAJADO ANTES PARA LOS ESTADOUNIDENSES?

Aquí comienza una zona todavía más nebulosa. Versiones atribuidas a Agee plantean que Ordoqui pudo haber mantenido algún tipo de contacto con servicios estadounidenses durante los años cincuenta y que posteriormente habría rechazado continuar esa colaboración, convirtiéndose precisamente por eso en objetivo de una operación de desinformación. Esa hipótesis ha sido reproducida por autores posteriores, pero no existe documentación pública concluyente que permita afirmarla como un hecho demostrado.

También resulta significativo que investigaciones cubanas posteriores hayan cuestionado la culpabilidad de Ordoqui. Un análisis publicado en 2017 señaló que incluso un libro del antiguo general de la Seguridad del Estado Fabián Escalante asumía la inocencia de Ordoqui y García Buchaca respecto a las acusaciones de contacto con la CIA.

La historia adquiere entonces una dimensión casi absurda: un dirigente comunista fue apartado durante años acusado de trabajar para Estados Unidos y, décadas después, fuentes vinculadas tanto con antiguos oficiales estadounidenses como con los propios servicios cubanos comenzaron a alimentar la posibilidad de que la acusación hubiera sido falsa.

¿ESPIONAJE O LUCHA POR EL PODER?

Existe además otra interpretación que no necesita ninguna conspiración internacional para explicar la caída de Ordoqui. Algunos estudiosos consideran que su castigo debe entenderse dentro de la batalla por el control del nuevo sistema político cubano entre la vieja dirigencia comunista del PSP y los revolucionarios vinculados directamente con Fidel Castro.

La cronología resulta sugerente. Primero cayó Aníbal Escalante en 1962, acusado de sectarismo dentro de las ORI. Después estalló el juicio de Marquitos, que volvió a colocar bajo sospecha a antiguos dirigentes comunistas. En 1964 cayó Ordoqui. Y durante los años siguientes el nuevo Partido Comunista terminó consolidándose bajo una estructura política inequívocamente subordinada al liderazgo de Fidel Castro.

La historiadora Lillian Guerra ha señalado que Ordoqui fue visto por numerosos militantes y estudiosos del caso como un posible chivo expiatorio, mientras García Buchaca terminó convertida en otra víctima política de aquella lucha. Esa interpretación tampoco demuestra por sí sola que Ordoqui fuera inocente, pero muestra hasta qué punto su expediente estaba mezclado con conflictos mucho mayores que una simple investigación criminal.

LO CONFIRMADO, LO ACUSADO Y LO QUE SIGUE SIENDO UN MISTERIO

Hay hechos que pueden establecerse con bastante seguridad. Ordoqui conoció y ayudó en determinados momentos a Marcos Rodríguez; el Caso Marquitos dañó profundamente su posición política; fue destituido en noviembre de 1964; quedó investigado por presuntos vínculos con la CIA; permaneció durante años sometido a restricciones; nunca fue juzgado públicamente por espionaje y el propio poder cubano terminó reconociendo que carecía de pruebas definitivas suficientes para llevarlo ante los tribunales.

Lo que continúa sin resolución definitiva es mucho más importante: si sabía realmente que Marquitos había delatado a los jóvenes de Humboldt 7, si colaboró alguna vez conscientemente con los servicios estadounidenses, cuánto hubo de lucha política en su caída y hasta qué punto una operación de desinformación de la CIA contaminó la investigación cubana.

Los propios documentos desclasificados estadounidenses añaden otra capa al misterio. Demuestran que la CIA observaba de cerca a Ordoqui y reaccionó inmediatamente ante su caída, pero esos documentos abiertos hasta ahora no prueban que fuera un agente estadounidense.

EL HOMBRE QUE MURIÓ SIN SABER SI SERÍA REHABILITADO

Ordoqui pasó de las alturas del comunismo cubano al aislamiento político sin que un tribunal estableciera públicamente su culpabilidad. Murió en 1973 sin recuperar las posiciones que había perdido y sin obtener una rehabilitación completa. Edith García Buchaca sobrevivió hasta 2015 y continuó defendiendo durante décadas que las acusaciones contra su esposo eran injustas.

Su historia continúa siendo incómoda precisamente porque ninguna explicación resuelve por completo todas las contradicciones. Si fue agente de la CIA, ¿por qué después de años de investigación no pudieron probarlo ante un tribunal? Si era inocente, ¿por qué permaneció castigado casi hasta su muerte? Si Washington fabricó evidencias para desacreditarlo, ¿cuánto de aquella operación terminó aceptándose como verdad dentro del gobierno cubano?

Y queda una última paradoja que parece escrita para una novela de espionaje: Joaquín Ordoqui pudo haber sido destruido bajo la acusación de trabajar para la CIA precisamente porque la CIA consiguió que pareciera que trabajaba para ella.

Tal vez esa sea la razón por la que su expediente todavía fascina. No sabemos con certeza si fue espía, víctima o chivo expiatorio.

Lo que sí sabemos es que terminó atrapado en una época en la que una sospecha podía valer casi tanto como una prueba y en la que los servicios secretos, las rivalidades políticas y las viejas cuentas revolucionarias podían mezclarse hasta hacer prácticamente imposible separar la verdad de la operación.

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