“MAFIAS DE LA BASURA” EN CUBA: TESTIMONIOS DESCRIBEN CLANES, DISPUTAS Y NEGOCIOS DENTRO DE LOS VERTEDEROS
La basura acumulada en las calles cubanas es la cara visible de una crisis sanitaria y de servicios públicos. Pero detrás de los vertederos existe otro mundo mucho menos conocido: personas que viven del reciclaje informal, cargamentos de desechos con distinto valor y testimonios que describen disputas por controlar lo que descargan determinados camiones. Una denuncia reciente del creador digital Dyango Pulido volvió a colocar ese submundo bajo atención pública.
En una publicación difundida por JSant TV, Pulido aseguró que dentro de algunos vertederos cubanos existirían grupos organizados que controlan determinados camiones y tipos de desechos. Su afirmación es contundente: sostiene que hay “clanes” interesados especialmente en residuos procedentes de lugares donde todavía puede recuperarse mercancía aprovechable o revendible. CubaBajoLupa no ha podido verificar independientemente la existencia de una estructura criminal organizada ni quiénes la integrarían.
NO TODA LA BASURA VALE LO MISMO
Según el testimonio de Pulido, un camión procedente de un barrio residencial pobre tendría poco atractivo en comparación con otro cargado con residuos de fábricas, laboratorios u otras instalaciones donde puedan encontrarse materiales reutilizables.
Uno de los ejemplos mencionados es el de los desperdicios de fábricas de cigarros, de donde algunas personas recuperarían picadura para elaborar cigarrillos artesanales. En los comentarios asociados a la publicación, varios usuarios afirmaron haber conocido prácticas similares durante años y relacionaron ese mercado informal con los llamados “tupamaros”, cigarros hechos con tabaco recuperado o de baja calidad.
Los comentarios también describen supuestas zonas de descarga controladas, enfrentamientos por determinados cargamentos y personas que vigilarían el acceso a áreas consideradas más rentables. Son testimonios de usuarios en redes sociales y no constituyen evidencia suficiente para afirmar que exista una “mafia” formalmente estructurada en los términos propios del crimen organizado.
Pero el fenómeno del control informal y la violencia dentro de los grandes vertederos cubanos no aparece únicamente en testimonios recientes.
EL BOTE DE 100: UN SUBMUNDO DOCUMENTADO HACE AÑOS
En 2016, el periodista cubano Carlos Manuel Álvarez publicó una extensa crónica sobre el vertedero de Calle 100 y Boyeros, conocido popularmente como El Bote, el mayor basurero a cielo abierto de Cuba. El trabajo describió un ecosistema de recolectores conocidos como “buzos”, viviendas improvisadas dentro del vertedero y una economía basada en rescatar plásticos, metales y otros materiales que posteriormente podían venderse.
Álvarez documentó además antecedentes de machetazos, puñaladas y hallazgos de cadáveres dentro del lugar, aunque señaló que durante las jornadas que presenció también existían formas de cooperación entre los recolectores. En su relato, los camiones llegaban hasta las zonas de descarga y grupos de personas se abalanzaban sobre los residuos para separar rápidamente los materiales útiles.
El vertedero ocupa alrededor de 104-105 hectáreas, lleva décadas en funcionamiento y recibe una parte considerable de los residuos generados en La Habana. Fuentes que han documentado el lugar lo describen como el mayor depósito de basura del país.
CUANDO LA BASURA SE CONVIERTE EN MERCANCÍA
Lo relevante no es únicamente si existen o no “clanes” en el sentido planteado por Pulido. El fenómeno revela algo más profundo: en una economía marcada por la escasez, hasta los desechos adquieren valor comercial.
Un electrodoméstico roto puede aportar piezas. El metal puede venderse como materia prima. Los plásticos se recuperan. Restos procedentes de determinados centros pueden ser reutilizados o revendidos. Para quienes encuentran en un vertedero una fuente de ingresos superior a otras alternativas disponibles, controlar el acceso a determinado cargamento puede convertirse en un asunto económico serio.
La crónica de Álvarez ya mostraba esa lógica hace una década: personas que regresaban una y otra vez a recoger desechos pese a las intervenciones policiales porque el basurero representaba una vía de supervivencia.
Las denuncias actuales sugieren que esa economía informal no desapareció y podría haberse vuelto más competitiva en medio del deterioro económico y del sistema de recogida de residuos. CiberCuba reportó recientemente que, a comienzos de 2026, solo 44 de los 106 camiones recolectores de La Habana estaban operativos, una situación atribuida a averías y problemas de combustible.
Hablar de una “mafia de la basura” resulta impactante, pero periodísticamente todavía requiere pruebas adicionales. Lo que sí está documentado es un mercado informal alrededor de los desperdicios, una población que sobrevive recuperando materiales y antecedentes de violencia dentro del mayor vertedero cubano.
En un país donde incluso aquello que otros desechan puede convertirse en mercancía, la basura termina teniendo propietarios informales, compradores y, según múltiples testimonios, hasta territorios que algunos están dispuestos a defender.
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