JORGE MARTÍNEZ VALDÉS: EL HOMBRE QUE SE SENTÓ FRENTE A PABLO ESCOBAR Y TERMINÓ FUSILADO JUNTO A ARNALDO OCHOA
Cuando se recuerda la Causa 1 de 1989, los nombres que casi siempre aparecen primero son Arnaldo Ochoa y Antonio “Tony” de la Guardia. Mucho menos conocida es la historia del capitán Jorge Martínez Valdés, ayudante de campo de Ochoa y uno de los cuatro hombres fusilados el 13 de julio de 1989. Sin embargo, su papel fue extraordinario: según el propio juicio, Martínez fue el emisario que viajó a Medellín y se reunió personalmente con Pablo Escobar.
Ese solo episodio lo coloca en el centro de uno de los capítulos más oscuros de la historia cubana de los años ochenta. Martínez no era un gran general ni una figura pública. Era un capitán cercano a Ochoa, el hombre que ejecutaba determinadas gestiones y transmitía información directamente al militar. Esa proximidad terminó convirtiéndolo en una pieza clave de la acusación y, finalmente, en uno de los condenados a muerte.
El ayudante de Ochoa que terminó entrando en el mundo de Escobar
Las reconstrucciones contemporáneas del juicio sitúan un momento decisivo en Panamá, hacia finales de 1986. Allí, Martínez habría conocido a Fabel Pareja, un colombiano vinculado al entorno de Pablo Escobar. Según esas versiones, Pareja le habló sobre determinadas operaciones y le propuso una reunión con el jefe del Cartel de Medellín. Martínez debía consultar primero con Ochoa, que entonces estaba vinculado a la misión cubana en Angola.
La reunión finalmente ocurrió en Medellín en mayo de 1988. Julia Preston, en The New York Review of Books, reconstruyó el episodio a partir del juicio y explicó que Ochoa reconoció haber autorizado el viaje, Tony de la Guardia habría facilitado la visa y Amado Padrón habría participado en contactos preparatorios con colombianos enviados por el cartel. Martínez describió después personalmente el encuentro ante el tribunal.
Ese dato convierte a Martínez en algo más que “otro fusilado de la Causa 1”. Fue uno de los pocos funcionarios cubanos cuya reunión directa con Pablo Escobar quedó expuesta públicamente durante el proceso.
¿Qué hablaron Pablo Escobar y Jorge Martínez?
Aquí comienza una de las partes más sorprendentes del caso. Según la declaración atribuida a Martínez durante el juicio, Escobar no se mostró únicamente interesado en transportar cocaína. El colombiano habría pedido ayuda para obtener misiles tierra-aire, destinados a defenderse de posibles operaciones aéreas contra sus propiedades, y habría preguntado también por la posibilidad de refugiarse en Cuba si fuera necesario.
El capitán sostuvo además que Escobar mencionó la posibilidad de instalar un laboratorio para procesar cocaína en Cuba o incluso en Angola, pero afirmó que esa alternativa fue rechazada. Después de la reunión, Martínez mantuvo informado a Ochoa mediante llamadas telefónicas y encuentros personales, según las declaraciones recogidas durante el juicio.
Aquí aparece una contradicción fundamental. El País informó en junio de 1989 que Martínez declaró ante el tribunal que Escobar creyó que aquellos contactos tenían autorización del Gobierno cubano, pero el propio capitán negó estar actuando en nombre oficial del Estado.
Es precisamente ahí donde la historia se vuelve explosiva: si Escobar pensaba que estaba tratando con representantes autorizados de Cuba, ¿quién le hizo creer eso?
La documentación pública disponible no permite responderlo con certeza.
El viaje que puso a Ochoa contra las cuerdas
La fiscalía convirtió el viaje de Martínez en uno de los elementos más graves contra Arnaldo Ochoa. El País describió al capitán como el “emisario” de Ochoa ante Pablo Escobar, y el fiscal Juan Escalona utilizó precisamente aquella misión para argumentar el enorme riesgo político que suponía que un ayudante del general cubano apareciera relacionado con el principal narcotraficante colombiano.
La pregunta planteada por la acusación era demoledora: ¿qué habría ocurrido si Martínez hubiese sido detenido en Colombia y se descubriera que era ayudante de uno de los generales cubanos más importantes, entonces vinculado a la misión militar en Angola? Para la fiscalía, aquello podía comprometer internacionalmente al Estado cubano.
Pero también existe un matiz esencial que muchas veces desaparece al contar la historia. Julia Preston destacó que en el juicio no se presentó evidencia de que Ochoa hubiese realizado personalmente una operación de narcotráfico para Escobar. El expediente contra Ochoa y Martínez era distinto del caso de Tony de la Guardia y el Departamento MC, donde sí se discutieron cargamentos concretos.
Eso no elimina las responsabilidades que pudiera haber tenido Martínez, pero ayuda a entender por qué la Causa 1 sigue generando debate décadas después.
La misteriosa frase sobre “los niveles más altos”
Otro episodio del juicio alimentó aún más las sospechas. Según la reconstrucción de Preston, el capitán del MININT Miguel Ruiz Poo declaró entre lágrimas que Martínez le había dicho que Ochoa estaba relacionado con el negocio porque el asunto se habría discutido “en los niveles más altos”. Ochoa y Martínez fueron llamados nuevamente al tribunal y negaron que existiera una autorización superior.
No hay evidencia pública concluyente que demuestre que Fidel o Raúl Castro autorizaran aquella operación concreta. Pero el episodio muestra por qué Martínez podía ser una figura extremadamente incómoda: había hablado directamente con personas del Cartel de Medellín, estaba cerca de Ochoa y conocía las conversaciones que rodeaban aquel proyecto.
Su posición era la de un hombre que estaba entre varios mundos: las Fuerzas Armadas cubanas, Ochoa, Panamá, Colombia y el entorno de Pablo Escobar.
Una sentencia de muerte en cuestión de días
El 7 de julio de 1989, el Tribunal Militar Especial condenó a muerte a Ochoa, Tony de la Guardia, Amado Padrón y Jorge Martínez. La sentencia atribuyó a los cuatro delitos de alta traición y afectación grave al prestigio internacional de Cuba. Martínez había sido expulsado de las Fuerzas Armadas y despojado de sus condecoraciones antes de recibir la pena máxima.
El caso continúa siendo cuestionado por su rapidez y por el contexto político en que se desarrolló. La parte relacionada con el narcotráfico no explicaba por sí sola toda la severidad del castigo, y la acusación de traición permitió justificar jurídicamente la pena capital. Investigaciones posteriores han seguido señalando esa transformación de un expediente de drogas en un proceso por seguridad del Estado como uno de los puntos más polémicos de la Causa 1.
Seis días después de la sentencia, el 13 de julio de 1989, Martínez fue llevado junto a Ochoa, Tony de la Guardia y Amado Padrón a un terreno cercano a la base aérea de Baracoa, al oeste de La Habana, donde los cuatro fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento.
El capitán cuya historia quedó escondida detrás de Ochoa
Después de su muerte, Jorge Martínez prácticamente desapareció de la memoria pública. Su nombre suele aparecer apenas como acompañamiento al de Ochoa, pese a que su participación fue una de las piezas fundamentales del expediente. Incluso su biografía personal es extraordinariamente difícil de reconstruir con fuentes públicas sólidas: conocemos mucho más sobre su viaje a Medellín y su encuentro con Escobar que sobre su infancia, familia o vida antes de convertirse en ayudante de Ochoa.
Una investigación publicada por CubaNet en 2025 sobre los enterramientos de los fusilados señaló que Martínez habría sido sepultado inicialmente en Campo Común del Cementerio de Colón, en la zona S.E. 424.
Es un final especialmente simbólico para alguien que llegó a estar tan cerca de algunos de los acontecimientos más delicados de aquella época: reunió información, viajó utilizando estructuras clandestinas, se sentó frente al hombre más temido del narcotráfico colombiano y terminó ejecutado antes de cumplir un mes como acusado público.
Jorge Martínez Valdés quedó en la historia como el ayudante de Ochoa. Pero quizás esa descripción se queda corta. Fue el hombre que atravesó la puerta que conectaba al círculo de Ochoa con Pablo Escobar y regresó para contar lo ocurrido.
La pregunta que permanece no es únicamente qué hizo.
La pregunta es cuánto sabía cuando lo llevaron frente al pelotón.
SIGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES






