LA VERDAD QUE EL RELATO OFICIAL DEL RÉGIMEN OCULTÓ: EL SECRETO MÁS OSCURO SOBRE ABEL SANTAMARÍA
Durante décadas, generaciones de cubanos escucharon una de las historias más estremecedoras asociadas al asalto al Cuartel Moncada: Abel Santamaría habría sido brutalmente torturado después de su captura, le habrían arrancado los ojos y los represores habrían utilizado aquel horror para intentar quebrar a su hermana Haydée. La muerte de Abel está documentada. Las ejecuciones de prisioneros después del ataque también. Pero algunos de los detalles que posteriormente se convirtieron en parte casi sagrada del relato revolucionario son mucho más discutidos de lo que durante años se explicó en Cuba.
El punto importante no consiste en blanquear la represión de la dictadura de Fulgencio Batista. Investigaciones históricas coinciden en que, después del fracaso del ataque del 26 de julio de 1953, numerosos rebeldes capturados fueron asesinados y Abel Santamaría estuvo entre los prisioneros que murieron bajo custodia. PBS resume el episodio señalando que varios detenidos fueron torturados y asesinados tras el fracaso de la operación.
EL MISTERIO DE LOS OJOS DE ABEL SANTAMARÍA
La versión difundida durante décadas por las instituciones cubanas sostiene que Abel fue torturado y que sus ojos fueron mostrados a Haydée para obligarla a hablar. Granma mantiene esa interpretación y describe a Santamaría como capturado, torturado y asesinado después de la toma del Hospital Civil Saturnino Lora.
Sin embargo, ese detalle concreto ha sido cuestionado por investigadores fuera de la historiografía oficial. El historiador Antonio Rafael de la Cova, autor de The Moncada Attack: Birth of the Cuban Revolution, investigó durante décadas el episodio entrevistando a participantes de diferentes bandos y cuestionó específicamente varias historias de tortura que terminaron convertidas en parte de la narrativa del Moncada.
Un estudio académico sobre la construcción de la memoria pública del Moncada señala además una contradicción significativa: mientras determinadas narraciones posteriores describen que Haydée recibió los ojos de su hermano, esa escena no aparece de la misma manera en el propio relato de Santamaría sobre aquellos acontecimientos, y el periodista Herbert Matthews también expresó dudas sobre ella.
Esto no demuestra que Abel no sufriera torturas. Tampoco permite afirmar que Fidel Castro inventara personalmente toda la historia. Lo que sí demuestra es que existe una diferencia entre hechos ampliamente documentados —captura, violencia contra los prisioneros, ejecuciones y muerte de Abel— y determinados detalles dramáticos cuya certeza histórica continúa siendo debatida.
DE UNA DERROTA MILITAR A UN SÍMBOLO POLÍTICO
El ataque al Moncada terminó militarmente en desastre para los hombres dirigidos por Fidel Castro. Abel había recibido la misión de ocupar el Hospital Saturnino Lora, mientras Castro encabezaba el grupo principal contra el cuartel. La propia prensa oficial cubana conserva la frase atribuida a Fidel en la que explicaba a Abel que debía permanecer allí porque era “el alma” del movimiento y podría sustituirlo en caso de que él muriera.
No existe documentación conocida que pruebe que Castro enviara deliberadamente a Abel a una posición con la intención de eliminarlo como posible rival. Presentarlo así como un hecho sería especulación.
Lo comprobable es otra cosa: después de sobrevivir al Moncada, Fidel consiguió convertir aquella derrota en un poderoso instrumento político. Durante su defensa judicial, posteriormente conocida como “La historia me absolverá”, presentó a Abel como uno de los grandes mártires de la causa y denunció los crímenes cometidos contra los atacantes capturados. El proceso contribuyó a transformar una derrota militar en una victoria propagandística y política para el movimiento revolucionario.
HAYDÉE SANTAMARÍA Y UNA HERIDA QUE NUNCA DESAPARECIÓ
Haydée sobrevivió al Moncada, participó posteriormente en el Movimiento 26 de Julio y después de 1959 se convirtió en una figura fundamental de la cultura oficial cubana al frente de Casa de las Américas.
Pero la muerte de Abel y de Boris Luis Santa Coloma la acompañó durante el resto de su vida. En una carta escrita después de la muerte del Che Guevara dejó una estremecedora referencia al peso de aquellas pérdidas y confesó que, pese a amar la vida, en ocasiones deseaba cerrar los ojos para siempre.
El 28 de julio de 1980, dos días después del aniversario 27 del Moncada, Haydée Santamaría murió por suicidio en La Habana. Incluso fuentes oficiales cubanas reconocen esa fecha y el peso persistente que los acontecimientos de 1953 tuvieron sobre ella.
Relacionar su muerte directamente con una supuesta decepción política con Fidel Castro o con los acontecimientos del Mariel requiere mucha más cautela. Existen interpretaciones y testimonios en esa dirección, pero no documentación pública suficiente para establecer esa causalidad como un hecho probado.
La historia que queda, sin necesidad de exageraciones, ya es suficientemente dura: Abel Santamaría fue capturado y murió después de una operación militar fallida; su figura se convirtió posteriormente en uno de los principales símbolos fundacionales de la Revolución. Lo que sigue abierto al debate es cuánto de la historia que los cubanos aprendieron durante décadas pertenece a los hechos comprobables y cuánto fue moldeado por la construcción política del mito.
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