DENUNCIA EN CUBA APUNTA A POSIBLE DESVÍO DE DIÉSEL IMPORTADO POR MIPYMES HACIA VEHÍCULOS ESTATALES
Una denuncia difundida en Facebook por el cubano Radimir Galán Rodríguez sostiene que parte del diésel que entra actualmente a Cuba a través del sector privado estaría terminando en vehículos de empresas estatales e incluso posiblemente en transporte militar. La acusación es seria porque, bajo las autorizaciones estadounidenses vigentes, ese combustible debe beneficiar al sector privado y no puede ser transferido al Gobierno cubano ni a entidades militares.
Sin embargo, CubaBajoLupa no ha podido verificar de manera independiente que el combustible observado por Galán proceda de Estados Unidos ni que haya sido desviado efectivamente hacia entidades estatales o militares. El color del diésel, por sí solo, tampoco permite determinar de forma fiable su país de origen o la cadena comercial por la que llegó a Cuba.
La denuncia aparece, no obstante, en un momento particularmente sensible: Reuters reveló este mismo 11 de agosto que el nuevo sistema de importaciones privadas ha generado un creciente mercado de reventa y que existen dudas sobre la capacidad de controlar qué ocurre con el combustible una vez dentro de la isla.
QUÉ DENUNCIA RADIMIR GALÁN
Galán aseguró en Facebook haber observado combustible diésel con características similares al que, según él, está entrando a Cuba mediante empresas privadas.
A partir de esa observación, sostiene que vehículos de empresas estatales utilizan el mismo producto y plantea incluso la posibilidad de que ocurra algo similar con medios militares.
“Entonces queda bien claro que las mipymes ‘autorizadas’ a importar combustible son más estatales que la empresa CUPET”, escribió.
El autor también relacionó el supuesto uso de ese diésel con el movimiento de camiones estatales y militares destinados a la recogida de basura en vísperas de las celebraciones por el centenario del nacimiento de Fidel Castro.
Esa parte del relato constituye igualmente una alegación del denunciante. CubaBajoLupa no encontró documentación pública que permita establecer que el combustible utilizado en esos vehículos proceda de importaciones estadounidenses destinadas a mipymes.
ESTADOS UNIDOS SÍ AUTORIZÓ DIÉSEL PARA EL SECTOR PRIVADO CUBANO
El trasfondo de la denuncia sí está plenamente documentado.
Desde febrero de 2026, Estados Unidos permite exportar gas, diésel y otros derivados del petróleo a determinadas empresas privadas cubanas mediante autorizaciones diseñadas para apoyar la actividad económica independiente. El Departamento del Tesoro especifica que las operaciones no pueden involucrar ni beneficiar directa o indirectamente a instituciones gubernamentales, militares o de inteligencia cubanas.
Marco Rubio fue incluso más explícito al anunciar la política: si Washington detecta que empresas privadas están desviando combustible hacia el Gobierno o compañías militares, las autorizaciones podrían ser canceladas. Reuters recogió esas declaraciones en marzo.
La mayor parte del combustible importado bajo ese mecanismo ha sido precisamente diésel. En marzo, Reuters informó que aproximadamente el 99% de los tanques enviados contenían ese producto y que la mayoría procedía de Estados Unidos.
900.000 BARRILES Y UN MERCADO DIFÍCIL DE CONTROLAR
La escala del comercio ha aumentado rápidamente.
Reuters informó este 11 de agosto que compañías estadounidenses enviaron aproximadamente 900.000 barriles de combustible a negocios privados cubanos entre febrero y mayo, una cantidad equivalente a alrededor de nueve días de las necesidades energéticas de Cuba.
La agencia documentó además ventas de gasolina y diésel en mercados informales, anuncios en redes sociales y operaciones de reventa que escapan al diseño inicial de las autorizaciones.
Hay un detalle especialmente relevante para evaluar denuncias como la de Galán: el combustible privado necesita utilizar infraestructura estatal para entrar y almacenarse en Cuba.
Reuters comprobó que cargamentos estadounidenses pasan por puertos y depósitos pertenecientes al Estado cubano, algunos controlados por entidades sancionadas, mediante contratos de servicio con empresas privadas. También encontró estaciones estatales que almacenan combustible estadounidense destinado exclusivamente a vehículos privados previamente registrados.
Ese contacto físico con infraestructura estatal no demuestra que exista desvío.
Pero sí vuelve mucho más complejo verificar dónde termina cada litro.
El experto energético Jorge Piñón señaló a Reuters que el sistema puede lucir bien sobre el papel, pero cuestionó la ausencia de mecanismos sólidos de seguimiento una vez que el producto comienza a circular dentro de Cuba. La agencia, por su parte, afirmó expresamente que no encontró evidencia de que combustible estadounidense hubiera terminado en manos de funcionarios o entidades estatales sancionadas.
EL COLOR DEL DIÉSEL NO PRUEBA SU PROCEDENCIA
Este punto resulta esencial.
La observación visual de un combustible puede despertar sospechas, pero no permite identificar con certeza si procede de Estados Unidos, Rusia, México, Panamá u otro origen.
El color del diésel puede variar por procesos de refinación, aditivos, almacenamiento, contaminación, mezclas o marcadores utilizados en distintos mercados.
Para demostrar un desvío como el denunciado sería necesario contar con información adicional: documentos de importación, números de lote, registros de almacenamiento, facturas, trazabilidad de los cargamentos o pruebas directas que vinculen un suministro privado concreto con una entidad estatal o militar.
La denuncia plantea, por tanto, una pregunta legítima que actualmente no tiene una respuesta demostrada.
TAMPOCO TODO EL COMBUSTIBLE ACTUAL PROCEDE DE ESTADOS UNIDOS
Otra precisión necesaria afecta a la referencia de Galán al último envío ruso.
Rusia sí realizó una importante entrega de crudo a Cuba este año. El buque Anatoly Kolodkin descargó a finales de marzo unos 700.000 barriles de crudo ruso en Matanzas, aproximadamente cuatro meses antes de esta denuncia, no seis meses. Parte de ese petróleo estaba previsto que fuera refinado para producir diésel, gasolina y fuel oil.
Además, Reuters ha informado de pequeñas exportaciones recientes hacia el sector privado cubano procedentes también de países como México y Panamá.
Por eso, observar diésel en un vehículo estatal no permite determinar automáticamente que se trate del combustible autorizado por Washington.
UNA PREGUNTA QUE WASHINGTON TAMBIÉN TENDRÁ QUE VIGILAR
La denuncia de Radimir Galán no constituye prueba de que las mipymes estén entregando combustible estadounidense a empresas estatales o militares.
Pero aparece exactamente en el punto débil que la propia política estadounidense reconoce: la trazabilidad una vez que el producto llega a Cuba.
Washington creó la excepción energética para que negocios privados pudieran continuar operando sin proporcionar combustible al aparato estatal. La realidad cubana, sin embargo, obliga a esos importadores a utilizar puertos, depósitos y parte de una infraestructura dominada por el Estado.
Si aparecieran pruebas de que el combustible autorizado para privados está terminando sistemáticamente en vehículos gubernamentales o militares, el problema dejaría de ser únicamente cubano: constituiría también una cuestión de cumplimiento de las condiciones impuestas por Estados Unidos.
Por ahora, esa prueba no ha aparecido. La sospecha está sobre la mesa. La demostración, todavía no.
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