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Cuba Bajo Lupa

SUFRIÓ UN DESTINO DE OLVIDO TRAS BRILLAR EN LA REVOLUCIÓN: EL SECRETO DE PASTORITA NÚÑEZ Y LAS CASAS QUE TODAVÍA LLEVAN SU NOMBRE

Pastorita Núñez González fue una de las figuras más singulares de los primeros años de la Revolución cubana. Combatiente clandestina, integrante del Ejército Rebelde y posteriormente responsable del Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas (INAV), su nombre quedó ligado a una experiencia de vivienda social que todavía hoy muchos cubanos recuerdan simplemente como “las casas de Pastorita”.

Su historia, sin embargo, contiene un contraste difícil de ignorar: mientras las viviendas impulsadas bajo su dirección conservaron durante décadas una reputación de calidad, su propia presencia pública fue reduciéndose progresivamente. Las afirmaciones más extremas según las cuales Fidel Castro la apartó porque temía su popularidad o porque “brillaba demasiado” circulan desde hace años, pero no existe documentación pública suficiente para presentarlas como un hecho probado.

La mujer a la que confiaron millones

Pastora Núñez nació en Marianao en 1921. Militó contra la dictadura de Fulgencio Batista, fundó el Frente Cívico de Mujeres Martianas y alcanzó el grado de primer teniente del Ejército Rebelde. Durante la guerra recibió una tarea especialmente sensible: recaudar fondos para la insurgencia. El propio relato oficial cubano destacó posteriormente su “valentía, eficiencia y honestidad” en el manejo de importantes sumas de dinero.

Tras 1959 fue colocada al frente del INAV, creado para impulsar una política de vivienda social financiada, entre otras vías, mediante la transformación de la antigua lotería en un mecanismo de ahorro. Investigaciones académicas sobre arquitectura cubana califican la producción del instituto entre 1959 y 1962 como una experiencia particularmente importante por su escala, diversidad y calidad constructiva.

El resultado dejó una huella que sobrevivió incluso a las instituciones. En distintas ciudades, los conjuntos habitacionales comenzaron a ser conocidos popularmente como Repartos Pastorita, una denominación que permaneció en el lenguaje cotidiano aun cuando algunos nombres oficiales cambiaron.

Las “casas de Pastorita” y un modelo que no se repitió igual

El estudio académico Las casas de Pastorita en La Habana sostiene que el trabajo del INAV constituyó uno de los momentos más relevantes de la vivienda social cubana y señala que su calidad de diseño y ejecución no fue superada con facilidad por los programas posteriores. Los proyectos combinaban edificios multifamiliares, viviendas independientes, áreas verdes y soluciones urbanísticas diferentes, en lugar de limitarse a un único modelo repetido.

Ese punto resulta especialmente significativo al mirar la evolución posterior de la vivienda en Cuba. El prestigio popular de aquellas construcciones no depende únicamente de la nostalgia: existe investigación arquitectónica que documenta su valor urbano y constructivo.

Por eso, presentar a Pastorita únicamente como guerrillera deja incompleta una parte importante de su trayectoria. Su mayor legado tangible posiblemente no esté en la Sierra Maestra, sino en los edificios y repartos que todavía llevan informalmente su nombre.

De una posición central a responsabilidades cada vez menos visibles

Después de su etapa al frente del INAV, Pastorita ocupó otras responsabilidades y finalmente se jubiló en 1975. Las fuentes oficiales reconocen esa sucesión de cargos, aunque ofrecen menos detalles sobre las razones políticas y administrativas que llevaron al fin de su protagonismo en la construcción de viviendas.

Aquí aparece uno de los puntos más discutidos de su biografía. Distintas publicaciones del exilio han interpretado su pérdida de influencia como una marginación política deliberada. CubaNet, por ejemplo, ha recogido versiones contradictorias sobre las causas de su desaparición del primer plano público. Sin documentos que demuestren una orden directa de Fidel Castro para apartarla por celos políticos, esa explicación debe mantenerse como hipótesis y no como hecho establecido.

Tampoco puede sostenerse con rigor que Pastorita sufrió literalmente “el mismo destino que Camilo Cienfuegos”. Camilo desapareció en 1959 y las circunstancias de su muerte continúan rodeadas de controversia; Pastorita, en cambio, permaneció en Cuba, ejerció otros cargos, recibió reconocimientos estatales y murió en 2010. La comparación puede funcionar como metáfora de pérdida de protagonismo, pero no como equivalencia histórica.

Sus últimos años en Santovenia

Pastorita pasó sus últimos años en el Hogar de Ancianos Santovenia, una institución católica de La Habana. Allí continuó activa: distintas fuentes coinciden en que impulsó un organopónico y participó en la organización de un aula para adultos mayores.

La imagen resulta poderosa por sí sola y no necesita exageraciones: una mujer que había dirigido uno de los grandes programas habitacionales de los primeros años revolucionarios terminó viviendo en una residencia administrada por religiosas. Eso no demuestra por sí mismo que el Estado la abandonara deliberadamente, pero sí constituye un contraste histórico que merece ser contado.

En 2000 recibió el título de Heroína Nacional del Trabajo y en 2001 fue reconocida con un Cuadro de Honor relacionado con su labor en vivienda y hábitat.

Pastorita Núñez falleció en La Habana el 26 de diciembre de 2010, a los 89 años, a consecuencia de una hemorragia cerebral. Incluso la prensa oficial cubana recordó entonces su papel al frente del INAV y los barrios que el pueblo había bautizado con su nombre.

Su historia deja una paradoja difícil de borrar: pueden discutirse las causas de su posterior alejamiento del centro del poder, pero resulta mucho más difícil discutir el legado material que dejó. Décadas después, el nombre de Pastorita sigue viviendo donde los discursos oficiales tienen menos control: en la manera en que los cubanos llaman a sus propios barrios.

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