PARECE UN PARAÍSO, PERO SUS VECINOS CUENTAN OTRA HISTORIA: LO QUE ESTÁ PASANDO EN CAYO GRANMA, A SOLO METROS DE SANTIAGO DE CUBA
Cayo Granma parece, visto desde lejos, uno de esos lugares privilegiados por la geografía cubana: una pequeña comunidad pesquera rodeada por las aguas de la bahía de Santiago de Cuba, con casas junto al mar y una tranquilidad que contrasta con el movimiento de la cercana ciudad. Sin embargo, los testimonios de varios residentes describen una realidad mucho más difícil: problemas con el agua, transporte limitado, viviendas dañadas y familias obligadas a resolver por sus propios medios necesidades básicas.
La comunidad tiene poco más de 800 habitantes y se encuentra dentro de la bahía santiaguera. Incluso la prensa oficial cubana reconoció, después del huracán Melissa, que Cayo Granma estuvo entre las localidades afectadas de Santiago de Cuba y que la recuperación requería atención de varias instituciones estatales.
CINCO MESES SIN AGUA: “HAY NIÑOS, ANCIANOS Y ENFERMOS”
Uno de los testimonios más preocupantes corresponde a residentes de Cayo Alto. Una vecina aseguró que en esa zona llegaron a permanecer cinco meses sin servicio de agua y que, posteriormente, volvieron a enfrentar interrupciones.
Según su relato, algunas familias han tenido que pedir agua a otros vecinos y transportarla manualmente. La mujer insistió en que el problema afecta a hogares con niños pequeños, embarazadas, personas enfermas y ancianos.
“Hay niños, hay ancianos, hay enfermos”, resumió.
El problema resulta particularmente sensible después del paso del huracán Melissa por el oriente cubano en 2025. Naciones Unidas señaló posteriormente que millones de personas en las provincias orientales, incluida Santiago de Cuba, necesitaban asistencia relacionada con vivienda, agua, saneamiento, salud y recuperación temprana.
EL FERRY, UNA CONEXIÓN QUE PUEDE DECIDIR EL DÍA
La condición insular de Cayo Granma hace que el transporte marítimo sea mucho más que una comodidad.
Los residentes dependen de embarcaciones para trasladarse hacia Santiago de Cuba por motivos laborales, escolares, médicos o simplemente para adquirir productos que no encuentran en la comunidad. Cuando el servicio se interrumpe, según los testimonios recogidos, actividades tan normales como asistir a una consulta o llevar un niño a la escuela pueden convertirse en un problema.
Esa vulnerabilidad del transporte en el oriente cubano se hizo todavía más evidente después de Melissa, cuando las autoridades tuvieron que iniciar un restablecimiento gradual de diferentes servicios de movilidad afectados por el ciclón.
CASAS QUE TODAVÍA CARGAN LAS HUELLAS DEL CICLÓN
Los daños en las viviendas constituyen otra preocupación.
Una residente aseguró que la casa de su madre seguía deteriorada después del último huracán y que algunas paredes habían tenido que repararse con los materiales disponibles, mientras continuaban esperando una solución definitiva para el techo.
Otro vecino, Marcelo, perdió completamente la visión en 2024 y vive solo. Su historia muestra además el peso que adquieren las redes comunitarias: miembros de una congregación religiosa y otros residentes lo ayudan con tareas básicas de la vida diaria.
Los testimonios contrastan con los informes oficiales sobre las labores de recuperación. El propio Gobierno cubano reconoció meses después del huracán que, aunque se avanzaba en restablecer electricidad, agua, telecomunicaciones y otros servicios en el oriente, todavía quedaba mucho trabajo pendiente.
SEIS MESES SIN COBRAR UN SALARIO
A los problemas de infraestructura se suma la economía doméstica.
Una trabajadora del restaurante El Paraíso aseguró que llevaba seis meses sin recibir salario. Según explicó, le habían comunicado que la falta de productos para comercializar impedía realizar los pagos.
Para obtener ingresos, afirma que compra mercancías por su cuenta y posteriormente las revende. Además debe ayudar a su madre y a una nieta que estudia en una escuela especial en Santiago de Cuba.
La misma mujer sostuvo que algunos días la menor no puede asistir a clases debido a las dificultades para conseguir o pagar el transporte.
Cayo Granma conserva, pese a todo, algo que aparece constantemente en los relatos de quienes lo recorren: una comunidad orgullosa de su entorno, hospitalaria y todavía muy vinculada al mar.
Ese es precisamente el contraste que convierte su historia en algo más que una postal turística. Cayo Granma está rodeado de agua, pero algunos vecinos aseguran pasar meses sin recibirla; está a pocos minutos de Santiago, pero trasladarse puede ser una odisea; y posee una belleza extraordinaria mientras algunas familias todavía intentan reconstruir el techo bajo el que viven.
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