EL DÍA QUE CAYÓ CARLOS ALDANA: CÓMO UNO DE LOS TRES HOMBRES MÁS PODEROSOS DE CUBA TERMINÓ EN EL OSTRACISMO
Carlos Aldana Escalante llegó a concentrar a comienzos de los años 90 algunas de las áreas más sensibles del Partido Comunista de Cuba: ideología, relaciones internacionales, educación y cultura. Fue miembro del Buró Político, participó en negociaciones internacionales de primer nivel y llegó a ser descrito fuera de Cuba como una de las figuras más poderosas después de Fidel y Raúl Castro. Pero en septiembre de 1992 su carrera se derrumbó abruptamente.
La caída no terminó en una condena penal ni en prisión. Aldana fue separado de sus responsabilidades, posteriormente expulsado de los máximos órganos del PCC y desapareció prácticamente de la vida política pública. El episodio sigue siendo relevante porque permite observar cómo el sistema cubano ha manejado históricamente a dirigentes que acumulan poder y posteriormente pierden la confianza de la cúpula.
De las FAR al control ideológico
Aldana nació en Camagüey en 1942 y desarrolló parte de su carrera inicial dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. El material consultado lo sitúa en los años 70 como jefe del Departamento de Propaganda de la Dirección Política de las FAR, una posición vinculada directamente a la formación ideológica dentro de la institución militar.
Su ascenso político fue considerable. En 1986 ingresó al Secretariado del Comité Central y en 1991 pasó al Buró Político, además de concentrar responsabilidades relacionadas con ideología, cultura, educación y política internacional.
Algunos medios extranjeros llegaron a llamarlo el “número tres” del Gobierno cubano, pero esa denominación nunca correspondió a un cargo institucional formal. El País lo describía en 1992 como uno de los principales dirigentes del régimen y señalaba que en círculos diplomáticos occidentales era visto incluso como un posible reformista.
El negociador cubano en el conflicto de Angola
La trayectoria de Aldana no se limitó al control ideológico interno.
En 1988 encabezó la delegación cubana en una etapa decisiva de las negociaciones que vinculaban la retirada de las tropas cubanas de Angola con la aplicación de la Resolución 435 de Naciones Unidas y el proceso hacia la independencia de Namibia.
Reuters informó en noviembre de aquel año que Aldana participó directamente en las conversaciones con Angola y Sudáfrica que allanaron el camino hacia los acuerdos posteriores. El propio dirigente cubano declaró entonces que Cuba estaba preparada para retirar sus tropas.
Ese papel internacional reforzó su perfil político justo cuando el bloque soviético comenzaba a desintegrarse y Cuba se acercaba a una crisis económica sin precedentes.
De posible reformista a dirigente incómodo
La paradoja de Aldana estaba en la imagen contradictoria que proyectaba. Para algunos diplomáticos occidentales parecía pragmático y potencialmente favorable a cambios; dentro de Cuba seguía desempeñando un papel duro en el control ideológico.
El material aportado recoge que públicamente llegó a atacar a los partidarios de la perestroika soviética, incluso cuando persistían sospechas de que veía con interés algunas transformaciones impulsadas por Mijaíl Gorbachov.
Existe además una versión atribuida posteriormente a Raúl Castro según la cual Aldana habría querido convertirse en una especie de “Gorbachov de Cuba”. Esa afirmación procede de grabaciones y relatos posteriores y no demuestra que Aldana estuviera organizando realmente una transición política semejante.
Por eso resulta más preciso hablar de sospechas dentro de la cúpula que de un proyecto reformista probado.
Septiembre de 1992: la caída
El golpe llegó el 21 de septiembre de 1992.
Aldana fue destituido de sus responsabilidades en ideología, relaciones internacionales, educación y cultura. El Partido explicó posteriormente que existían “deficiencias” laborales y “graves errores personales” relacionados con sus vínculos con Eberto López Morales, gerente de Audiovisuales Caribbean.
El 26 de octubre de ese año el Comité Central completó su caída: fue expulsado del Buró Político, del Comité Central y de la propia militancia comunista.
Esto es importante porque permite separar dos cuestiones que con frecuencia aparecen mezcladas. La existencia de una investigación sobre irregularidades y la expulsión de Aldana están documentadas. Lo que no está demostrado públicamente es que esas irregularidades fueran simplemente una excusa para eliminarlo por supuestas aspiraciones reformistas.
Después de su destitución fue apartado de los centros reales de decisión. El material consultado señala que terminó destinado al sector turístico en Topes de Collantes y desapareció durante décadas de la escena política nacional.
Murió fuera del poder que alguna vez controló
Carlos Aldana falleció en La Habana el 27 de noviembre de 2024, a los 82 años. OnCuba reportó que murió como consecuencia de una neumonía y complicaciones asociadas al Parkinson, después de haber estado hospitalizado tras una caída.
Su final contrastó con el enorme poder que había acumulado tres décadas antes.
Aldana no terminó como disidente ni rompió públicamente con el sistema. Simplemente dejó de formar parte de la dirección que alguna vez lo colocó entre sus hombres de mayor confianza.
Esa es probablemente la parte más reveladora de su historia: en la política cubana, perder el cargo puede ser apenas el principio. Después puede llegar algo mucho más duradero: perder también el espacio dentro del relato oficial.
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