¡ACEITE DE COCINA POR 4000 PESOS EN CUBA! EL NUEVO LUCHADOR QUE ROMPE LOS BOLSILLOS A LA POBLACIÓN: «FREÍREMOS CON AGUA»
El escritor holguinero José Poveda Cruz convirtió una botella de aceite en el retrato de una crisis mucho mayor: la pérdida acelerada del poder adquisitivo en Cuba. En un texto publicado en Facebook, describió el producto como el “auténtico campeón olímpico de los precios” y cuestionó que algo esencial para cocinar pueda absorber prácticamente todo un salario mínimo.
La denuncia no parte únicamente de una comparación literaria. Durante julio, el litro de aceite vegetal llegó a venderse alrededor de los 4.000 pesos cubanos en varias ofertas del mercado no estatal. En Sancti Spíritus, un periodista local reportó que el precio pasó de 3.000 a 4.000 pesos en apenas 24 horas, un incremento del 50%.
EL ACEITE COMO TERMÓMETRO DE LA INFLACIÓN EN CUBA
En su publicación, Poveda Cruz compara la inflación con una fiebre que termina incorporándose a la vida cotidiana. Para el escritor, el aceite funciona como uno de los indicadores más claros porque interviene en preparaciones básicas como el arroz, los frijoles o un huevo frito.
“En la calle, lejos de la vilipendiada tarjeta magnética y de cualquier intento de regulación, una botella ya ronda los tres mil pesos”, escribió. El autor añadió que esa cantidad representa casi seis dólares según la referencia cambiaria que utilizó.
La comparación cambia ligeramente según la cotización del mercado informal. A finales de julio, el dólar se situaba alrededor de los 673 CUP, por lo que una botella de 3.000 pesos equivalía aproximadamente a 4,46 dólares. La cifra sigue siendo extraordinariamente elevada frente a los ingresos estatales de numerosos trabajadores.
EL GOBIERNO ELIMINÓ EL PRECIO MÁXIMO
La escalada coincide con una modificación importante de la política oficial. La Resolución 150 de 2026 del Ministerio de Finanzas y Precios derogó la Resolución 225 de 2024 y dejó sin efecto los precios máximos minoristas establecidos para varios alimentos importados, entre ellos los aceites comestibles. El límite anterior para el litro de aceite, excepto el de oliva, era de 990 pesos.
La resolución también mantuvo exenciones arancelarias para determinadas importaciones. Sin embargo, eliminar un tope no garantiza por sí solo mayor disponibilidad ni precios accesibles. En un mercado marcado por escasez, falta de divisas, costos logísticos y una oferta irregular, la liberación puede trasladar rápidamente esas presiones al consumidor.
No puede afirmarse que la resolución sea la única causa del aumento. El encarecimiento también puede estar relacionado con las dificultades de importación, la depreciación del peso y la falta de distribución estatal. El propio ministro de la Industria Alimentaria reconoció en junio que durante 2026 no se había distribuido aceite mediante los suministros estatales previstos para la población.
Poveda Cruz introduce además una acusación que presenta como reflexión personal: la posibilidad de que algunos vendedores retengan mercancías para aprovechar precios más altos. Hasta ahora no se ha presentado evidencia pública que permita determinar cuánto influye esa práctica en el mercado del aceite.
UN POMO PUEDE COSTAR CASI TODO EL SALARIO MÍNIMO
El contraste más duro aparece al comparar el precio con la nueva escala salarial. En el sector presupuestado, el grupo más bajo pasó de 2.100 a 3.210 pesos mensuales mediante la Resolución 15 de 2026. Por tanto, comprar un litro de aceite a 4.000 pesos consumiría más del 100% de ese ingreso base.
La relación explica la frase de Poveda Cruz sobre aumentos salariales que pueden ser devorados antes de llegar al bolsillo. No se trata de que todos los cubanos reciban exactamente 3.210 pesos, sino de que incluso una mejora salarial pierde impacto cuando los bienes esenciales suben a una velocidad mayor.
Un análisis del economista Javier Pérez Capdevila estimó en 96.060 pesos mensuales el costo de cubrir necesidades básicas individuales, incluidos más de 70.000 pesos destinados a alimentos. La cifra es una estimación independiente, no un indicador oficial, pero ayuda a dimensionar la brecha entre salarios y gastos cotidianos.
A la vez, la Oficina Nacional de Estadística e Información situó la inflación interanual oficial de junio en 18,27%, con una variación mensual del 2,82%. Ese índice mide principalmente el mercado formal y no refleja necesariamente toda la velocidad de los precios informales.
La publicación de Poveda Cruz importa porque traslada las estadísticas a una escena doméstica reconocible: hacer cuentas para decidir si una familia puede comprar aceite o destinar ese dinero a otras necesidades. Su conclusión es mordaz, pero difícil de ignorar: cuando un producto básico alcanza el valor de casi un salario, la inflación deja de ser un concepto económico y se convierte en una limitación diaria para comer.
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